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El faltazo de Pullaro que ni el Pastor pudo explicar: En Capitán Bermúdez el mandatario levantó su visita a una iglesia evangélica por una protesta docente

Hay un viejo refrán que dice que “el que se quema con leche, ve una vaca y llora”. En el caso del gobernador Maximiliano Pullaro, parece que el dicho se ha actualizado: el que se cruza con una pancarta docente, enfila para otro lado…

Este domingo, la fe no movió montañas, pero la protesta docente sí movió la agenda oficial, el Salón Auditorio Jubileo de Capitán Bermúdez esperaba al mandatario provincial para un culto de la comunidad evangélica, pero lo que Pullaro encontró en las puertas de la Quinta Cairo no fueron precisamente coros de ángeles pidiendo bendiciones y brazos dispuestos a recibirlo, sino un nutrido grupo de docentes autoconvocados con la garganta afinada para el reclamo.

La cita era a las 19:30, todo estaba listo: las sillas, la comitiva y la expectativa de un baño de masas en un ámbito presumiblemente amigable. Sin embargo, la realidad —esa que se empeña en no ajustarse a las expectativas de una agenda política— se apostó en el ingreso con cánticos, banderas y un rechazo frontal a las políticas salariales que lleva adelante el Ejecutivo de la provincia.

Ante la magnitud del “comité de bienvenida”, y por recomendación de una seguridad que prefiere evitar fotos y momentos incómodos, Pullaro aplicó la máxima de la prudencia: pegó el faltazo. El hombre del millón de votos prometía orden y una gestión en favor de los santafesinos, parece ser que, cuando el termómetro social sube un par de grados en el departamento San Lorenzo, prefiere abrigarse en el calor de las voces condescendientes.

Puertas adentro del recinto, el aire tenía una diplomacia casi mística, al Pastor Alberto Calabressi le tocó la difícil tarea de explicarle a los fieles congregados por qué la figura estelar de la noche se había esfumado como incienso al viento. “La persona invitada, especialmente quien quería venir, postergó su visita hasta un próximo domingo”, anunció el Pastor con una cintura política envidiable.

Pero lo mejor de su arenga vino al final, entre los rumores de “falta de seguridad” que circulaban por los pasillos, Calabressi lanzó una frase que debería enmarcarse en el manual de la ironía santafesina: “Por seguridad se suspendió por lluvia, lo que no se suspende por lluvia es el interés”, en inequívoca alusión al mandatario y apuntando a la disposición especial que siempre tienen los dirigentes cuando son candidatos en tiempos de campaña.

El hecho fue toda una revelación, al parecer, en el Departamento San Lorenzo hubo un microclima donde cayeron gotas que solo mojaron la fría letra de una agenda oficial, porque el resto de los mortales, asistentes al evento, al parecer permanecieron secos o quizás, es contrafáctica la situación a la necesidad imperiosa que tienen los docentes de poder recuperar el poder adquisitivo, esa urgencia que no se suspende ni por lluvia, ni por desplantes oficiales.

La cancelación en la Quinta Cairo no es un hecho aislado, es el síntoma de que la calle se ha convertido en un escenario hostil que empieza a cercar las recorridas del gobernador. Pullaro parece estar descubriendo que gobernar en las redes sociales y con viento a favor, es mucho más sencillo que enfrentar cara a cara a los sectores que hoy sienten el ajuste en sus bolsillos. El mandatario santafesino comprometió su presencia en un acto en Capitán Bermúdez, pero solo dejó una deuda pendiente y una excusa climática que ni el más ferviente de los creyentes se animó a comprar. Amén.

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