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La paradoja de Scaglione: pacificó a Rosario en las tapas de sus medios y huye de la ciudad por la inseguridad que ocultó

Durante meses, las tapas de diarios y los zócalos de televisión nos venían vendiendo un guion digno de postal alpina, según el afinado aparato mediático conducido por el multimedio El Litoral S.A. y el diario La Capital, en perfecta sintonía con el blindaje provincial montado para la gestión del gobernador Maximiliano Pullaro, Rosario transitaba por una inédita paz, casi de rasgo pastoral.

Las balaceras, los robos que siguen siendo cotidianos tierra adentro de los barrios rosarinos y la violencia que aun persiste en muchos suburbios de la city parecían haber sido barridos de escena y escondidos prolijamente debajo de la alfombra de la pauta publicitaria. Para el vecino de a pie, la narrativa oficial dictaba que la ciudad se había transformado en un oasis libre de todo peligro. El pequeño detalle (no menor) es que el propio dueño del mayor conglomerado de medios de la provincia, decidió armar rancho aparte lejos de Rosario.

La grieta en esta comedia dramática la abrió sorpresivamente la propia tropa mediática, fue el periodista Roberto Caferra quién, al aire en su programa Radiópolis por Radio 2 —integrante del mismísimo conglomerado de medios de Scaglione—, soltó la bomba sin anestesia: su propio patrón decidió armar las valijas y mudarse a Buenos Aires, aconsejando además a sus familiares directos que abandonaran el país.

Según reveló el periodista, el empresario sentenció una frase lapidaria: “No vuelvo más a Rosario hasta que me garanticen seguridad”. El conductor intentó matizar semejante sentencia del empresario adjudicándola a la guerra entre clubes de la ciudad y a las recientes amenazas sufridas en las inmediaciones del Coloso Marcelo Bielsa, pero el diagnóstico sobre el verdadero clima de la ciudad ya había quedado al desnudo.

Como era de esperarse, el dantesco espectáculo del magnate huyendo del paraíso que sus propios periodistas promocionan no pasó desapercibido. Quién no tardó en fijar postura sobre el caso fue el exministro de Seguridad provincial, Marcelo Sain, quien desde su cuenta de X disparó con su habitual acidez: “Ahhhh, bueno. Pero ¿no es el dueño de los medios que vociferan que Rosario es un cantón suizo? No entiendo nada”, posteó con suma picardía.

Ahí radica el corazón de la paradoja generada, resulta que el blindaje mediático es una herramienta extraordinaria para adormecer las tapas de los diarios, pero lamentablemente ineficaz para frenar las balas de la realidad. El imperio informativo de Scaglione y el relato oficial pueden empeñarse en disfrazar a la Cuna de la Bandera como una pacífica villa helvética, pero la realidad, siempre terca, se termina colando por los ventanales de las propias oficinas corporativas.

Al final del día, la moraleja que flota en el aire rosarino es tan trágica como disparatada: los medios nos juran que Rosario es el lugar más tranquilo del mundo, pero la única garantía real de seguridad que encontró su dueño fue poner el GPS de su auto rumbo a la autopista que lo lleve a Buenos Aires.

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