Shila Vilker: “Un sector de los jóvenes que acompañó a Milei en 2023 hoy está enojado o desencantado y vemos un clima cambista”
Hace ya varios meses, Shila Vilker, directora de Trespuntozero, una de las consultoras del momento, advirtió que estaba empezando a registrar un fenómeno al menos llamativo: un importante sector de votantes del presidente Javier Milei en 2023 manifestaba en las encuestas cualitativas estar decepcionados de su Gobierno, desencantados, e incluso una porción de ellos aseguraba que no volvería a votarlo. Hoy, sostiene, no es un grupo marginal: los que lo “abandonan” representan al menos 20 puntos de su electorado de aquella segunda vuelta.
Pero el dato más relevante (o sorprendente) es que dentro de este sector hay un nada despreciable porcentaje de jóvenes que expresa críticas y dice estar desilusionado. La economía es el principal problema. Pero Vilker cuenta que en las entrevistas afirman que esa crisis la sienten de manera más dolorosa cuando la ven proyectada en sus padres, más allá de cómo les afecte a ellos.
¿Cuáles son las causas que llevaron a este escenario? ¿Qué consecuencias políticas puede tener de cara a las elecciones de 2027? La investigadora y analista lo responde en esta entrevista con la Agencia Noticias Argentinas.
¿Los jóvenes están abandonando a Milei?
– Si me permitís, tengo que decir que fui una de las primeras que lo vi hace un tiempo, y que ahora ese fenómeno se está intensificando. Pero, no hay que confundirse, porque Milei sigue teniendo proporcionalmente un poquito más de adhesión entre los jóvenes que entre otros segmentos etarios políticos. Aproximadamente 1 de cada 3 jóvenes acompaña al Gobierno, aunque, cuando el Gobierno asumió tenía el aval de un poco más de 2 de cada 3. Hoy tiene un 37% o 38% de los jóvenes argentinos acompañándolo, mientras que un 50% (o tal vez algo más) que lo rechaza. Entonces, sí hay un cambio muy fuerte en lo que respecta al acompañamiento. Ahora, ¿cómo esto se va a trasladar al voto? Nosotros venimos estudiando un segmento muy significativo de jóvenes que en su momento lo votó, pero hoy es crítico. Creemos que es más o menos un 20%, y lo venimos observando en profundidad porque es un núcleo muy importante de jóvenes en el que pueden salir a pescar las otras opciones electorales.
¿Este votante que lo apoyó y ahora lo critica, ¿qué reclama? ¿Por qué se aleja?
– Hay un sustrato de base de malestar económico. Por ejemplo, en el caso de los jóvenes, lo que te dicen es “veo sufrir a mis viejos”. Vemos en las cualitativas que obviamente te hablan de crisis en primera persona, pero viene apareciendo esto de ver el malestar proyectado en sus padres. Y es importante, porque son los mismos pibes que convencieron a sus padres de salir a votar, son los que movilizaron el voto. En los argumentos que nos dan obviamente está el sustrato económico de fondo, pero las elaboraciones son más políticas. Una mayoría nos dice “Milei se volvió casta”, “se volvió más de lo mismo”, “al final son todos iguales”. Es interesante, porque ese mismo fue el argumento de su voto en 2023. ¿Te acordás? Era “si elegimos siempre lo mismo va a volver a pasar lo mismo; votemos algo distinto”. Al “volverse casta”, pierde diferenciación, pierde ese atributo que lo llevó a la Presidencia. Es un argumento muy antipolítico. La antipolítica lo impulsó y hoy se convierte en crítica. También hay señalamientos respecto del carácter de Milei y aparecen frases como “es una persona muy insensible”. No dicen “cruel”, que es una caracterización que hace la oposición, especialmente el peronismo. En realidad hablan de “insensibilidad” con los jubilados o los discapacitados, por ejemplo.
Detrás del uso del término “insensible” y no “cruel”, ¿hay una valoración técnica sobre Milei? Es decir, ¿le valoran que a pesar de esa presunta insensibilidad esté ordenando la macro?
– Es más simple que eso. Dicen directamente que “no se preocupa por los jubilados ni los discapacitados”. No está eso de “si le sale la macro bien, la micro después vemos”. Lo que dicen es “veo a mis viejos al lado mío sufrir”. En resumen, empieza a pasar factura el costo social del ajuste.
¿Cómo puede canalizarse ese descontento de los jóvenes? ¿Quién puede encarnar ese impulso antipolítico?
