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Felipe Michlig admite el “naufragio electoral” de Pullaro, ante el público pedido de sumar a LLA a Unidos

Por Sergio Alcázar

Hay algo casi romántico, en el sentido más trágico de la palabra, en la desesperación política, allí donde Felipe Michlig, el arquitecto en las sombras de Unidos, ha salido a la escena pública con una propuesta que más que una estrategia electoral parece el soliloquio de un náufrago. El hombre, visiblemente afectado por el desgaste de una gestión que ha visto cómo los santafesinos le soltaban la mano —un 38% de votos menos desde aquel octubre de 2025 que parece haber marcado el inicio de una sangría permanente—, ahora busca desesperadamente una balsa con la cual llegar a la costa en el 2027. Su propuesta es invitar a La Libertad Avanza (LLA) a la mesa, así, sin anestesia, pretendiendo que la ideología sea solo un accesorio intercambiable y superfluo para el votante.

Michlig (Felipe) recuerda con nostalgia el milagro de “Unidos” y dice: “en su momento, desde el socialismo decían que no se sentaban a tomar un café con el PRO, y el PRO decía que no iba ni a la esquina con el socialismo. Y lo logramos”. El dirigente radical sueña con repetir la fórmula y la receta, el está convencido que la política es solo un divertido juego de mesa y buenas voluntades donde, si los dirigentes se ponen de acuerdo, la historia se reescribe. Pero el legislador provincial parece haber olvidado un detalle fundamental: para que dos personas se sienten a jugar, hace falta que uno no intente destruir la existencia del otro.

Felipe Michlig hombre de confianza del gobernador Pullaro, es quién tiene a su cargo pergeñar las estrategias políticas del oficialismo.

La ironía en esta historia es tan pesada que corta el aire, mientras Michlig habla de “atenuar cuestiones ideológicas”, de “pensar en el bien común” y de integrar a quienes reniegan del rol dinamizador del Estado, del otro lado de la grieta no hay una invitación a la reflexión; solo hay permanentemente, una catarata de escupitajos verbales ¿Se imagina al militante del Partido Socialista, heredero del inmaculado legado de Hermes Binner y Miguel Lifschitz, compartiendo boleta con quien ha definido al socialismo como “excremento humano”? ¿O con aquel que clama, amparado en la Fundación Libertad y en una lectura selectiva de Hayek, que el socialismo es un virus de “basuras, inmundos y repugnantes”? Totalmente inviable desde lo más humano y dogmático del pensamiento…

La propuesta del referente radical de Unidos no es solo una picara pirueta pragmática; es una fuerte cachetada a la memoria de quienes fundaron el espacio. Es pedirle al votante socialista que ignore que su socio de coalición los considera el “socialismo empobrecedor” y los culpables de la decadencia nacional, es casi como invitar a cenar al verdugo y pedirle, por favor, que esta vez no afile tanto el hacha. “Podemos hacer un esfuerzo atenuando cuestiones ideológicas”, afirma Michlig con una ingenuidad que raya en lo temerario. Pero la política, querido Felipe, no es solo un acuerdo de cúpulas para mantener el statu quo, el electorado no es un activo que se transfiere por decreto en una prolija oficina de la Casa de Gobierno. Los militantes y dirigentes socialistas, esos que todavía conservan el orgullo de sus banderas, no son ni serán nunca, piezas de ajedrez en un tablero.

El pedido de Michlig de sumar a LLA a Unidos busca revalidar en los hechos un acuerdo posible entre Milei y Pullaro.

El gran estratega radical nacido en Ambrosetti, confunde la “gobernabilidad” con la “sumisión ideológica”, al intentar salvar a Pullaro de un posible naufragio electoral en el 2027, Michlig está lanzando una balsa que nadie puede asegurar que pueda flotar convenientemente. Si la traición a los principios se vuelve la norma para sostener el poder, lo más probable es que el “castigo” no venga de los opositores, sino de las propias urnas, donde casualmente los votantes suelen tener mucha mejor memoria que sus representantes. Michlig busca sumar para sobrevivir, pero al abrirle la puerta a quienes los maltratan permanentemente, lo único que está garantizando es que, en la próxima elección, el particular electorado santafesino termine de cerrar la puerta del todo. Porque cuando los dirigentes se olvidan de quiénes son y a quienes representan, solo para evitar perder el poder, terminan perdiendo no solo un gobierno, sino lo único que verdaderamente importa en política: el respeto de la gente.

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