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Ayelén Martino, una historia de pasión y vocación: la dirigente que lleva el sindicalismo en la sangre y sostiene un compromiso inquebrantable en tiempos complejos

Asumió la conducción de Utedyc Rosario el pasado 23 de diciembre de 2025 en uno de los contextos socioeconómicos y laborales más desafiantes de los últimos tiempos. Ayelén Martino, dirigente gremial y militante social desde su juventud y hoy al frente del gremio que nuclea a los trabajadores de entidades deportivas y civiles, repasa en esta entrevista con La Voz de Rosario su recorrido, la impronta de su gestión y la mirada política sobre el rol del sindicalismo en la actualidad. Lejos de los casettes armados y las respuestas previsibles. Ayelén abre el juego a una charla íntima sobre la vocación de servicio, la necesidad de defender la dignidad laboral y el desafío de reconstruir los lazos de confianza con las bases.

— Si tuvieras que armar una película sobre tu recorrido como dirigente hasta llegar a la Secretaría General de Utedyc, ¿qué imágenes pondrías en esa película?

— En principio, empecé a trabajar muy joven, gracias a Dios fue en la formalidad, y ahí empezó a surgir esto de conocer un poco mis derechos; yo ya venía con una historia previa de lucha y defensa de los derechos, orientada más a cuestiones sociales. Empecé a estudiar abogacía porque me interesaba esa temática, y un día me pregunté: “¿Qué gremio nos representa? ¿Por qué nosotros no tenemos un representante del sindicato?”.

Ahí empezó mi película como la mala de la historia en el trabajo y la buena para mis compañeros, porque la idea era mejorar las condiciones laborales, las relaciones y tener más conocimiento de lo que teníamos como trabajadores, pero con la espalda del sindicato adentro.

— Si tuvieras que definir a la Ayelén persona frente a la Martino dirigente gremial, ¿cómo las describirías?

— No hay mucha diferencia, porque mi historia siempre fue esta: la defensa de los más débiles o de los sectores más vulnerables. Así arrancó todo desde muy chica; es como algo innato en mí, y la dirigencia surge como algo que llevo en la sangre, no hay mucha explicación. Quizás yo no tomo plena conciencia del lugar que ocupo, pero siento que es necesario que la representación esté todo el tiempo con gestión y con demostración de que las cosas se hagan como se tienen que cumplir.

No hay tanta diferencia, aunque como persona las cosas impactan de otra manera y hay otra sensibilidad. Como dirigente, en cambio, hay que ponerse una coraza para que las situaciones no nos afecten demasiado en el día a día.

— ¿Qué representan la pasión y la convicción en tu carrera como dirigente gremial?

— Todo. Absolutamente todo. No hay forma de explicarlo de manera simple cuando empezás a conocer nuestra historia a nivel mundial, a ver cómo se manejan los grandes poderes, cómo funciona el sindicalismo, lo que ha hecho Perón en la Argentina, todo lo que se ha logrado, cómo funcionan la derecha, la izquierda, la centroizquierda y la política en sí, que afecta directamente en el día a día de la sociedad. A mí eso me generó una pasión indescriptible: saber que tengo que ser parte de esto y poder lograr que todos tengamos las mismas posibilidades, que otros puedan llegar a lugares como el que me tocó alcanzar a mí.

— Ha habido una pérdida de presencia y de compromiso de los gremios en la lucha por la defensa de los derechos y las conquistas laborales. ¿Qué lectura hacés de este momento del sindicalismo?

— Creo que nosotros nos hemos quedado muy quietos por mucho tiempo. Hemos dado por sentado que lo que representamos y lo que somos la gente ya lo conoce y lo sabe. Del otro lado nos pegaban palo tras palo y llegaron a convencer a la sociedad de que nosotros somos los malos y que lo que hacemos está mal.

