La política del filtro: cuando la sobreexposición en redes se vuelve “cringe”

Hay una fina línea entre celebrar el deporte y secuestrar el podio, en la Santa Fe de los Juegos Suramericanos ODESUR 2026, la gestión provincial parece haber decidido que los atletas son apenas extras con medallas en el gran show personal del Poder Ejecutivo. La escena roza casi lo anárquico, un despliegue frenético de dispositivos móviles, luces y encuadres estudiados donde el verdadero mérito deportivo queda sepultado bajo el apetito insaciable de figuración oficial. Fue un tuit de Augusto Saracco que sintetizó muy bien el sentir colectivo al publicar: “Bájense del escenario, aflojen con las selfies, quedan ridículos ya. Dejen solo a los protagonistas”.
Sin embargo, el consejo parece haber caído en saco roto, la sobreexposición del mandatario provincial, escoltado por la legisladora nacional Gisela Scaglia y por Federico Angelini en su incansable intento de forzar empatía con el electorado, resulta sencillamente abrumadora. La estrategia de sus asesores de exprimir el evento al máximo para armar cierto encanto alrededor de sus figuras —eso que en la jerga juvenil de las redes hoy llaman “farmear aura”— ha cruzado el límite del entusiasmo institucional para instalarse cómodamente en el terreno del “cringe”. Hay algo profundamente contradictorio en presenciar a dirigentes políticos tratando de cazar la simpatía digital a fuerza de sobreactuación, es que la saturación de la misma receta no solo empalaga, sino agota.
El problema de fondo es que parece ser que el entorno cercano al Ejecutivo ignora una regla elemental de la comunicación moderna: el aura política no se puede “farmear” a pedido. La presencia, la templanza y la autoridad moral son consecuencias involuntarias de la resolución efectiva de problemas, no de una añorada métrica en Instagram. Cuando un dirigente fuerza el lenguaje, adopta modismos adolescentes o actúa para el algoritmo de una publicación de TikTok, se desencadena lo que podríamos denominar el “efecto valle inquieto” de la política: la audiencia no percibe frescura, sino una impostura perturbadora y el resultado no es respeto ni simpatía, sino rechazo por artificiosidad, proyectando una mezcla de desesperación e inmadurez.
A esto se suma la ruptura sistemática del necesario principio de “escasez”, cuando un político está presente en todos los posteos y a todas horas buscando la viralidad diaria, devalúa su propia palabra, porque sus declaraciones dejan de ser noticia para convertirse en mero ruido de fondo. La sociedad percibe, con justa razón, que la función pública se ha degradado a un espectáculo de entretenimiento donde un contenido de quince segundos importa más que cualquier planificación de los actos del Estado, un liderazgo edificado sobre métricas exhibe una fragilidad alarmante porque ante cualquier crisis económica, social o de seguridad, la narrativa del “político cercano y viral” se desmorona al instante.
Bájense del escenario, aflojen con las selfies, quedan ridículos ya. Dejen solo a los protagonistas. #JuegosOdesur
— Augusto Saracco 🍷 (@AugustoSaracco) September 22, 2026
Esta escenografía se vuelve todavía más llamativa al observar la asombrosa maquinaria de trolls y bots que decoran cada publicación oficial y cada cobertura mediática de los actos de gobierno, frente a un apoyo tan sintético y prefabricado, la pregunta que surge de manera natural es: si la gestión fluye en parámetros normales, si existe una buena sintonía entre el gobierno y los habitantes y realmente se le está mejorando la vida a la gente, ¿es necesario recurrir a tanto respaldo falso para validar a un dirigente?
Mientras el espectáculo consume gigabytes, la geografía santafesina demuestra que la vida real no se resuelve con un algoritmo, más allá de la efervescencia de las sedes oficiales —Rosario, Santa Fe Capital y Rafaela—, el interrogante que retumba en el resto de la provincia es qué impacto real dejan estos juegos en los vecinos para quienes los likes no resuelven los problemas cotidianos.
En una sociedad tan hipermediatizada, las noticias se tapan con la velocidad de un scroll, de acá a un mes, los ODESUR serán un lindo y vago recuerdo, y las urgencias materiales volverán a ocupar las primeras líneas de la agenda provincial. La preocupación prioritaria por cómo llegar a fin de mes y los conflictos salariales de docentes, empleados estatales, trabajadores de la salud, del sector privado y jubilados volverán a estar en el podio de reclamos al poder de turno.
La estrategia del sobreestímulo digital funciona perfectamente para fidelizar al núcleo duro y fanatizado de un espacio político, en el electorado general, la brecha entre el show de las redes y la realidad cotidiana solo produce desconexión, un cansancio moral acumulado y una acelerada pérdida de credibilidad del político. Cuando en unos días los estadios queden en silencio y las pantallas de los celulares que hablan del evento se apaguen, el disfraz de celebridad que será parte del pasado dejará al descubierto el costo de haber confundido la gestión pública con un canal de contenido.
