El pogo de la resiliencia: Skay conmovió a Rosario en una noche de homenaje implícito y mística eterna
El rock argentino vivió la que quizás sea su mes más triste, y Rosario se convirtió en el epicentro para la resiliencia ricotera, luego de la dolorosa suspensión obligada por el fallecimiento del Indio Solari, la expectativa y el entusiasmo por ver a Skay Beilinson se transformaron en una necesidad colectiva de abrazo y refugio para el alma. Había que sanar, y el arte era el único camino.
Durante un atardecer notablemente frío de este sábado 4 de julio, las esquinas de Cafferata y Córdoba —y cada bar de la zona de la Terminal— se poblaron con delegaciones y banderas llegadas de diversas partes del país. El “agite” tuvo una carga emocional distinta: se cantó con el corazón en la mano, para ir calentando el cuerpo y el espíritu antes de ingresar a La Segunda Seguros Arena.
La calma antes de la tormenta perfecta
No era una cita fácil tras la muerte del Indio, y frente al enorme desafío logístico y la sensibilidad del público, la organización del predio respondió de manera ágil e impecable. Adentro, la espera se hizo larga y estiró la ansiedad al límite, la multitud, impaciente y efervescente, acortaba la distancia cantando con una euforia que mezclaba nostalgia con puras ganas de rock.
Hasta que a las 22:00, la silueta del Flaco recortó el escenario y con su mítica estampa, sus anteojos oscuros y flanqueado por Los Fakires, Skay pisó las tablas para brindar un concierto demoledor durante el transcurso de dos horas.
El viaje solista y el llanto sagrado de los clásicos
El arranque con la potencia de “Paria”, “Soldadito de Plomo” y “Tal Vez Mañana” demostró que la banda está en su punto más alto de ajuste eléctrico. Skay repasó los hitos más emblemáticos de su sólida discografía solista como “Aves Migratorias” y “El fantasma del 5° piso”, su guitarra, esa que tiene un llanto y una firma única en el mundo, habló por él durante toda la noche.
Sin embargo, el quiebre emocional absoluto de la noche llegó con los himnos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, cuando sonaron los acordes de “Todo un palo” y la densidad de “Criminal Mambo”, las lágrimas coparon el campo de La Segunda Arena. Fue un homenaje implícito, un tributo al mito que ya es eterno.
A mitad del show, la locura total se desató con “Ji Ji Ji”, regalándole a Rosario el pogo más conmovedor de su historia reciente, no fue solo saltar; fue una catarsis colectiva, el viaje al pasado tuvo otro pico dorado con un popurrí implacable que unió “El Pibe de los Astilleros” con “Nuestro Amo Juega al Esclavo”.
El cierre de una noche sanadora
Para la recta final, la banda guardó la elegancia de “Oda a la sin Nombre” y se despidió con la belleza mística de “El Sueño del Jinete”. Luego del show, la desconcentración del recital fue el fiel reflejo de lo vivido: la gente se retiró visiblemente emocionada, con el alma llena y una sonrisa de gratitud. Como nos tiene acostumbrados, pero esta vez con un peso histórico ineludible, Skay demostró que mientras su guitarra siga sonando, la mística jamás va a morir. Rosario fue un privilegiado testigo del regreso del comandante de las almas.
El Setlist histórico para una noche especial en Rosario:
1.Paria / 2. Soldadito de Plomo / 3. Tal Vez Mañana / 4. Aves Migratorias / 5. Late / 6. Todo un palo / 7. Criminal Mambo / 8. En La Cueva de San Andrés / 9. Síndrome del Trapecista / 10. Killmer / 11. Corazón / 12. Chico bomba / 13. Presagios / 14. El fantasma del 5° piso / 15. JI JI JI / 16. El Golem de Paternal / 17. La máquina / 18. Flores Secas / 19. Popurrí (El Pibe de los Astilleros / Nuestro Amo Juega al Esclavo) / 20. Oda a la sin Nombre / 21. El Sueño del Jinete.
