La historia de Ana: una red para volver a empezar
Ana tiene casi cincuenta años y una hija de dieciséis. Casi toda su existencia transcurrió en la misma comuna del sur santafesino. Allí, una tarde de octubre, bajo la sombra de los tilos que perfuman la vereda cada primavera, conoció al hombre con el que formaría una familia. El mismo que la obligó a abandonar su centro de vida y buscar refugio en otro lugar.
Los cambios fueron lentos, casi imperceptibles. Primero dejó de ir al club. “Hay un montón de tipos babosos ahí. Los conozco a todos. No se salva ninguno”, le decía.
Después vinieron las críticas a su padre, a un primo, a las amigas del Eempa donde ella cursaba. Más tarde, el trabajo. “Yo no le discutía. Pensaba que eso era lo que hacía una buena esposa”, reconoce.
Con el tiempo llegaron los golpes, las amenazas y el aislamiento. Mientras intentaba sostener algo de su vida, Ana encontraba refugio en las plantas. Había convertido el garaje de su casa en un pequeño vivero y cuidaba especialmente un jazmín que había plantado junto a su hija.
La decisión de irse, dice hoy, probablemente ya la había tomado mucho antes. Tal vez el día en que encontró el jazmín arrancado de raíz entre las macetas hechas pedazos.
Lo que sí recuerda con absoluta claridad fue una mañana cualquiera. Él había salido temprano para hacer un trámite. Ana aprovechó para ordenar la casa. Cuando levantó las sábanas para tender la cama encontró, del lado donde dormía su pareja, varios cuchillos envueltos en una sábana vieja. “Sentí un frío que me recorrió todo el cuerpo. Ese día entendí que era él o nosotras”.
La salida empezó a construirse en silencio. Con ayuda de una tía logró contactar a los dispositivos de protección de la Municipalidad de Rosario.
Cuando Ana cruzó la puerta del Centro de Protección Integral Alicia Moreau llevaba apenas una muda de ropa, sus documentos y a su hija de la mano. Detrás quedaban cuarenta y seis años de vida en el mismo pueblo, una casa, un vivero, los recuerdos de su familia y la certeza de que ya no podía volver.
Después del temblor hay vida
Mora es auxiliar social del Alicia Moreau desde hace casi diez años. En ese tiempo, acompañó a decenas de mujeres que atravesaban situaciones de violencia. La llegada de Ana todavía permanece en su memoria. “La vimos entrar y apenas podía sostenerse en pie. Tenía todo el peso de su mundo encima”.
Mientras otra de las trabajadoras se llevó a la hija de Ana a jugar, Ana pudo quedarse sola por primera vez en mucho tiempo. Entonces se desplomó. “No era solamente cansancio. Era un cuerpo que venía resistiendo desde hacía años.”
Meses después, Mora volvió a encontrarse con Ana de casualidad en un colectivo. “Estaba hermosa. Arreglada, sonriente. Hasta los problemas de salud habían mejorado.”
Hace una pausa antes de agregar una reflexión que resume el sentido de su trabajo: “No estaba sola. Nunca estuvo sola. Eso es justamente lo que ellos les hacen creer: que no sirven, que nadie las va a ayudar, que nadie les va a creer”.
Después sonríe y reflexiona: “Estas son las cosas que nos recuerdan por qué hacemos este trabajo. Después del temblor hay vida. Y cuando una mujer logra volver a creer en ella misma, nunca vuelve sola. Siempre se lleva un pedacito de todas las que la sostuvieron hasta que pudo caminar otra vez”.
Una red que acompaña
El relato de Ana tiene nombres propios, pero no es excepcional. Como ella, cientos de mujeres atraviesan cada año situaciones de violencia que requieren respuestas urgentes, especializadas y sostenidas en el tiempo. Detrás de cada llamado hay una historia marcada por el miedo, el aislamiento y la vulneración de derechos.
Para dar respuesta a esas situaciones, la Municipalidad de Rosario sostiene el Sistema de Atención Integral en Violencias de Género (Saivg), una política pública que articula dispositivos de prevención, atención, protección y acompañamiento con equipos especializados que intervienen las 24 horas, los 365 días del año.
La primera línea de atención está conformada por el Teléfono Verde (0800 444 0420) y el canal de WhatsApp (341 5781509), que permiten la detección temprana, la contención y la evaluación de riesgo. Entre enero y junio de 2026 el sistema registró 4.572 consultas, con un promedio diario de 25 contactos. Del total, 1.525 correspondieron a llamadas telefónicas y 3.047 a mensajes vía WhatsApp.
Además, el dispositivo cuenta con atención accesible en Lengua de Señas Argentina para personas sordas.
La atención continúa a través de los equipos interdisciplinarios de Violencia de Género (EVG), integrados por profesionales de la psicología, el trabajo social y el derecho. Durante los primeros cinco meses del año registraron 522 nuevos casos, distribuidos en toda la ciudad: 143 en el Distrito Oeste, 108 en el Sur, 96 en el Norte, 83 en el Noroeste, 63 en el Centro y 29 en el Sudoeste.
Para las situaciones de mayor riesgo, los centros de protección Alicia Moreau y Casa Amiga alojaron entre enero y junio a 39 mujeres y 49 niñas y niños, brindando resguardo y acompañamiento.
El sistema también articula con el Poder Judicial y otros organismos del Estado. En ese período se elaboraron 229 informes técnicos, además de gestionarse 29 prohibiciones de acercamiento, 2 exclusiones del hogar y la entrega de 35 botones de alarma.
La historia de Ana es una entre miles. En cada número hay una mujer que intenta reconstruir su vida. Y detrás de cada una de ellas hay una red que trabaja para que eso sea posible.
