La dama del enigma: Amalia Granata y el arte de quitarle el sueño al poder

Amalia Granata está poniendo lindo su propio partido, no es por coquetearía electoral ni por aburrimiento parlamentario, sino para que, llegado el momento, pueda saltar a la cancha de la competencia con herramienta propia, sin pedirle prestado un sello a nadie. Mientras eso ocurre, en los pasillos del poder provincial ya la miran de reojo y muchos tragan saliva, en este escenario de tercios —o de vaya a saber cuántas fracciones—, donde el desencanto con la gestión oficialista compite palmo a palmo con el enojo hacia un gobierno nacional de bolsillos raídos, crisis diaria y familias que se endeudan solo para pagar otras deudas, el futuro electoral es un mapa en blanco. Con las expectativas de la sociedad en franca baja, pretender predecir lo que va a pasar en el 2027 equivale a jugarse todo a un absurdo pleno queriendo ser Parravicini o Nostradamus, pero con nulas probabilidades de éxito.
Pero mientras algunos medios amigos del poder intentan instalar operaciones para bajarle las acciones, Amalia optó por la estrategia del silencio, nada de engancharse en el conventillo de los rumores; la legisladora prefirió enfocarse en cumplir con su compromiso con los santafesinos, canalizando toda su energía en una labor parlamentaria de una densidad productiva que generaría celos en más de un “cuadro político”. Granata exhibe un diferencial que desconcierta a la casta provincial, conoce perfectamente sus fortalezas y le importa literalmente un bledo el “qué dirán”, entiende, con un pragmatismo envidiable, que las salpicaduras de los ataques mediáticos son simplemente parte de las reglas del juego cuando se decide caminar por el barro de la política.

¿Qué pasaría entonces si Granata decide finalmente jugar por la gobernación en el 2027? Sencillo, patearía el tablero y reconfiguraría de punta a punta el mapa electoral santafesino, porque hablamos de una jugadora con poder de fuego en las urnas. Aún con la famosa Reforma Electoral “a la santafesina” cocinándose en ciernes, la periodista orejea sus cartas con la frialdad de quien sabe que en su mazo se encuentra el naipe ganador. Si la diputada decide participar en las elecciones del año próximo por la gobernación, uno de los más perjudicados sería el propio Maximiliano Pullaro, quien vería erosionarse drásticamente cualquier sueño de reelección. Quizás ahí radique la explicación de esas continuas notas en los medios que intentan pegarla a La Libertad Avanza, buscando con eso bajar su cotización y despojarla de ese halo de “lucha en solitario” contra todos y contra todo, que tanto la ha distinguido desde su irrupción en la política. Pero para desgracia de los redactores de operetas, la referente de Somos Vida jamás aceptó etiquetas que la limiten; ahí, precisamente, atesora su mayor capital.
Para Amalia, el oficialismo actual representa un límite político, más aún tras los cruces volcánicos que mantuvo en la Legislatura con el estratega radical del mandatario, Felipe Michlig, en una escalada de enfrentamientos que alcanzó oportunamente niveles irreconciliables. Por si fuera poco, su rechazo al oficialismo se alimenta también por el recuerdo fresco de varios diputados que le deben a ella – su banca y su modesta celebridad- pero que de la noche a la mañana prefirieron “vender el alma” a cambio del formar parte de la alianza gobernante.

Ni salto acrobático a las fuerzas del cielo ni mucho menos, un retiro al ostracismo, Granata medita cada uno de sus movimientos con la precisión obsesiva de un relojero suizo, sabe muy bien que apurarse puede ser inconducente, su norte está puesto en el 2027 y, para temor de sus detractores, la Cámara de Diputados le está quedando chica. Mientras el peronismo “no K” sueña, con las cuentas de un Rosario en la mano, poder sumarla a sus filas y el oficialismo reza con unción para que no sea candidata, las conjeturas se multiplican como “los panes y los peces” de las páginas de la Biblia. “Granata podrá ser en política lo que ella quiera”, sentenció hace bastante tiempo a este medio un avezado dirigente provincial y en esa frase se condensa, quizás, el secreto mejor guardado de toda esta historia por venir.
“Nada por aquí, nada por allá” – por ahora, Amalia juega con el misterio, y en este año preelectoral, con eso le alcanza y le sobra para que generar mucho ruido y preocupación entre los fontaneros del poder. “La que puede, puede”, supo soltar ella misma con pura ironía y picardía alguna vez en plena sesión de la Cámara de Diputados y viendo cómo se mueven a su ritmo – a pesar de ella- las piezas del tablero político santafesino, esa frase suya se convierte en una certeza existencial, que a los dirigentes que pugnan por llegar a la Casa Gris puede ser capaz, hasta de quitarles el sueño…
