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“La odisea de los giles”: Guía práctica para una sociedad obligada a reaccionar

Sergio Alcázar

La sangría es permanente, la degradación social es lenta, dolorosa y desgastante. Vivir en Argentina se ha convertido en una verdadera experiencia desagradable, sobretodo, para una mayoritaria parte de la sociedad que sobrevive como puede para llegar a fin de mes. En el país hay casi 60% de pobres con un 10% de indigencia (según la última medición de la UCA) y un montón de argentinos más, desencantados y a la deriva. “La gente vota por esperanza”, solía decir Duran Barba, el responsable del triunfo de Mauricio Macri en el 2015, al referirse a las razones que llevan al electorado a votar un candidato. Como estará hoy todo cambiado para mal, que hasta a la gente le han quitado las ganas de esperanzarse.

Mientras tanto, desde el gobierno nacional nos muestran su visión sesgada del presente, comunicando supuestas mejorías que se van logrando, que son incontrastables con la realidad que se padece a diario y lo más preocupante es que desde el poder nada reconocen sobre las consecuencias nefastas provocadas en la economía de la población debido a la feroz recesión generada por las medidas impuestas por ellos mismos, las cuales han llevado a la licuación de los salarios y a la destrucción de los ingresos por jubilaciones. Ni un pequeño rictus humanitario se le ha visto al presidente por estos tiempos ante el lamentable contexto de situación social imperante. Milei da la sensación de que es un ser totalmente desprotegido de cualquier emoción humana y si no lo es, lo disimula bastante bien, hay que reconocerlo.

Lo que resulta totalmente incomprensible es que un gobierno que expone una evidente endeblez de poder político, que no cuenta con intendentes y gobernadores para mostrar como propios y que solo dispone de 7 senadores y 37 diputados, casi nada en el contexto de las decisiones parlamentarias, tenga una arrogancia de tamaña magnitud y menos aún, una soberbia tan innecesaria, la cual trasluce en cada uno de sus actos y decisiones. Milei mueve el amperímetro de su gestión bajo la prebenda de la imposición y no del acuerdo, por esa razón le resulta más fácil actuar en un escenario plagado de amigos y enemigos. Para la libertario la realidad ideal es la distópica y todos sus actos obran en consecuencia.    

“No hay plata” fue el slogan que instaló el presidente con meticulosa puntillosidad en el inicio de su gestión desde todos los canales de comunicación que dispone el economista, por esa razón le “bajo el pulgar”- cualquier coincidencia con el gesto del emperador en el circo romano es una mera coincidencia- al aumento de las dietas de los legisladores, y no le importó dejar en offside a Martín Menen y Vicky Villarruel que habían asentido en otorgar dicho incremento para el Congreso.

Milei castiga a la “casta” a la vez que se abraza al dicho “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago” y en esa sutil doble vara moral que rige su existencia, le hizo “pito catalán” a la clase política, para autorizarse una recomposición salarial del 48% para él y sus principales funcionarios mediante el Decreto 206/2024. El presidente abusa del cuadro de inacción que muestra la gente, ese síndrome de Estocolmo en el que estan inmersos los argentinos. “Todo tiene un final, todo termina”, cantaba Vox Dei, no está de más recordárselo, antes que sea demasiado tarde.

En estos casi tres meses de gobierno, son nulas las “buenas” noticias para festejar por los argentinos, eso sí, las “malas” se cuentan a montones. La gente, no solo sufre con la pérdida permanente del poder adquisitivo de sus sueldos y un fuerte menoscabo de su calidad de vida, sino que gran parte de la población ve con profunda “preocupación” el deterioro al que quiere sumir el mandatario, a las instituciones democráticas.

Milei va por todo y para lograrlo no le temblará el pulso si llegado el momento tiene que quitarse de encima al Congreso, sojuzgar a los gobernadores y hasta se muestra muy decidido a desautorizar las veces que sea necesario a la Constitución Nacional misma. Por ahora el libertario se muestra firme en su rol de director de la orquesta, los legisladores y gobernadores son los músicos que, con enojos, resignación y hasta con un dejo de expectativa, lo acompañan. ¿Hasta cuándo? Nadie lo sabe, la única certeza palpable es que ninguno de ellos querrá ser como los integrantes de la famosa fanfarria del Titanic. No habrá nadie – en el momento del encontronazo con el iceberg – que se inmole por el presidente, eso está, recontra claro.   

Mauricio Macri deterioró el salario de los trabajadores un 18 % en cuatro años de su gobierno, a Milei le alcanzó solo dos meses de su mandato para hacer el mismo daño. Hasta su ministro Caputo se burla de la gente al decir que la inflación está bajando cuando en los hechos un simple maple de huevos pasó de costar $ 2500 a $ 4100 de un mes a otro, sin contar, además, el desmedido aumento de prepagas, cables, luz y demás servicios cada 30 días. Hasta ir a un supermercado se ha convertido en una aventura religiosa y deprimente porque a los grandes supermercadistas y los formadores de precios les importa un bledo las necesidades de la gente y sobrevaluan sus productos a su antojo en aras a la desregulación de mercado propiciada desde el poder.

Nietzsche sostenía que las personas que adoptan la “filosofía del rebaño” se convierten en seres sin voluntad propia, esta es la etapa que están atravesando muchos de los “argentinos de bien”, quienes aceptan sin resistencia el castigo impuesto por los gobiernos de turno, naturalizando vivir mal y todo ante la indiferencia de parte de la clase dirigencial que prioriza ser “políticamente correcta” antes que plantarse con firmeza y convicción ante un Ejecutivo para hacer cumplir con el compromiso asumido con la sociedad. En cada una de las cuentas de un rosario de todo movimiento social hay una consigna que es innegociable, la cual reza que “las luchas se ganan en las calles” y justamente ese parece ser el lugar que le espera a la clase media, a los trabajadores, a los jubilados y en definitiva a la gente a pie, para poder recuperar algo de dignidad para sus vidas y de paso, para ponerle coto a semejante dislate político que le toca hoy, soportar a la Argentina.

One thought on ““La odisea de los giles”: Guía práctica para una sociedad obligada a reaccionar

  • luis aldo

    Excelente correlato de nuestra actualidad; una involución permanente y con un Presidente que parece quere apagar el incendio,con nafta.

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