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“Milei, se ve que la pastillita combinada con el mango loco ya no te hace efecto”: Marcela Pagano le corrió la alfombra al León

La diputada nacional no se amedrentó ante el choque frontal con la Casa Rosada. Con ironía afilada y sin pedir permiso, le recordó al Presidente su pasado televisivo y dejó expuesta la fragilidad del relato oficialista con dos preguntas incómodas.

En la Argentina del barro político virtual, donde el Poder Ejecutivo suele usar X (ex Twitter) como arena de combate y guillotina pública, pocos se animan a devolver el golpe con la misma potencia con la que se recibe, sin embargo, la diputada nacional Marcela Pagano demostró que no le tiembla el pulso a la hora de plantarse frente al poder de turno y romper la lógica del miedo.

El detonante fue un posteo del ministro de Economía, Luis Caputo, quien cruzó a la legisladora anunciando acciones legales por acusaciones sobre fondos públicos: “Los fondos son de pública trazabilidad, así que te va a estar llegando una querella por calumnias, por imputarme falsamente la comisión de un delito. Lo que tengas que pagarme, lo voy a donar a una institución de bien público”, había señalado en su red social el titular del Palacio de Hacienda.

Fiel a su estilo compulsivo de retuitear y amplificar el conflicto, el presidente Javier Milei escaló la agresión al compartir la publicación de Caputo acompañada de un exabrupto directo contra la diputada y el oficio periodístico: “desenmascarando a mentirosa serial, no sorprende la basura que es, ya que es periodista”, publicó el mandatario.

Lejos de recular o recurrir a tibios comunicados de prensa, Pagano recogió el guante y expuso la personalidad y templanza de quien conoce desde adentro los pasillos mediáticos y el ego del poder, su réplica, cargada de ironía y contundencia, no solo desarmó el agravio presidencial, sino que le devolvió el golpe directo al mentón económico y personal del Jefe de Estado: “Milei, se ve que la pastillita combinada con el mango loco ya no te hace efecto. No solo resultaste ser un chorro y mitómano, sino que además como economista sos un gran panelista frustrado (bien que venías a mis programas y te gustaba mi periodismo). Fundiste 300.000 pymes, interviniste al INDEC, hambreaste a la clase media y encima sos un esbirro barato de la casta. Ya ni tu hermana te puede contener, el poder te enfermó y develó quién realmente eras, tus delirios son un peligro para la Nación. Por suerte para la Argentina -que tanto desprecias-, la verdad está quedando revelada y eso marca tu desesperación y tus baños fríos matinales… A todo esto, no contestaste: ¿y el oro dónde está? ¿Y los 4 mil palos?”, expresó la legisladora.

La respuesta de Pagano resulta quirúrgica por donde se la mire, en primer lugar, desarma la retórica del “anticasta” recordándole al mandatario sus épocas de deambular por los estudios de televisión, cuando se nutría del aire que le daban los programas periodísticos que hoy denostas desde la cima del Estado.

En segundo lugar, la diputada expone la desmesura y el estado emocional de un gobierno al que la gestión cotidiana parece haberle licuado la paciencia, la mención a la contención familiar, a los “baños fríos matinales” y a las decisiones macroeconómicas que golpearon a las Pymes y a la clase media sitúan el debate en el terreno más incómodo para la narrativa libertaria.

Pero el verdadero jaque político de la jornada no estuvo en los adjetivos, sino en los interrogantes que quedaron flotando en el aire sin respuesta oficial: “¿Y el oro dónde está? ¿Y los 4 mil palos?”.

Mientras el Gobierno intenta cerrar filas a fuerza de bloqueos y descalificaciones en redes, Marcela Pagano dejó en claro nuevamente que la obediencia debida no forma parte de su temario legislativo, plantarse ante el poder sin bajar la mirada es una rareza en tiempos de alineamiento automático; hacerlo con ironía, memoria y preguntas sin contestar, una señal que la necesaria personalidad que siempre exige la política no viene solo de la experiencia ocupando un cargo, sino de los valores morales y de la valentía que cuenta la persona para luchar sin miedos, por lo que considera justo.

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