¿Prenda de unidad o proyecto personal?: El dilema para un peronismo santafesino que desconfía mucho de los “candidatos de marquesina”
Parece que el 2026 ha decidido adelantarse, no por los logros legislativos o las soluciones a los problemas de la provincia, sino porque ya empezó esa temporada tan nuestra: la de las operetas y las roscas de pasillo. En los últimos días, un desfile de notas periodísticas —tan espontáneas como un discurso guionado— intentan convencer al imaginario peronista santafesino de que el diputado nacional del Frente Renovador, Diego Giuliano, es la “mejor prenda de unidad” que el peronismo de Santa Fe estaba esperando.
El alfil de Sergio Massa, ese dirigente que parece haber nacido con un cartel de neón bajo el brazo, ya está ojeando el mazo para el 2027, desde su entorno intimo se rumorea en susurros que quiere la gobernación. Dicen que es la síntesis de lo que necesita el espacio. Lo que no dicen, pero todos sospechan dentro del PJ, es que su verdadera ideología es, simplemente, ser candidato a lo que sea.
Mientras Giuliano, a su manera y con sus formas, se prueba el traje de candidato, el peronismo deshoja la margarita de las posibilidades con una mezcla de pragmatismo y desesperación. En el menú de opciones figuran nombres para todos los gustos: desde la gestión territorial de Pablo Corsalini, intendente de Pérez, hasta el intento de “operativo retorno” del ex gobernador Omar Perotti, pasando por el despliegue mediático de Roly Santacroce, el intendente de Funes que siempre juega al flechazo de una posible candidatura.
Incluso dentro del partido, todavía quedan algunos románticos que suspiran por un regreso místico de María Eugenia Bielsa, mientras que los más audaces —o quizás los más delirantes— sueñan con la carambola política de las elecciones: lograr “peronizar” a la diputada Amalia Granata. En este ecosistema de incertidumbre, Giuliano intenta sacar pecho, aunque su musculatura política dependa hoy mucho más de deseos e intenciones personales que de los votos propios. El diputado camina hoy por el estrecho desfiladero que separa los distintos sectores que integran el espacio, se mantiene equidistante, como quien no quiere la cosa, mientras las acciones de su jefe político, el ex intendente de Tigre, cotizan hoy en el mercado interno a precio de remate.

Tras la paliza electoral del año pasado, el peronismo santafesino quedó mal herido, con una interna feroz contra la conducción del partido y los espacios de Agustín Rossi, en ese río revuelto, Giuliano intenta pescar una posición ventajosa para el cierre de listas de febrero próximo. Pero el interrogante que sobrevuela la movida, es saber si la misma persigue: ¿la unidad o solo la supervivencia personal?: “A Diego le encanta figurar y no le importa qué ideologías tiene que representar, lo que verdaderamente le gusta es ser candidato más que cualquier cosa; le fascina la marquesina”, soltó con cierto aire malicioso un importante dirigente rosarino a este medio web sobre su posible candidatura.
Para los que tienen memoria de corto plazo, el archivo de Giuliano puede resultar un parque de diversiones, muchos militantes del peronismo todavía mastican bronca con su persona cuando recuerdan aquel 2013, cuando Diego encabezó la lista de Unión PRO Santa Fe Federal junto a Laura Weskamp y Lucas Incicco. En aquel entonces, hasta el mismísimo Carlos Reutemann se había mostrado molesto porque no había dado el visto bueno a ningún acuerdo con el PRO. “Soy justicialista y lo seguiré siendo”, sentenció el Lole entonces. A Giuliano, claro, la advertencia del ex gobernador le importó poco y nada: quizás porque su norte siempre, fue el flash de la cámara.
El General Perón, que siempre tenía una frase para cada contexto, contaba aquella anécdota del perro llamado “León”. “Lo llamaba y el perro venía, pero el General sabía que no era un león, con Giuliano muchos dirigentes reniegan puertas adentro de la fuerza que pasa algo parecido: el PJ lo llama, él viene, pero las dudas pasan por el valor verdadero de sus convicciones partidarias. En la liturgia peronista se reza que “el que traiciona una vez, traiciona siempre”, no es un error, es una decisión de carrera. O como decía el General sobre las distintas clases de lealtades: está la del corazón y está “la de los que son leales cuando no les conviene ser desleales”, una frase que le calza como un guante a quienes usan el PJ como trampolín para sus propios deseos y ambiciones.
El peronismo santafesino no necesita “ni de mesías, ni elegidos, ni mucho menos salvadores”, en este escenario de fuerte incertidumbre, el PJ provincial se debate entre la reconstrucción y la irrelevancia, y por esa razón está obligado a poner en la cancha al mejor candidato, si su deseo es volver a ser competitivo en él 2027. Un nombre que surja de una construcción colectiva que sea lo más genuina posible, y no de ningún dirigente que use la estructura partidaria para saciar una sed personal de protagonismo. La lealtad que “vale es la que nace del corazón” decía Perón, algo que debería convertirse en un mandamiento sagrado del partido, sobretodo, mientras recorre el sinuoso camino hacia el próximo cierre de listas.
