OpiniónPolíticaSanta Fe

Hay algo mal que no anda bien: ¿En política alcanza con “farmear aura” para recuperar el terreno electoral perdido?

“Hay algo mal que no anda bien”, suele decir con picardía, el periodista Carlos Bermejo recordando a un correntino anónimo quien sería dueño de la simpática frase. La humorística paradoja cobra plena vigencia al observar el frenético despliegue de posteos que protagoniza el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, frente a la necesidad de recuperar el terreno electoral perdido y sostener su posicionamiento, la estrategia oficial parece haber mutado hacia una disciplina propia del mundo digital y de los videojuegos contemporáneos: el “farmeo de aura”.

Para entender el fenómeno, conviene repasar el diccionario viral de las redes. Farmear aura es una expresión que une el concepto de los videojuegos de “farmear(repetir acciones de manera incesante para acumular puntos o recursos) con la idea de “aura” (el carisma, estilo, actitud o presencia de alguien). En la jerga política, significa realizar actos, poses o gestos calculados para sumar prestigio, respeto, admiración y presencia de forma imaginaria ante los demás, es la búsqueda obsesiva por construir una narrativa donde el líder siempre luce ganador, atlético e inalcanzable.

El catálogo visual del mandatario no escatima en escenarios ni vestuarios, el líder del espacio Evolución salió a correr una noche por Rosario y se filmó; antes había aparecido en fotos como boxeador con guantes arriba de un ring, con los brazos en alto y en compañía del histórico Juan Martín “Látigo” Coggi; y hasta sorprendió a todos dándose un chapuzón en cueros en la inauguración de un balneario en la localidad de María Susana.

Sin embargo, la última entrega de la saga, ocurrió cuando posó con la antorcha de los Juegos Suramericanos, cabe recordar que “el honor de portar una antorcha suele estar reservado a deportistas, referentes y leyendas del deporte, precisamente por la carga simbólica que representa”. Apropiarse políticamente de ese momento desnaturaliza su significado y expone una debilidad mayúscula: la necesidad interior de ocupar el centro de la escena aun cuando no corresponde.

El gobernador Maximiliano Pullaro levantando la antorcha de los Juegos Suramericanos a disputarse en Santa Fe.

A la par de este raid fotográfico, el aparato comunicacional del Estado se encarga de hiper-personalizar la gestión, basta revisar los títulos de las noticias de la página oficial de la provincia para notar la constante adjetivación del gobierno con su apellido: “El Gobierno de Pullaro sorteó 16 viviendas para familias de Salto Grande”, “Florencia: el Gobierno de Pullaro avanza con la obra que llevará agua potable a más de 7.400 vecinos” y “La gestión de Pullaro sorteó en El Trébol 14 viviendas abandonadas por Nación y reactivadas por la Provincia”.

Ya no se habla del Estado santafesino ni del Poder Ejecutivo provincial como instituciones abstractas al servicio de los ciudadanos sino parece haberse rebautizado como un producto de concesiones personales. Todo esto aderezado por las encuestadoras amigables que elevan el mito del gobernante querido con números empáticos que acompañan su gestión y devuelven el reflejo para un pretendido idilio popular con su persona.

Sin embargo, en esta carrera por la cosmética digital se suele pasar por alto una lección elemental: la política no es sumar más likes en publicaciones, sino generar buenas sensaciones entre los votantes y solucionar los problemas reales de la gente. Acumular puntos de “aura” virtual y coleccionar interacciones en redes sociales puede inflar las expectativas de un equipo de campaña, pero difícilmente reemplace a la empatía genuina del ciudadano. Cuando la escenografía virtual intenta tapar fisuras de la realidad, la frase del viejo sabio correntino resuena con fuerza imbatible: definitivamente, “hay algo mal que no anda bien”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *