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Según Zentrix, el 76% de los argentinos se endeudaron para pagar alimentos, salud, tarifas y servicios

El último estudio del Monitor de Opinión Pública de Zentrix expone un severo deterioro en la capacidad de gasto de los hogares, con impacto crítico en jóvenes y sectores vulnerables. Pese a la asfixia cotidiana, las preocupaciones cambian de eje: la inflación pasa a segundo plano, crece la alarma por el empleo y reaparece un frágil margen de esperanza política de cara a 2027.

La pérdida del poder adquisitivo en la Argentina dejó de ser una fricción coyuntural para consolidarse como un rasgo estructural de la economía cotidiana. Según los datos de agosto del Monitor de Opinión Pública (MOP), elaborado por la consultora Zentrix, el 65% de la población agota la totalidad de sus recursos antes de llegar al día 20 del mes. La severidad del fenómeno se profundiza al observar los tramos más tempranos: un 44,4% de los encuestados se queda sin margen económico antes del día 15 y un 12,2% no logra superar los primeros cinco días. El impacto exacerba las brechas sociales y generacionales: mientras en la clase baja el agotamiento prematuro de los ingresos alcanza al 87,6% del segmento, en la clase alta la cifra cae al 7,3%. En el plano etario, el 83,3% de los jóvenes de entre 18 y 39 años no llega al día 20 con liquidez, frente al 60,3% registrado en los mayores de 60 años.

Como contrapartida directa de la falta de caja, el recurso al crédito dejó de operar como una palanca de consumo para transformarse en un mecanismo estricto de subsistencia. El 60,2% de los argentinos tomó algún tipo de deuda o crédito en los últimos seis meses, una proporción que escala al 70,2% en los sectores de menores recursos y al 67,1% en el segmento joven. El destino de esos fondos ratifica la urgencia: el 55,6% de los endeudados utilizó el dinero para comprar alimentos y medicamentos, mientras que un 20,4% lo destinó al pago de servicios públicos y tarifas. En la clase baja, la suma de ambas necesidades básicas absorbe más del 85% del endeudamiento familiar, configurando un esquema donde el mantenimiento del nivel de vida exige combinar el endeudamiento recurrente con la pluriactividad laboral.

El deterioro del bolsillo produjo además un vuelco significativo en el mapa de las prioridades sociales. Por primera vez en varios meses, la corrupción perdió el primer lugar del ranking de preocupaciones para quedar relegada al cuarto puesto, desplazada por la insuficiencia de ingresos y salarios (50,1%), la incertidumbre económica (49,8%) y la amenaza del desempleo (40,9%). La inflación, por su parte, se ubicó en el último lugar entre las diez opciones evaluadas, con apenas un 12,7% de las respuestas. El cambio de jerarquía indica que la inquietud ciudadana ha dejado de centrarse de forma exclusiva en la velocidad de la suba de precios para focalizarse en el estancamiento del salario real y en la estabilidad del puesto de trabajo.

Paralelamente, el estudio ratifica una distancia persistente entre el discurso oficial y la percepción del consumidor. El 65,8% de los encuestados afirma que el índice de inflación publicado por el INDEC no refleja la suba de precios que experimenta en sus compras diarias, y un 81,2% sostiene que su haber no le gana a la inflación. Este desencuentro atraviesa las fronteras partidarias: el 61,2% de los votantes que respaldaron al oficialismo en las elecciones legislativas de 2025 comparte el diagnóstico sobre el rezago salarial, aunque en ese espacio la pérdida de ingresos tiende a ser asimilada como un costo de transición atado a una expectativa de estabilización futura, más que como un déficit estructural del modelo.

En ese marco, la valoración sobre la marcha de la economía muestra matices ambivalentes. Si bien la percepción sobre la situación del país continúa en terreno marcadamente negativo —el 59,4% la considera mala o muy mala, cifra que roza el 75% en los sectores populares—, se registró una leve moderación respecto del 61,8% medido en julio. De forma simultánea, la evaluación positiva de la economía personal mostró un leve incremento, pasando del 27,2% al 29,8%. Este avance conjunto de la mirada individual y colectiva, habitualmente desacopladas, se complementa con un mapa emocional dominado por términos como “incertidumbre” y “angustia”, pero con una presencia relevante de la palabra “esperanza”. La convivencia de esta expectativa favorable con una base material erosionada define la encrucijada política actual: la distancia entre el desgaste cotidiano y la concreción de una recomposición real del ingreso perfila el principal eje de tensión de cara al escenario político de 2027.

Los datos surgen del Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora, correspondientes al relevamiento nacional realizado entre el 25 y el 31 de agosto de 2026. Se relevaron 1.466 casos válidos mediante un cuestionario autoadministrado en línea con difusión controlada. La muestra fue ponderada por región, edad, sexo y voto declarado (balotaje presidencial de noviembre de 2023 y legislativas de octubre de 2025). El estudio presenta un margen de error teórico de ±2,1% y un nivel de confianza del 95%.

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