Cuando hacés recorridas y hablás con los trabajadores, con la gente, entienden que no es así, el problema es que muchos no saben cómo funciona una paritaria, piensan que todo es una decisión arbitraria del gremio, o desconocen su convenio colectivo, o no saben que lo que perciben como salario y los beneficios que tienen a través del sindicato —desde las vacaciones hasta los útiles escolares— están avalados y armados junto al gremio. La sociedad se queda con esa mala imagen porque nosotros dejamos de hacer lo que teníamos que hacer: presencia en la calle y diálogo constante con la gente.

— Asumiste el pasado 23 de diciembre como secretaria general. El compromiso siempre es gestionar para los que te votaron y también para los que no. ¿Hubo alguna situación que te permitió decirte “voy por el buen camino”?

— Hay una lógica en los lugares donde se hace política que dice que el adversario es el enemigo, y yo no creo en eso. Para mí el afiliado es afiliado, estén a favor, en contra, sean opositores o aliados; para mí es indistinto.

Me han tocado dos situaciones puntuales, lamentablemente ambas vinculadas a la salud, con afiliados que habían tenido inconvenientes graves y requerían una respuesta urgente, principalmente mía a través de llamados para activar cuestiones de obra social. Eran dos personas que estaban muy enojadas con nosotros. Logramos resolverles el problema y recibí de su parte un reconocimiento genuino. Es algo muy gratificante, esa sensación hermosa de ver que el otro comprende que no hay mala intención y que sigue siendo parte vital del sindicato.

— ¿Cómo se trabaja desde el gremio en un momento tan complejo marcado por reformas laborales, quitas de derechos, sueldos a la baja y precariedad?

— Sí, me tocó lidiar con la peor época a nivel país. En la primera reunión de comisión directiva mi planteo fue claro: venían por nosotros, venían por la clase obrera, y era necesario no solo salir a la calle para captar y explicar a la gente lo que representamos, sino también armar un esquema sectorizado de trabajo.

Una de las prioridades que fortalecimos fue el tema de los encuadramientos, porque muchas instituciones tenían trabajadores en negro y eso había que cambiarlo sí o sí, sin dudas. Eso terminó generando un efecto dominó: cuando se fueron enterando otros empleados en condiciones no registradas, se comunicaron con nosotros y eso nos permitió ir blanqueando personal en distintas instituciones.

En paralelo, potenciamos la figura de los delegados para tener información directa y bidireccional. Fortalecer el cuerpo de delegados, capacitándolos frente a la reforma laboral y los escenarios que se vienen, es la única manera de sostener la estructura del sindicato y anticiparnos con nuestro cuerpo legal, tanto a nivel nacional como local.

— En este primer tramo de gestión ya cumpliste metas importantes. ¿Qué objetivos te quedan por delante para lo que resta del período?

— Una meta clave ya fue cumplida: en campaña nos pedían una cancha de césped sintético, y eso ya se logró; la terminamos hace muy poquito y la vamos a inaugurar pronto en nuestro Camping de Pérez.

Lo próximo es poner en marcha un centro de formación y capacitación para ofrecer cursos de oficios sobre distintas temáticas que nos van proponiendo nuestros propios afiliados mediante un relevamiento previo. Proyectos tenemos miles: a nivel local la idea principal es afianzar convenios que faciliten el día a día de los trabajadores a través de la Mutual. Queremos seguir creciendo, haciendo política gremial y generando beneficios para los afiliados, todo en paralelo.

— Sos una dirigente muy joven y estás comenzando este camino al frente de Utedyc. ¿Te ves ocupando algún cargo en la política partidaria en el futuro?

— Hoy mi respuesta es un No rotundamente categórico. Para mí, por encima de todo está Utedyc. Yo empecé como una afiliada común y, cuando ingresé a este mundo del gremialismo, me cautivó. Te digo que he pasado situaciones muy duras, y llegar a ser la cabeza del sindicato a nivel local es una meta super cumplida. Hoy no puedo pensar en otra cosa que no sea el gremio que dirijo; estoy fascinada con este recorrido. Eso sí: me encantaría que la política partidaria tuviera dirigentes que realmente nos representen y cuiden a la clase trabajadora.

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