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Una llama, una ciudad y una leyenda: Luciana Aymar encendió el fuego de los Juegos Suramericanos

Hay momentos que no necesitan demasiadas palabras. Una llama que avanza. Una antorcha que cambia de manos. Una provincia que acompaña. Y, finalmente, una figura que recibe el fuego para hacerlo eterno. Eso ocurrió este sábado en el Monumento Nacional a la Bandera, cuando los XIII Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 quedaron oficialmente inaugurados y Luciana Aymar tuvo en sus manos uno de los momentos más simbólicos de la ceremonia: el encendido del pebetero.

Y no fue una elección casual. Fue una rosarina. Una santafesina. Una mujer que llevó durante casi dos décadas la camiseta argentina por las canchas del mundo. Una de las grandes leyendas del deporte nacional. La jugadora que fue elegida ocho veces como la mejor del mundo y que la Federación Internacional de Hockey reconoció como Leyenda del Hockey.

Fue “Lucha” quien encendió el fuego. Y fue Rosario, su ciudad, la que volvió a verla protagonizar una escena que quedará para siempre en la historia del deporte.

El fuego que recorrió Santa Fe

La ceremonia tuvo como uno de sus grandes momentos el recorrido de la llama. La antorcha atravesó distintos puntos de la provincia y fue llevada por hombres, mujeres, trabajadores, deportistas y protagonistas de la vida cotidiana de Santa Fe.

La idea fue contar una historia colectiva: la llama como una posta compartida que representó a una provincia que trabaja, sueña y construye todos los días. Porque el fuego no perteneció a una sola persona. Pasó de mano en mano. Representó el esfuerzo de quienes entrenan, de quienes acompañan, de quienes enseñan, de quienes trabajan, de quienes sostienen clubes, escuelas y comunidades. Cada uno aportó su parte para que el deporte siguiera avanzando.

Esta noche, todo eso se vivió y se palpó en una proyección sobre las pantallas del escenario y de la transmisión oficial que estuvo acompañada por “A rodar mi vida”, de Fito Páez.

Cuando el último deportista que apareció en pantalla entregó simbólicamente la llama al niño que esperaba en escena, comenzó el momento más esperado. La antorcha llegó entonces a las manos de Luciana Aymar. Y el fuego comenzó a iluminar los Juegos.

De Rosario al mundo

Antes de convertirse en una leyenda, Luciana Aymar fue una niña rosarina que comenzó a jugar al hockey a los ocho años en el Club Atlético Fisherton. Seis años después pasó al Jockey Club de Rosario y desde allí comenzó a construir una carrera que la llevaría a convertirse en una de las deportistas argentinas más reconocidas de todos los tiempos.

Con Las Leonas disputó 376 partidos internacionales entre 1998 y 2014. Participó en cuatro Juegos Olímpicos y ganó cuatro medallas consecutivas: plata en Sydney 2000 y Londres 2012, y bronce en Atenas 2004 y Beijing 2008. Fue campeona mundial en Perth 2002 y en Rosario 2010. Ganó seis Champions Trophy y se convirtió en una de las grandes responsables del crecimiento y la popularidad del hockey argentino.

Pero hay un número que explica mejor que ningún otro la dimensión de su carrera: ocho. Ocho veces fue elegida mejor jugadora del mundo por la Federación Internacional de Hockey. Ninguna otra jugadora alcanzó esa cantidad de distinciones.

La llamaron “La Maga”. La compararon con Diego Maradona por su capacidad para gambetear, crear y hacer cosas que parecían imposibles. Y en Rosario quedó grabada una de las imágenes más inolvidables de su carrera: aquel gol ante China en el Mundial 2010, disputado justamente en su ciudad, cuando Aymar atravesó la defensa rival con una jugada que todavía forma parte de la memoria del hockey mundial.

Una nueva manera de representar a la Argentina

Aymar se retiró en diciembre de 2014, después de conquistar su sexto Champions Trophy y cerrar 16 años con la camiseta de Las Leonas. Pero hay camisetas que nunca se dejan completamente. Más de una década después de su último partido internacional, volvió a representar a la Argentina desde otro lugar. Ya no hubo bocha, cancha ni marcador. Hubo una antorcha. Y hubo un pebetero esperando el fuego.

En sus manos quedó concentrada una parte de la historia del deporte argentino, pero también una parte de la historia de Rosario: la de una ciudad que vio nacer a una niña que soñaba con jugar al hockey y que terminó convirtiéndose en una leyenda mundial.

El momento que quedó para siempre

Después de la entrega de la llama, la música cambió. Una niña y Juan Carlos Baglietto interpretaron “Inconsciente Colectivo” mientras Luciana Aymar avanzó hacia el pebetero. Entonces llegó el instante. La llama tocó el fuego. El fuego se elevó. Y el Monumento Nacional a la Bandera fue testigo del comienzo de una nueva historia.

Durante los próximos 15 días, más de 4.000 atletas de 15 países competirán en Rosario, Santa Fe y Rafaela. Habrá medallas, triunfos, derrotas, abrazos, lágrimas, récords y sueños cumplidos. Pero todo comenzó con una llama. Una llama que recorrió Santa Fe. Una llama que pasó de mano en mano. Una llama que representó el esfuerzo de miles. Y una llama que una rosarina llamada Luciana Aymar tuvo el honor de encender. Porque los Juegos comenzaron cuando se encendió el fuego.

Pero el verdadero desafío será que, cuando termine la competencia, esa llama siga viva en cada club, en cada escuela, en cada barrio y en cada chico y chica que vuelva a soñar con ser deportista.

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