El último pogo del mundo: Rosario se convirtió en una “Misa” eterna para despedir al Indio
A horas del fallecimiento de Carlos Alberto “Indio” Solari, miembro fundador y cantante de “Patricio Rey y los Redonditos de Ricota”, el dolor se transformó en rito. En distintas ciudades del país se convocaron homenajes y encuentros para despedir al músico, citas que terminaron adoptando la inevitable forma de una “Misa Ricotera”. Esa misma tradición que acompañó durante décadas los recitales del grupo musical y, más adelante, los shows solistas del Indio junto a “Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado”, tuvo esta tarde su réplica más emocionante a la vera del Paraná.
Rosario le dijo adiós al Indio: una multitud colmó el Monumento a la Bandera, miles de fanáticos, pertenecientes a distintas generaciones, se congregaron en el emblemático mástil patrio para despedirlo entre cánticos y emociones a flor de piel. Con canciones, banderas y recuerdos de toda una vida, los seguidores del histórico líder transformaron el corazón de la ciudad en un homenaje cargado de mística. Esta despedida popular no hace más que reflejar la enorme huella que dejó el Indio en la cultura argentina y el vínculo único que construyó con su gente.
Lágrimas, abrazos y un legado que viaja de mano en mano
El paisaje en el Monumento conmovía por su heterogeneidad, un reflejo fiel de lo que siempre fueron sus picos de convocatoria. Había amigos y amigas que se abrazaron y lloraron en silencio; otros que cantaron a garganta pelada y padres o madres que compartieron el momento histórico con sus hijos, pasándoles la posta del sentimiento.
“Vinimos con mucha emoción, pensando que esto recién empieza, porque es un legado muy grande que nos deja con sus letras y canciones. Era un grande, un héroe”, decía un fiel con su hija en los hombros, con los ojos vidriosos pero la voz firme.
Unos metros más allá, el espíritu de las míticas “previas” de los recitales se hacía presente en ronda. “El Indio generó todo esto en nosotros: los amigos, los viajes, los recitales… Venimos acá a homenajearlo y despedirlo entre todos”, sumó una joven rodeada por un grupo de amigos que, según contaron, se conocieron justamente en la ruta, yendo a ver al míster.
Entre la multitud, las historias de amor cruzadas por su poesía salían a la luz. Una pareja recordó con nostalgia el día que sellaron su amor en medio de un recital, cuando él le propuso casamiento a ella bajo una lluvia de papelitos y acordes: “Era un artista con todas las letras. Ahora va a ser leyenda”.
El mito que habita en las calles rosarinas
En la ciudad, el recuerdo del Indio no necesita de fechas formales; reside en todos los lugares donde el arte y la cultura popular logran abrirse espacio.
En el asfalto: En los grafitis de las paredes de todos los barrios, en los portones pintados con aerosol y en las banderas que cuelgan cada fin de semana en las canchas de fútbol.
En la red: En la modernidad de las historias de Instagram, musicalizadas a diario con sus inmortales estrofas por pibes que quizás nunca lo vieron en vivo pero lo sienten propio.
El Indio Solari se fue, pero la Misa no termina, cambió de escenario para siempre. El dolor de la pérdida se vuelve canto colectivo en Rosario, con la certeza de que, como alguna vez cantó, las despedidas son esos dolores dulces. Su música ya es eterna, y su gente se encargará de que el fuego nunca se apague.
