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La paradoja del sur: encuesta expone un fuerte rechazo a la gestión de Pullaro en Venado Tuerto

La política no es, aunque muchos dirigentes insistan en creerlo, una ciencia exacta que se limita a los números de una elección pasada, es, ante todo, un organismo vivo que respira al ritmo de la economía cotidiana, la seguridad y la gestión tangible. El último relevamiento realizado por la consultora El Almario en Venado Tuerto no solo arroja cifras frías; entrega una radiografía contundente de un electorado que, en apenas tres años, ha transformado su esperanza en desencanto, dejando al descubierto una grieta profunda entre el poder nacional, el provincial y la gestión local.

El estudio, realizado entre el 23 de marzo y el 3 de abril de 2026 bajo una metodología CAWI sobre 276 casos, actúa como un termómetro preciso del clima social en el sur santafesino y los resultados son, para quienes ocupan despachos en Buenos Aires y Santa Fe, una señal de alerta que difícilmente puedan llegar a ignorar. Uno de los datos más estruendosos es, sin duda, la caída de la consideración hacia el presidente Javier Milei, porque Venado Tuerto fue, hace poco más de dos años, un bastión libertario: el respaldo en el ballotage, cercano al 75%, funcionó como un cheque en blanco de una ciudadanía que buscaba respuestas urgentes.

Hoy, esa luna de miel se ha evaporado, el informe de El Almario revela que el 64,4% de los encuestados rechaza la gestión nacional (calificándola como “mala” o “muy mala”), mientras que apenas un 20,9% la aprueba. Esta cifra no solo marca una tendencia negativa, sino que revela un cambio profundo en la percepción ciudadana: el votante ya no juzga por las promesas de campaña ni por el encanto de la narrativa libertaria, sino por el impacto directo de las políticas en su bolsillo y su calidad de vida.

Si la situación nacional genera ruido, el escenario provincial debería preocupar seriamente a la estructura del oficialismo santafesino. El gobernador, Maximiliano Pullaro, oriundo de Hughes, cuenta con el beneficio de ser un “hijo de la región”, sin embargo, los números muestran que la cercanía geográfica no es un escudo contra la insatisfacción creciente.

Con un 56,4% de desaprobación frente a un magro 18,8% de imagen positiva, el mandatario de Santa Fe exhibe un desgaste prematuro en su propio terreno de influencia. La gestión provincial, que tiene gran parte de su base operativa en el sur santafesino, parece estar pagando el costo de un tablero donde la gestión no termina de convencer al particular y exigente electorado provincial. La legitimidad, queda claro, se renueva día a día; no basta con ser del lugar si los resultados no acompañan.

En el otro extremo del espectro electoral, la gestión del intendente Leonel Chiarella funciona como un oasis de estabilidad, mientras las cúpulas nacional y provincial navegan en un mar de números negativos, Chiarella mantiene un sólido respaldo: el 55,8% de los vecinos califica su gobierno como bueno o muy bueno, con apenas un 13,3% de valoración negativa.

¿Por qué este contraste? La respuesta es simple y a la vez compleja: la cercanía. En tiempos de crisis macroeconómica y de desafección con los grandes liderazgos, el ciudadano se refugia en lo próximo, en quien puede ver, auditar y reclamar cara a cara. La gestión municipal, enfocada en la resolución de problemas cotidianos, actúa como un amortiguador ante la desilusión que provocan los niveles superiores del Estado.

El estudio de El Almario es un llamado a la cordura y una señal de alarma para los Ejecutivos. Los números de Venado Tuerto no son una anomalía, sino un síntoma de un electorado que ha madurado su mirada política. La paciencia de la sociedad no es infinita y los votos de 2023 no son un contrato de adhesión eterna y la renovación de la fidelidad y el acompañamiento ciudadano suele estar sujeto a los cambios del humor de la gente.

La política, tanto en la Casa Rosada como en la Casa Gris, deberá entender que el diagnóstico de la realidad no se hace desde los escritorios de los dirigentes, consultores o estrategas de campaña, sino escuchando el pulso de la calle, porque cuando el relato político se separa demasiado de la realidad social, la brecha que queda es, invariablemente, la que los ciudadanos terminan cobrándose en las encuestas y, finalmente, en las urnas.

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