Radiografía de la crisis: la mitad del país se autopercibe de clase baja y 9 de cada 10 argentinos asegura que su salario no le gana a la inflación
El malestar económico en la Argentina ya no es solo una percepción difusa o un debate de especialistas; se ha transformado en un dato estructural que golpea directamente el bolsillo diario. Así lo demuestra el último Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora correspondiente a junio, un relevamiento de 1.297 casos válidos con cobertura nacional realizado entre el 15 y el 22 de este mes. Los resultados exponen una sociedad que se ubica mayoritariamente en la base de la pirámide social y que sobrevive con el calendario en contra.
El dato más impactante del informe pasa por la autopercepción de clase: el 50,2% de los encuestados se define como clase baja, frente a un castigado 39,3% que todavía se reconoce de clase media y apenas un 10,5% que se ubica en la clase alta. Lejos de ser una etiqueta subjetiva, esta fotografía se confirma número por número cuando se la cruza con la experiencia concreta de los ingresos.
El salario no llega a fin de mes (ni al día 20)
El primer punto de contacto entre la percepción y la realidad material es el poder adquisitivo. El 86,1% de los argentinos asegura que su salario no le está ganando a la inflación. Este indicador se mantiene estable en una franja críticamente alta desde marzo (rozando el récord de 86,6% de abril), lo que demuestra que la desaceleración de la inflación general que muestra la macroeconomía todavía no alcanza para revertir la pérdida en la calle.
Grieta en el bolsillo: El ajuste se siente de los dos lados de la fuerza política. El 96,6% de los votantes opositores afirma perder contra la inflación, pero la sorpresa es que entre los propios votantes oficialistas el 70,2% reconoce que su salario no rinde. La diferencia es interpretativa: para unos es el costo de una transición necesaria; para otros, la prueba de un fracaso.
Esta pérdida de poder de compra tiene una fecha límite muy concreta en el calendario: el 61% de los encuestados llega con sus ingresos, como máximo, hasta el día 20 del mes. Solo un 13% logra cubrir todo el mes y ahorrar.
Al desglosarlo por clase social, el indicador se vuelve implacable:
- Clase Baja: El 86,1% se queda sin ingresos antes del día 20.
- Clase Media: El 43% agota sus recursos a mitad de mes.
- Clase Alta: Solo el 11,8% padece esta situación.
Para la mitad de la Argentina, quedarse sin dinero diez días antes de cobrar ya no es la excepción, sino la norma mecánica con la que convive mes a mes.
Encuesta Zentrix – Junio 2026 by La Voz de Rosario
Desconfianza en el INDEC y pesimismo sobre el futuro
El escepticismo social también se traslada a las estadísticas oficiales. El 68,8% de la población considera que el índice de inflación del INDEC no refleja la variación de precios de su vida cotidiana. En los sectores de clase baja, que viven al límite del día 20, la desconfianza trepa al 84%.
Con este panorama, las expectativas de cara al futuro cercano siguen teñidas de negro: el 55,1% cree que “lo peor está por venir”, frente a un 24% que piensa que lo peor ya pasó. Aquí la división política es total: mientras el 55,4% de los votantes de Milei en 2025 mantiene el optimismo, entre los opositores el pesimismo es casi absoluto (solo el 3,4% cree que lo peor ya quedó atrás).
La corrupción lidera las preocupaciones espontáneas
A pesar del ahogo económico, cuando se pregunta de forma abierta (en una sola palabra) por el principal problema del país, “corrupción” vuelve a liderar la agenda con el 51,3%, seguida muy de cerca por los ingresos/salarios (48,2%) y la incertidumbre económica (37,1%). En la nube de palabras espontáneas, el apellido “Milei” aparece en segundo lugar, por encima de la palabra “economía”. Esto sugiere que la sociedad canaliza el sufrimiento material hacia una explicación político-moral.
Paradoja política: se frena la caída de Milei y la oposición no capitaliza
Frente a este durísimo cuadro microeconómico, el plano político arroja una marcada paradoja. La desaprobación de la gestión de Javier Milei, que venía en ascenso sostenido desde marzo hasta el pico de 61,2% en mayo, retrocedió en junio al 56,6%, cortando una racha negativa de cuatro meses. Por su parte, la aprobación varió levemente del 32,2% al 33,2%.
¿Cómo se explica que el malestar económico no se traduzca en una mayor caída del Gobierno? Los analistas sugieren que la sociedad ya “descontó” el ajuste como parte del paisaje: cuando el deterioro se estabiliza durante meses en un piso alto, deja de operar como una sorpresa negativa capaz de desgastar la imagen presidencial.
El factor Bregman y el vacío opositor
El desgaste, en realidad, afecta a toda la dirigencia tradicional. Tres de las principales figuras medidas arrastran balances netos negativos: Milei (-22,4 pp), Axel Kicillof (-13,8 pp) y Patricia Bullrich (-13,3 pp). La excepción del mes es Myriam Bregman, quien ostenta un balance positivo de +3,8 pp y la mejor imagen positiva del lote analizado (44,1%).
Bregman parece estar capitalizando a un electorado desencantado que no encuentra respuestas ni propuestas en un peronismo y un kirchnerismo absorbidos por sus feroces disputas internas. En la práctica, el Presidente enfrenta hoy a una oposición más preocupada por sus propios conflictos que por articular una alternativa sólida que le hable al bolsillo de los ciudadanos.
El horizonte del Oficialismo hacia 2027
Con los recientes cambios en el gabinete nacional —que incluyeron la salida de Manuel Adorni y el ingreso de perfiles más dialoguistas—, el escenario político empieza a despejarse para el oficialismo. Con una macroeconomía que el Gobierno considera estabilizada y la ausencia de figuras de peso propio en la vereda de enfrente (incluso en el centroderecha del PRO, que podría plantear una interna competitiva), la reelección en 2027 empieza a asomar como un escenario plausible.
La moneda sigue en el aire y la condición definitiva no cambia: para consolidar ese destino, el Gobierno nacional tiene la tarea pendiente de lograr que la mejora macroeconómica finalmente “derrame” en la micro, se traduzca en los ingresos y alivie el día a día de las familias argentinas.
