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Estación Embarcaderos recibió a más de 4 mil personas en vacaciones de invierno

Del 5 al 19 de julio, Estación Embarcaderos (Vélez Sársfield 164) brindó una programación especial de vacaciones de invierno que se integró a sus propuestas ya consolidadas. Una vez más, la respuesta del público fue positiva y unas 4.300 personas pasaron durante esas dos semanas para disfrutar cada uno de los rincones de esta antigua estación de trenes de carga y descarga.

Este año el horario se sumó a las novedades. La Estación abrió de lunes a miércoles de 10 a 17, además de sus clásicos domingos de 10 a 13. Sumó, de esta manera, una opción más en esos días de vacaciones donde se buscó un plan que permitiera reunir a todas las edades para que nadie quedara afuera.

Quedarse un rato más

Rosario es una ciudad que se abre a vivirla a cada instante, tiene tantas miradas como personas hay y cada quien puede elegir dónde detenerse. Estación Embarcaderos habilita esa cadencia que invita a la pausa y a vivir el presente con cada sentido. Por este motivo, no es casual que la estación sea sede y laboratorio de políticas públicas de la Ciudad de las Niñas y los Niños, idea de Francesco Tonucci que la ciudad adoptó hace 30 años y que reconoce la mirada de las infancias y su participación activa en las políticas públicas. De ese asombro, curiosidad y espontaneidad están teñidas cada una de las propuestas de Embarcaderos.

“Quedarse un rato más” fue un poco el enunciado orgánico de estas vacaciones y el pedido que se escuchó frecuentemente cuando llegaba la hora de cierre del predio. Es que observar bichos bolita con una lupa es una tarea que conlleva tiempo, dedicación y una divertida seriedad.

Quienes pasan por Embarcaderos, Ciudad o como cada quien elija identificarlo, hablan de esa posibilidad de dejar atrás el ruido y conectar con los sonidos, de alejar el ojo apurado para ver la caída de las hojas, de relajarse en una reposera roja mientras los aromas del horno de barro se encienden y el viento susurra historias de este y otros tiempos. Esa hibridación de sentires es parte de la configuración identitaria y territorial: es historia ferroviaria, de inmigrantes, de filosofías, de participación, de chicos que son grandes, y grandes que son chicos, de relojes sin agujas, de risas al paso y miradas tiernas, de juego libre y de todo eso que fue y de lo que está por venir.

Habitar el tiempo

Desde el momento en que se abría el portón que da a Carballo y mira al río Paraná, la estación se activaba y se podía ver el humo del horno que recuerda a esas máquinas de vapor que quizás alguna vez se detuvieron allí. El equipo anfitrión tuvo a su cargo el recibimiento, mientras la frase de Tonucci resonaba una y otra vez: “La relación con nuestros niños debe volver a ser la de ‘te quiero tanto que te dejo salir, y cuando vuelvas me cuentas'”. Y es así como esas palabras se colaron entre el espacio de cajas, donde chicas y chicos descubrieron la grandeza de lo simple. O mejor dicho, confirmaron lo que ya sabían.

En estas vacaciones se amasó pan pero también ideas, las aromáticas del jardín ayudaron a despejarlas y algunas llegaron al té que se infusiona para generarle más calidez al sol tímido del invierno.

Una familia tomó el mini teatro del carrito de juegos propuesto en uno de los consejos y la obra comenzó. Chicas y chicos se juntaron y dejaron que las cintas y los molinos quedaran libres al movimiento al igual que la semillas de los lapachos rosados que se escapan de sus vainas para llegar a otros lugares.

Miles de criaturas fantásticas salieron del anonimato en cada jornada en la sala de ‘Berni y los monstruos’. Allí esos personajes cobran vida a través de la técnica del grabado y el collage.

Entre cuentos, circo y sonidos

La programación del receso todavía sigue resonando en cada brote verde que señala un poquito de lo que trae la próxima estación. Por el Kioskito de Historias pasaron las voces de Florencia Izurieta, quien también presentó su libro ‘El misterio de Pluten’, ilustrado por Anni Cuadra, coronado con un taller artístico, y las entrañables lecturas al paso de Mónica Colomer, donde detenerse era regalarse un tesoro de palabras.

Los tambores hicieron vibrar el Espacio Sonoro de la mano de Martín Atinier y el ritmo se transformó en una nueva forma de expresión. En tanto el circo, con toda su magia expansiva, iluminó las tardes con las funciones de Blend Urbano y Anatomía del Monstruo, a cargo del Circo Lumière. Allí no faltaron canciones, destrezas y hasta un dinosaurio que sorprendió a todos los presentes.

Los territorios se activaron y el kit de exploración estuvo listo para visitar: el Andén de Carga y Descarga con sus morteros, tintes y materiales de la naturaleza; el espacio del Viento; la Casita de las Mariposas; los bloques gigantes para levantar mundos posibles, y la Galería de Humedales, donde los imanes construyen paisajes que hablan de nuestra tierra.

Un fin con sabor a principio

Así como hay pan recién horneado, aromáticas, naranjas y mandarinas, también hay múltiples formas de concluir algo. Las vacaciones de invierno terminaron pero las puertas de la estación siguen abiertas de miércoles a viernes de 10:00 a 17:00 y los domingos de 10:00 a 13:00.

El tiempo es una construcción y desde Embarcaderos se invita a sentirlo a un ritmo propio, donde hay tiempo para aburrirse, inventar, ensuciarse, poner las manos en la masa y, sobre todo, parafraseando a Tonucci, para ver la ciudad con ojos de niñas y niños.

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