Un Coloso celeste y blanco: 40.000 personas acompañaron a Argentina hasta la plata en fútbol Suramericano
El sol abrasador no fue excusa. Familias de distintos barrios de Rosario, de la región y del país coparon el estadio de Newell’s para acompañar a la Selección Argentina de fútbol masculino, que con el rosarino Franco Domínguez Ávila como titular cayó por penales ante Paraguay y se quedó con la medalla de plata en los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026.
El Coloso Marcelo Bielsa se vistió de celeste y blanco. Desde temprano, familias enteras fueron llegando y encontraron en la cancha de Newell’s un punto de encuentro para acompañar a la Selección Argentina.
Fueron 40.000 personas las que ocuparon las tribunas del estadio Marcelo Bielsa. Una multitud que convirtió al Coloso en una enorme bandera argentina y que acompañó cada pelota como si estuviera jugando en casa.
El sol pegaba fuerte. Muy fuerte. Pero nadie quería perderse la final. La tarde se hizo larga y el calor parecía multiplicarse a medida que avanzaban los minutos. En las tribunas, las camisetas argentinas se mezclaban con banderas, bombos, familias, amigos y chicos que seguían cada movimiento dentro de la cancha.
Y en el campo de juego había un motivo más para sentirse representados: Franco Domínguez Ávila, rosarino, fue titular en la Selección Argentina y disputó la final frente a Paraguay ante una multitud que lo acompañó desde las tribunas.
El partido avanzaba y el gol no aparecía. Los minutos se derretían bajo el sol del Coloso y, con ellos, también se consumía la paciencia. Cada llegada generaba expectativa; cada pelota dividida, un murmullo; cada aproximación al arco, un grito que parecía anticipar el festejo. Pero el gol no llegó.
El empate llevó la definición a los penales y, allí, la tensión se hizo todavía mayor. Las 40.000 personas quedaron pendientes de cada remate. El silencio antes de cada ejecución contrastaba con el estruendo posterior.
Argentina terminó cayendo 5-4 en los penales y se quedó con la medalla de plata.
Hubo tristeza por el resultado, claro. Pero también quedó la imagen de una tarde que difícilmente se olvide: 40.000 rosarinos y visitantes llenando el Coloso, una Selección Argentina jugando una final y una ciudad entera teñida de celeste y blanco.
El resultado dejó la plata. La postal dejó algo más. Una multitud reunida alrededor del deporte, familias compartiendo una tarde de Juegos Suramericanos y un estadio que volvió a demostrar que cuando Rosario se encuentra en torno a una camiseta, la fiesta también se juega en las tribunas.
Y esta vez, el Coloso fue celeste y blanco.
