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Las dos caras del Dios Jano: El doble juego de Pullaro y la necesidad de rescatar votos de una misma pecera 

Hay un refrán popular que encierra una de las neurosis más divertidas de la política santafesina actual: “Porque te quiero, te aporreo”. Sin embargo, en el intrincado laboratorio discursivo del gobernador Maximiliano Pullaro, la máxima parece haberse invertido de forma casi tragicómica para transformarse en un “te aporreo en las redes y te mimo en persona”. Vivimos en una época frágil en gestos valientes, donde cualquiera se envalentona detrás del micrófono amigo, de un tuit incendiario o de un perfil falso, pero la verdadera autoridad brilla por su ausencia cuando la distancia de seguridad de la pantalla digital desaparece al encontrarse a solas en un desnudo, cara a cara.

La postal más esperada del 20 de junio en el Monumento a la Bandera finalmente llegó, y con ella, el derrumbe de toda la épica confrontativa que la Casa Gris santafesina intenta inflar a diario. Hubo saludos, sonrisas cómplices, intercambio fluido de palabras y unos gestos de cordialidad indisimulables, entre ambos mandatarios que a más de uno le costó reconocer al mandatario provincial que, horas antes, despotricaba contra el centralismo porteño. La escena no pasó inadvertida para nadie: el gobernador, implacable guardián del federalismo ante los micrófonos, mutó instantáneamente en un anfitrión dócil, cuando le tocó estar mano a mano con el León libertario, el santafesino solo atinó a expresiones amables y desprovistas de cualquier atisbo de reclamo firme. La peligrosa ambigüedad de criticar en ausencia y condescender en presencia, quedó muy expuesta bajo el sol rosarino.

“Duro con las maestras… mansito con Milei. ¡¡¡Otra mentira… y van…!!!”, gatilló con precisión quirúrgica Martín Lucero, secretario general de Sadop, en su red social X tras el acto en el Monumento a la Bandera. Una síntesis cuasi perfecta que caló hondo en el espinel político local donde la ferocidad interna se transforma en un ronroneo complaciente ante la primera magistratura nacional.

Desde el atrio, Pullaro llevo adelante un discurso cargado de federalismo aunque sus gestos personales con el Presidente fueron muy amigables.

Pero el colmo de este cortejo cortesano se dio entre bambalinas, cuando la conversación derivó en una insólita tertulia literaria, Pullaro, buscando construir un puente de simpatía, le había hablado a Milei acerca del Brigadier Estanislao López. El dato histórico interesó de sobremanera al Presidente —un hombre poco afecto al revisionismo santafesino pero siempre curioso ante las figuras de acción— al punto tal que le pidió que le mandara algunos libros para profundizar en su figura. “Maxi se comprometió a mandárselos y Milei se los reclamó recién”, relató un testigo presencial. Menos reclamos por la obra pública y las cajas de jubilaciones, y más recomendaciones de biblioteca; la receta perfecta para evitar rispideces corporales.

¿A qué se debe ese cuidado tan meticuloso para evitar conflictos? Quizás la actitud del gobernador responda a una matemática electoral tan cruda como preocupante: depende demasiado de congraciarse con un electorado que comparte, en gran medida, con La Libertad Avanza. Pescar en la misma pecera tiene sus contras evidentes. ¿Cómo ganar o retener a un votante que oscila tanto entre el cambio drástico y la institucionalidad? Pullaro sabe perfectamente que cada voto perdido en aras del espacio libertario es un paso atrás en sus indisimulables intenciones de reelección en la provincia. El mandatario se encuentra recorriendo un laberinto demasiado intrincado, donde cada palabra hecha pública puede llegar a tener un costo político impagable.

Como el cálculo propio no alcanza y el gobernador sabe muy bien que por sí solo le será imposible reeditar el aplastante éxito electoral del 2023, la maquinaria de contención ya se activó cuando dirigentes de peso como Felipe Michlig, Gisela Scaglia y José Corral salieron hace rato a hacer un indiscreto lobby para la incorporación libertaria a la alianza provincial. Allí, en ese preciso ítem de supervivencia de la coalición “Unidos”, es donde empieza a justificarse la absoluta falta de reclamo corporal en primera persona hacia el presidente. Hay que cuidar la futura sociedad, aunque en el presente eso signifique, tragarse algún sapo.

Romina Diez mostró en la previa del Dia de La Bandera, músculo político y cercanía con la hermana de Javier Milei.

Pullaro, en un evidente “modo campaña” anticipado, diseñó para el 20 de junio una coreografía de manual: un mensaje federalista y distante en el atrio del discurso oficial para consumo interno de su tropa, pero una calidez y cordialidad – casi afectuosa – en su contacto personal. Una receta o estrategia destinada a ganar adhesiones en la pelea doméstica del año próximo. Sin embargo, este diseño de laboratorio quizás olvida la naturaleza del “espacio violeta”, una rareza de fuerza que, en su eterna rebeldía y poco respeto a la lógica política tradicional, perfectamente puede optar por erigirse en un fuerte adversario en el 2027. Romina Diez quiere dar esa batalla. No hay que olvidar que la legisladora nacional es la dirigente más cercana en el territorio a Karina Milei, la hermana encargada de cocinar a fuego lento de manera artesanal cada una de las pócimas electorales del espacio.

Si desde Balcarce 50 deciden jugar fuerte en Santa Fe, la posibilidad de supervivencia de Unidos se verá gravemente afectada, aún incluso si los libertarios pusieran candidatos de “baja intensidad” como se rumorea en los pasillos de la política santafesina, el votante actual, despojado de minucias ideológicas, no se fija en esos detalles de nombres propios y termina votando en definitiva casi siempre, a la “marca”. Pullaro está atrapado en medio de un complejo intríngulis existencial; un “ser o no ser” shakesperiano mientras su capital electoral, lentamente se sigue esmerilando mes a mes por el desgaste de la gestión.

Los datos que aportan algunas encuestadoras no oficiales, a las que pudo acceder esta web, marcan una lenta pero sostenida caída de la voluntad de voto hacia el oficialismo provincial, por esa razón se empiezan a encender las alarmas en los despachos santafesinos. Como repite siempre Jaime Durán Barba, “la gente vota por esperanza, no por lo que le diste, sino por lo que le vas a dar”, ahí está, sin dudas, el secreto mejor guardado de toda esta historia. Pullaro debe decidir urgentemente qué camino tomar entre la sumisión decorosa o la lucha genuina para intentar seducir a los santafesinos; porque, por ahora, la receta de la doble autopista de los gestos políticos, parece ser que no está dando, el resultado deseado…

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