Rosario celebró la utopía hecha ciudad: tres décadas escuchando a la infancia
Hay decisiones políticas que transforman para siempre el alma de una ciudad. En 1996, cuando el entonces intendente Hermes Binner rubricó el Decreto Nº 1422, Rosario se sumó a la propuesta del pensador e ilustrador italiano Francesco Tonucci, que cinco años antes había sembrado la semilla del Proyecto Ciudad de las Niñas y los Niños.
Treinta años después, el proyecto dejó de ser una promesa para consolidarse como una política pública de referencia internacional y pionera de la Red Latinoamericana. Durante todo el mes de agosto, Rosario celebró tres décadas de participación activa, juego y escucha atenta y reafirmó aquella máxima de Tonucci: una ciudad que prioriza a la infancia es una ciudad mejor para todas las personas.
Durante la jornada final, el secretario de Cultura y Educación, Federico Valentini, tomó la palabra para reflexionar sobre el recorrido del espacio: “Nos honra el nivel de consejeros y consejeras que hemos tenido en estos 30 años. Escucharlos a ustedes, los primeros y los que ahora están siendo consejeros. […] En un tiempo difícil en donde nos quieren decir que los chicos y las chicas están todo el tiempo encerrados en su mundo y en un celular, esta política pública demuestra lo contrario; que están cada vez más preocupados por el otro y en construir la ciudad en la que todos vivamos mejor”.
Valentini rescató, además, la transcendencia del proyecto a largo plazo y resaltó que el acta firmada para sostenerlo en el tiempo representa “un compromiso a futuro” que supera a las gestiones de turno —citó a intendentes como Pablo Javkin, Mónica Fein, Miguel Lifschitz y Hermes Binner—. “Las políticas públicas son cuando no les pertenecen a los que nos toca gestionar por un ratito, sino cuando les pertenecen a la ciudad y a ustedes”, concluyó antes de dar paso a la firma y al festejo.
El mapa del juego y la palabra
A lo largo de estas tres décadas, las niñas y los niños rosarinos no solo ocuparon la palabra en los Consejos, sino que moldearon el diseño urbano. De sus debates nacieron transformaciones tan concretas como cotidianas: el Día Anual del Juego y la Convivencia, la iniciativa La bici en tu bolsillo, las veredas compartidas para volver a jugar en el barrio y Aventuras Nocturnas, entre otras acciones.
Este trayecto cosechó reconocimientos internacionales como la distinción de la UNESCO, la entrega de la Orden del Rosario y la reciente digitalización de un archivo histórico que resguarda 30 años de memorias y propuestas.
Las actividades de este aniversario especial tuvieron distintas activaciones tanto en Estación Embarcaderos, el Cine Lumière y el Jardín de los Niños.
Una función para atesorar
El jueves 13 de agosto el Cine Lumière se colmó de viñetas de Frato (tal como firmaba Tonucci sus ilustraciones) que se colaron entre sus butacas y dieron la bienvenida a las personas que se dieron cita para la función especial del documental “La ciudad de los niños. La utopía de Francesco Tonucci”, dirigido por Emanuela Tomassetti y coordinado junto a la Asociación Francesco Tonucci, que reunió a familias, vecinos y autoridades.
Durante 55 minutos, la pantalla repasó más de 35 años de experiencias en Italia, España y Sudamérica. El documental proyectó cómo medidas concretas —autonomía para ir caminando a la escuela, calles sin tránsito pesado y Consejos de Niñas y Niños— pueden transformar la convivencia urbana.
También estuvieron presentes chicos del Consejo de Rosario que fueron parte del documental y pudieron reconocerse en la pantalla grande. En la sala se respiró el mismo espíritu con el que Tonucci recordó en su paso por Rosario la necesidad imperiosa de que las autoridades rescaten al niño/a que alguna vez fueron para poder diseñar políticas alineadas con ese sentir.
El cierre de los festejos tuvo lugar el sábado 29 de agosto en el Jardín de los Niños, en un multitudinario encuentro donde consejeras y consejeros de la camada actual y de distintos años compartieron una ronda con anécdotas, juegos y sueños para los años venideros.
Consejeras y consejeros dicen
El paso por los Consejos de Niñas y Niños marca una huella imborrable que atraviesa generaciones. A lo largo de estos 30 años, la experiencia se transforma y va tomando matices de memoria y participación ciudadana.
Cecilia tiene 39 años y es exconsejera del primer Consejo de 1997: ante la pregunta sobre su experiencia dijo que fue un honor y una responsabilidad, pero que lo vivió, sobre todo, como un juego: “Me parecía hermoso estar pensando proyectos que iban a ser para todos los niños de la ciudad”.
Mara también formó parte del Consejo de 1997 y expresó que en ese entonces llevaron a cabo el proyecto del Día del Juego y la Convivencia y que los recuerdos son los mejores porque era todo muy lúdico: “(…) podíamos charlar jugando, pero al mismo tiempo nos sentíamos un poco adultos”.
“Ser consejero fue aprender a ver la ciudad con otros ojos, habitarla sintiéndome parte de ella. Es un espacio maravilloso donde se le da un valor real a la voz de la infancia para transformar nuestro entorno”, sostuvo Lucas, que formó parte del Consejo 2014-2016.
Mora es consejera actual y para ella ese rol significa mucho porque le permite “ver la ciudad de manera diferente”, y otra compañera acotó que cuando en la escuela le preguntan por qué lo hace dice que va en representación de todos los chicos de la ciudad.
Victoria, por su parte, consejera del 2015, dijo que fue “el primer lugar donde sintió que la palabra de la infancia tenía peso” y agregó que “a los futuros consejeros les diría que aprovechen al máximo este espacio, porque es una oportunidad real para ser escuchados tanto por otros chicos como por los adultos”.
Treinta años después, el eco de aquellos primeros Consejos sigue resonando en las veredas, los parques, las veredas y las voces de consejeros y consejeras actuales. Rosario demostró que es posible mirar el mapa urbano a través de los ojos de la infancia. La utopía que comenzó en 1996 continúa desplegándose en la construcción de ciudadanía, en la decisión de mantener esta política pública y en las calles. El futuro de una ciudad se diseña en el presente y sobre todo escuchando a quienes la habitan plenamente.
