¿Insensibilidad oficial?: obligaron a renunciar a una funcionaria del Gobierno provincial por elegir cuidar a su hijo antes que cubrir los Juegos Suramericanos
Una muestra cabal de la falta de empatía y la frialdad administrativa del gobierno provincial quedó al descubierto cuando Marlén Espíndola confirmó la presentación de su renuncia a la Secretaría de Vinculación Territorial y Asuntos Electorales de la provincia de Santa Fe, una decisión formalizada el pasado 14 de septiembre pero que se hará efectiva este 30 de septiembre. La salida de la dirigente no responde a un desgaste político habitual, sino a la encerrona a la que fue sometida por la propia gestión provincial cuando solicitó un breve margen de tiempo para acompañar a su hijo en medio de una delicada situación médica, justo en la previa de la intensa agenda laboral que demandaba la cobertura de las tareas relativas a los Juegos Suramericanos.
El conflicto se desencadenó cuando Espíndola solicitó formalmente un permiso de apenas dos semanas para estar junto a su familia en un momento crítico. Si bien el cuadro del niño atraviesa actualmente una etapa de mayor estabilidad gracias al acompañamiento de un equipo médico, la presencia materna resultaba indispensable, pese a que en un primer momento la respuesta hacia su pedido pareció ser favorable, la postura del Ejecutivo viró hacia una exigencia intransigente: el secretario de Vinculación Regional y Asuntos Electorales, Roberto Vergé, le comunicó que para tomarse esos catorce días debía aceptar una quita salarial. Frente a la insensibilidad de condicionar el cuidado de un hijo a un castigo económico, Espíndola optó por presentar de inmediato su renuncia indeclinable.
La propia exfuncionaria remarcó que ante semejante panorama no existía margen para la negociación ni para prolongar un regateo laboral, con la prioridad puesta en la salud de su hijo, consideró inadmisible tener que disputar condiciones de trabajo mientras atravesaba un cuadro familiar complejo. Para la dirigente, la actitud del Ejecutivo expuso una profunda pérdida de perspectiva humana en el ejercicio del poder, marcando un contrapunto con su propia trayectoria como diputada provincial, etapa en la que —según recordó— priorizaba siempre el resguardo y la contención de los integrantes de su equipo ante cualquier contingencia personal o sanitaria.
El episodio también echa luz sobre la vulnerabilidad en la que quedan sumergidos los trabajadores estatales frente a las arbitrariedades de una gestión. La propia Espíndola advirtió sobre esta asimetría al señalar que, a diferencia de la mayoría de los empleados o funcionarios que dependen exclusivamente de un sueldo público, ella cuenta con el respaldo de su profesión de abogada y su estudio jurídico privado para retomar la actividad privada. Sin ese salvavidas económico, la presión del Gobierno provincial se convierte en una herramienta de coacción ante la cual muy pocas personas tienen la posibilidad real de renunciar.
