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Filtraciones en Brasil y Argentina: del “efecto democratizante” a la “antipolítica”

La reciente divulgación de un chat entre magistrados federales y funcionarios porteños confabulando políticamente en alianza con medios de comunicación despierta algunos paralelos respecto de los intercambios revelados en 2019 entre el entonces juez Moro y el fiscal de la operación Lava Jato. 

El escándalo generado por la divulgación de chats de jueces, funcionarios y directivos de medios en Argentina trajo a la memoria un antecedente emblemático en Brasil, donde se conocieron conversaciones también realizadas por Telegram entre el entonces juez Sérgio Moro y los fiscales de la Operación Lava Jato, un hecho que tuvo “efectos democráticos” porque derivó en la anulación de las causas del ahora presidente electo Luiz Inácio Lula da Silva, consideraron analistas, quienes alertaron de todos modos que este tipo de filtraciones puede colaborar con la “antipolítica”.

En 2019, el medio digital The Intercept publicó chats entre el entonces juez Moro y el fiscal de la operación Lava Jato, Deltan Dallagnol, entre otros, en los que coordinaron una estrategia conjunta mientras estaba en curso la investigación del caso, algo prohibido por la Constitución y el Código Penal.

Moro, que conducía desde 2014 la causa que reveló una red de corrupción y sobornos entre Petrobras y empresas constructoras contratistas y luego fue ministro de Justicia de Jair Bolsonaro, condenó a prisión a Lula, que por ello quedó fuera de la elección de 2018.

La defensa del expresidente, además de argumentar en contra de la acusación, se valió de las revelaciones de The Intercept para impugnar el proceso judicial ante la parcialidad del juez Moro.

“En algunos casos, las filtraciones tienen el efecto de descubrimiento para la sociedad, que el poder por su propia opacidad no permite que sean de conocimiento público y por ende puede tener efectos democratizantes”, dijo a Télam el politólogo brasileño Claudio Couto.

Para el investigador de la Fundación Getulio Vargas (FGV), las filtraciones que reveló The Intercept “tuvieron ese efecto”, ya que mostraron el vínculo que “había entre el juez y los fiscales”.

“Creo que ese fue un factor decisivo para poder percibir que allí había un problema muy serio de un juez parcial y que terminó derivando en la absolución de Lula”, estimó.

Antes del caso de The Intercept se produjo una filtración de conversaciones entre la entonces presidenta Dilma Rousseff y Lula, pero a diferencia de la primera, la escucha era parte de la causa Lava Jato.

Para el expresidente de la Asociación de Jueces para la Democracia de Brasil Marcelo Semer, se trata de dos ejemplos de filtración “de distinta naturaleza”.

“Las filtraciones de las autoridades son mecanismos de opresión; las filtraciones hechas para mostrar el excesivo poder de las autoridades pueden funcionar como limitación de la opresión”, distinguió.

Más concretamente, la difusión de las escuchas a los dos expresidentes fue “una filtración ilegal practicada por una autoridad pública”, porque “por disposición legal, la información resultante de esta violación de la intimidad (es decir, la escucha) debe limitarse al expediente del caso”, explicó Semer.

Para el especialista, la “irregularidad” estuvo en la difusión -por alguien interno a la causa- de esa información a la prensa y “esa fue una de las conductas que pudieron probar la parcialidad en el juzgamiento”, algo que la corte suprema terminó declarando años después.

El analista consideró que esa información en los medios solo sirvió para “impedir la investidura de Lula como ministro de (la entonces presidenta) Dilma y facilitó el éxito del proceso de impeachment”.

Moro había reivindicado, en cierto modo, la filtración de información confidencial que era parte de causas judiciales ya en un artículo de 2004, cuando recapituló sobre el caso italiano “Mani Pulite” (Manos Limpias).

“Las filtraciones sirvieron a un propósito útil. El flujo constante de revelaciones mantuvo alto el interés público y a los líderes del partido a la defensiva”, dijo Moro en 2004.

En cambio, para Semer, la revelación en The Intercept, con datos recibidos por la prensa por un hacker, “fue obra de una interceptación ilegal, sin orden judicial, pero lo que demostró fue aún más grave: que juez y fiscal conspiraron tomando decisiones juntos en el proceso”.

El juez y el fiscal “discutieron estrategias comunes para el juicio. Estas conversaciones fueron decisivas para el proceso y deberían haber sido públicas”, consideró.

Por su parte, Josué Medeiros, coordinador del Núcleo de Estudios sobre la Democracia Brasilera (NUDEB) de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), también consideró que “las filtraciones sí aumentan la calidad de la democracia”.

“La información de personajes importantes cambia el curso de la historia porque es más que información personal. En este caso, un juez y un fiscal conspiraban contra dos expresidentes cuando en realidad tienen un papel determinado y no pueden conspirar”, dijo el politólogo.

Para Semer, autor del libro Las paradojas de la justicia, lo que “mejoró la democracia fue la decisión del Supremo Tribunal Federal que reconoció la parcialidad de la operación Lava Jato (aunque formalmente no hiciera uso de las interceptaciones)”.

Esto se debe a que, según la legislación brasileña, las pruebas obtenidas de forma ilícita pueden servir para exonerar a un acusado, pero no para condenarlo, por lo que el proceso penal contra el fiscal y el juez no resultó viable.

The Intercept invocó en su momento un principio para publicar la información: “Una democracia es más saludable cuando las acciones relevantes realizadas en secreto por poderosas figuras políticas se revelan al público”.

Madeiros alertó de efectos no deseados de las filtraciones, porque “es información estratégica de países, partidos, instituciones, empresas y siempre tiene consecuencias imprevisibles y devastadoras cuando circula más allá de los círculos previstos”.

Couto también se preguntó por la “responsabilidad de los actores” que no deberían dejar que se filtren escuchas hechas en causas judiciales y los posibles efectos sobre la opinión pública, que puede llegar a tener una deriva a favor de expresiones “antipolíticas”.

“La Lava Jato también acabó generando la percepción de que la política era un tema inmundo y que entonces cualquier tipo de acción antipolítica sería legítima. Eso produjo un efecto antisistema que derivó en la elección de Bolsonaro”, evaluó.

Y estimó que las fugas de información, en la medida en que van produciendo un “cambio de ánimo casi a diario en la opinión pública”, pueden generar “una percepción más negativa” de la realidad.

Para Semer, “es imprescindible proteger los derechos que puedan ser vulnerados, lo que hizo The Intercept, que no publicó conversaciones (con datos) privados”.

Couto recordó que el expresidente Michel Temer fue grabado una conversación en medio de la madrugada con un empresario y eso abonó a su debilitamiento.

“Si el próximo presidente no toma los cuidados debidos, creo que puede tener y muy probablemente tendrá filtraciones”, concluyó.

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