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Pullaro ubicó a Bolsonaro como “presidente legítimo” del país vecino y salió del “furcio” apelando a la UCR

Hay una máxima no escrita en la diplomacia provincial que dice que, si no querés meterte en la política exterior, lo mejor es no inventar un nuevo presidente para el país vecino. Maximiliano Pullaro quiso aplicar la táctica del esquive elegante para no opinar sobre el panorama brasileño, pero terminó protagonizando un papelón diplomático de colección: declaró sin ponerse colorado que Jair Bolsonaro es el “presidente legítimo” de Brasil.

La definición tomó por sorpresa a más de uno, sobre todo porque en el mapa de la realidad Lula da Silva acaba de ser reelegido presidente tras imponerse en el balotaje del 25 de octubre frente a Flávio Bolsonaro —hijo del ex mandatario, quien actualmente cumple condena en prisión—. Ante semejante geografía alternativa, la repregunta periodística no tardó en llegar para ver si se trataba de un despiste o de una revelación geopolítica.

Acorralado por su propio furcio, el gobernador santafesino intentó ensayar un escape apelando al baúl de los recuerdos partidarios. “Yo soy un hombre que vengo de la Unión Cívica Radical, se pueden imaginar por quién hubiese apostado”, respondió para salir del paso. Así, entre la nostalgia boina blanca y la gambeta verbal, terminó dejando entornada la puerta de su preferencia por la derecha brasileña, mientras el fantasma de la diplomacia radical se preguntaba en qué momento el partido de Yrigoyen se volvió simpatizante del bolsonarismo.

Notando que el terreno se ponía resbaladizo, el mandatario decidió aplicar el clásico cambio de frente y refugiarse en el pragmatismo económico. “Brasil es nuestro principal socio comercial y estamos muy contentos de reactivar las relaciones comerciales”, señaló para recordar que, más allá de quién ocupe el sillón del Planalto en su imaginario, el intercambio bilateral es lo único que mantiene ocupados a los puertos santafesinos.

Para cerrar la faena de la distracción, Pullaro cuestionó que la agenda pública se enredara en discusiones sobre líderes extranjeros cuando la coyuntura local quema. “En Santa Fe tenemos problemas de seguridad aún, más allá de que estamos mucho mejor, tenemos problemas de empleo y la gente no llega a fin de mes”, remató. Una gran verdad cotidiana que, de paso, sirvió para archivar el atlas presidencial y rogar que en Brasilia nadie estuviera escuchando la conferencia de prensa.

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