OpiniónPolítica

Simplemente Marcela Pagano: Una legisladora con “ovarios bien puestos” al servicio de la verdad y no del poder de turno

Por Sergio Alcázar

La aguja en el pajar del Congreso podría haber dicho mi abuela, con ese tono irónico que la caracterizaba, haciendo gala de la sabiduría de los años y la indignación justa, advirtiendo que tarde o temprano la verdad siempre sale a la luz cuando alguien decide con valentía desafiar al poder y mostrar “todos los chanchullos” de la casta.

En un recinto legislativo donde a menudo abundan los discursos vacíos y las lealtades palaciegas, la irrupción de Marcela Pagano en el Congreso Nacional funcionó como un sacudón necesario para la política argentina, devolviéndole a la labor parlamentaria un sentido de dignidad y coraje que parecía siempre extraviado en algún cajón de la conveniencia.

Pagano no necesitó acumular millas de vuelo en la alfombra roja del Congreso ni calentar una banca durante décadas para grabar su impronta. Bastó su perspicacia periodística, su olfato sagaz, un sólido sentido común y una inteligencia aguda para hacer lecturas correctas de la realidad sin dejarse encandilar por los espejismos del poder. Sobretodo, demostró tener los ovarios bien puestos para plantarse frente al oficialismo de turno y no cejar en su empeño irrenunciable de buscar justicia.

Su trayectoria dentro del parlamento tiene el valor intrínseco de la coherencia, aunque llegó a ocupar su banca de la mano del incipiente proyecto político de Javier Milei, no dudó un segundo en pegar el portazo cuando las cosas se salieron de cauce. Entendió tempranamente que el rumbo adoptado priorizaba gobernar para los empresarios amigos y el círculo rojo, dejando a la inmensa mayoría de la sociedad en una incómoda y cruel situación de mera supervivencia diaria. No hubo oportunismo en su retirada, sino el rigor ético de quien no está dispuesta a sellar pactos de silencio a costa del pueblo.

La diputada Marcela Pagano demostró mucha espertise al momento de cumplir con sus obligaciones parlamentarias.

Esa impronta pletórica de convicción no pasó desapercibida en el tablero político. “Ojalá nosotros en el partido pudiéramos tener muchas Marcelas Paganos“, exclamó con un dejo de sincero reconocimiento un importante dirigente del PJ provincial al analizar el rol que viene desempeñando la legisladora en su banca a este medio web. Su labor trasciende las etiquetas partidarias porque reactivó la verdadera función del Poder Legislativo: controlar, investigar y exigir cuentas al Poder Ejecutivo.

Cuando la paciencia frente al atropello institucional se agotó, a Marcela “se le saltó la térmica” y avanzó con la determinación que la caracteriza: presentó un pedido de juicio político contra el Presidente por inhabilidad psíquica sobreviniente. Anteriormente lejos de amedrentarse, cargó directamente contra Karina Milei por los desmanejos en la Quinta de Olivos y desnudó sin miramientos las sombras en torno a Manuel Adorni en su causa por enriquecimiento ilícito. Frente a la impunidad de los pasillos gubernamentales, adoptó una postura frontal y decidida. “Tu tiempo es hoy”, cantaría el Flaco Spinetta en Muchacha ojos de papel, recordándonos que las batallas éticas no admiten postergaciones.

Revalorizar la figura de Marcela Pagano no es defender un nombre propio, sino celebrar la valentía de no callar en tiempos de miedos enquistados por aquellos que no aceptan nunca la disidencia. En una Argentina desgastada por la resignación, su lucha contra la corrupción y su búsqueda permanente por la justicia social demuestra que la política todavía puede ser una herramienta al servicio de la verdad y no un escudo para proteger los privilegios de unos pocos.

Caídas las máscaras y expuestas las evidencias sobre la mesa, nos queda una sola certeza: la labor de la legisladora representa esa necesaria luz de esperanza al final del túnel para este sombrío presente que padecen muchos argentinos. Nada más que agregar, señor juez.

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