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Central ganó, goleó y gustó en su paso por Venezuela y se afirma en la punta de su grupo e la Copa

La victoria de 3 a 0 en Caracas no solo ratifica el buen momento de Rosario Central en esta Copa Libertadores —sumando su segunda victoria consecutiva fuera de casa—, sino que muestra a un equipo que sabe sufrir y capitalizar sus momentos de lucidez.

Luces y sombras en el funcionamiento: El análisis del partido deja una dualidad clara, durante el primer tiempo, el equipo de Almirón mostró una preocupante irregularidad; lapsos de imprecisión y errores individuales en la salida (especialmente en Di María e Ibarra) expusieron al Canalla ante un rival que, aunque menor, supo inquietar. La dependencia de la pelota parada para abrir el marcador contra una defensa cerrada es un recurso táctico necesario, pero el equipo evidenció desconexiones defensivas que, en instancias más avanzadas del torneo, podrían costar caro.

Puntos clave del triunfo:

Fue un acierto la forma en que Central leyó el segundo tiempo. Con el marcador a favor, el equipo empezó a explotar los espacios a la espalda de la defensa rival, transformando la posesión en profundidad.

Resulta innegable que, pese a la diferencia de tres goles, la actuación de Ledesma fue fundamental. Ese remate en el palo de la UCV pudo haber cambiado el trámite del partido y meter al rival en juego; la seguridad del arquero fue el pilar que evitó que el equipo pasara zozobras innecesarias.

La gestión de los cambios y la capacidad de encontrar profundidad con jugadores como Copetti (quien cerró el marcador) demuestra que el plantel tiene profundidad y variantes para liquidar partidos cuando el rival se desordena.

El resultado es inmejorable, liderar el grupo con 7 puntos, superando a Independiente del Valle por diferencia de gol, encamina la clasificación a octavos de final. Central ha demostrado que tiene el oficio necesario para jugar partidos de copa, combinando momentos de buen fútbol con una efectividad contundente. El desafío para las próximas fechas será mantener la concentración defensiva durante los 90 minutos y corregir esos baches de imprecisión que, por ahora, han sido compensados por la jerarquía individual.

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