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El abrazo de todas las provincias: el Pity volvió a ser el centro del universo en una noche histórica en Rosario

Desde las primeras luces del sábado, el paisaje habitual del Autódromo se vio transformado por una marea humana. Caravanas de autos, trafics y colectivos ploteados con frases de Viejas Locas e Intoxicados llegaban desde el norte, el sur, el este y el oeste de la Argentina. Rosario fue el punto de encuentro de una movilización federal indescriptible: familias enteras, adultos que crecieron con su música y adolescentes que lo veían por primera vez, todos unidos por el magnetismo de un artista que trasciende las épocas.

Frente a semejante flujo de gente, la organización del evento estuvo a la altura de las exigencias de un show largamente esperado. Los ingresos fueron ágiles y el control constante permitió que todos pudieran disfrutar de la jornada con comodidad. La escenografía, impactante y de vanguardia, ya anticipaba que lo que estaba por venir no era un recital más, sino una puesta en escena a la altura de las grandes bandas internacionales.

A las 20:30, la espera terminó, cuando el Pity apareció en el escenario, y el rugido fue ensordecedor. Lo que siguió fueron tres horas consecutivas de un viaje por toda su carrera artística, sin respiros y con una banda ajustadísima. El inicio con “Me gustas mucho” encendió la mecha de lo que sería un recorrido perfecto por 31 canciones.

El repertorio fue una montaña rusa de emociones, desde la psicodelia de “Fuego” y “Don Electrón”, pasando por la crítica social de “Homero” y “Señor Kioskero”, hasta la melancolía de “Se fue al cielo”. No faltaron los momentos de reggae con “Reggae para Mirtha” y “Reggae para los amigos”, ni el rock más crudo de sus inicios.

La recta final fue, sencillamente, una ametralladora de clásicos que hicieron vibrar, el escenario todo. “Está saliendo el sol”, “Perra”, “Nunca quise” y “Lo artesanal” prepararon el terreno para el estallido definitivo. El cierre fue una declaración de principios: “Quieren Rock” desató el pogo más grande de la noche, culminando con la dulzura rebelde de “Una piba como vos”, llevaron al éxtasis a las más de 25mil almas que se acercaron para acompañar al músico.

El público se fue despacito del Autódromo con la sensación de haber recuperado una parte fundamental de sus propias vidas, esas que se alimentaron con los temas del artista y que perduran intactas e imborrables bajo un halo de una eterna nostalgia. Una noche para que los asistentes al show puedan atesorar lo vivido con suma devoción y que en definitiva termine formando parte del mejor archivo de la memoria. El Pity volvió, Rosario lo cuidó y la música hizo el resto.

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