– Todavía es muy pronto para evaluar nombres…
Si no se puede saber “hacia quién” se puede mover ese voto, tal vez sí se pueda saber “hacia qué”…
– Eso es más interesante, porque yo te decía que un sector de los jóvenes que acompañó a Milei en 2023 hoy está enojado o desencantado, y en la cualitativa vemos con total claridad que hay varios caminos que parecen homogéneos en el punto de partida, pero que se van bifurcando y nadie sabe a dónde van a terminar. Unos te dicen “si mejora la economía, vuelvo”. Otros, “yo no los vuelvo a votar ni loco, al final son todos iguales, así que no voy”. En realidad, no quiere decir que al final no vayan a ir, pero están en una tesitura de mucho rechazo a participar. Entonces, podés tener un problema de movilización. Cualquiera que quiera seducir al electorado va a tener que imponerse sobre este desgano. Después están los que están mirando a ver qué hay cerca. “¿Está cerca el PRO?”. “¿Y Villarruel?”.
¿Miran outsiders?
– En realidad nadie te dice espontáneamente que votaría a un “outsider”, porque la mayoría no termina de entender qué es eso. Cuando lo preguntamos, decimos “alguien que no viene de la política”, y ahí muchos te dicen “es posible”, “puede ser”, “¿cómo quién?”, “no lo descarto”. Hay una disponibilidad a la escucha. También hay un segmento muy pequeño de exvotantes de Milei que va al peronismo. Recordemos que Milei tuvo originalmente un voto que fue de familias filoperonistas, por lo cual no es una locura pensarlo, teniendo en cuenta la transversalidad que había cuando veías la ecología del voto a Milei. Y también hay algunos que miran a Myriam Bregman, no por ser de izquierda, sino por el “nunca estuvo en el poder”, es decir, un voto de carácter antipolítico.
Varias encuestas la tienen a Bregman en torno al 7% de intención de voto.
– Sí, aunque una parte importante de eso lo consigue robándole votos al peronismo. Después hay que ver si esa intención finalmente se concreta. Hay gente del peronismo que te dice “si Cristina y Axel no se ponen de acuerdo, voy con Bregman”. Está claro que cuando las papas quemen, los votos se van a unir para tratar de ganarle a Milei.
¿Ves un escenario polarizado “Milei vs. Anti-Milei”?
– Bueno, siempre los oficialismos ordenan ese primer círculo. Macri no lo logró: se votaba “kirchnerismo sí o kirchnerismo no”. Con todos sus bemoles, hoy el centro del sistema solar de la política argentina es Milei.
¿Qué otra cosa está viendo en las encuestas que le llame la atención?
– Me atrae mucho este fenómeno de los que votaron a Milei y hoy están desencantados, porque eso vale más de 20 puntos… Es una locura. Si eso no te llama la atención, entonces no hay nada que te llame la atención.
Ese 20% puede hacer ganar o perder a cualquiera.
– Totalmente. Todavía no está el tablero claro y es un grupo muy heterogéneo. Ya veremos cómo se organizan las campañas, porque este grupo está ahí como un botín apetecible para todos, incluso para los nuevos emergentes.
¿Los núcleos duros de Milei y del peronismo siguen en torno al 30%? ¿Seguimos en un escenario de tercios?
– Sí, alrededor de 30 puntos, tal vez un poco menos. Sí, seguimos teniendo tres tercios. Pero de fondo lo que vemos es que hay un clima cambista.
Algunas encuestas recientes sostienen que aproximadamente un 57% votaría un cambio. ¿Tiene números similares?
– Tengo los mismos valores. Pero en un sistema electoral como el argentino, aunque haya un clima de cambio, al Gobierno hay que mirarlo con respeto.
Algunos empresarios, por ejemplo, ya están pensando en que Milei sigue cuatro años más. Por ejemplo, la semana pasada el ex Puma Santiago Phelan cerró su fábrica textil y les dijo a sus empleados que él estaba seguro de que Milei reelegía y entonces él no podía seguir sosteniendo esta situación por cuatro años más. ¿Esa percepción se registra en los sondeos?
– No, no es tan claro. Yo creo que hoy el escenario en la Argentina está dominado por la incertidumbre. El Gobierno puede ganar y puede perder, pero no está en las mismas condiciones que en diciembre de 2025 o enero de 2026, cuando parecía que tenía la vaca atada y tenía cuatro años más asegurados. No estamos en ese escenario. Entonces, yo diría: Milei puede dar vuelta este clima adverso que está atravesando, pero hoy la cosa está para el cambio.
Bueno, pero el año pasado también estaba “para el cambio”, y finalmente en octubre ganó…
– Sí, pero en el medio estuvo el rescate de Scott Bessent y hubo muchas cosas inesperadas. Y también entra en juego la paciencia, porque hay poco presente para ofrecer, y en algún momento tuvo mucho futuro, pero hoy las expectativas son un problema. A diferencia de 2025, cuando el electorado tenía todavía muchas expectativas, hoy eso no está. A Milei le está costando dar sentido de porvenir.
