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“En cualquier kiosco te ofrecen droga”: El crudo relato de un padre tras la trágica muerte del menor en la escuela de San Cristóbal

Tras la tragedia que terminó con la vida de un menor en manos de un compañero, el testimonio de un padre de la institución educativa pone el foco sobre la inacción de las autoridades escolares y políticas. Señalan que existe un contexto de violencia creciente, desprotección y falta de respuestas ante advertencias previas.

El dolor y la impotencia dominan por estas horas las calles de San Cristóbal tras el trágico suceso ocurrido en una de las instituciones educativas de la ciudad, mientras las autoridades intentan reconstruir los hechos, las voces de la comunidad educativa comienzan a alzarse, no solo para pedir justicia, Según sus palabras, las quejas no se agotaron en los directivos del plantel, sino que escalaron hasta la Regional de Educación, donde tampoco obtuvo respuestas concretas.

En una entrevista brindada a PlayTV de Esperanza, un padre de una alumna de la escuela —quien prefirió preservar su identidad por temor a cualquier represalia, pero cuya indignación resultó evidente— lanzó duras críticas hacia la gestión del conflicto dentro del establecimiento.

El testimonio es desgarrador y cargado de enojo, según el relato del papá consternado, la tragedia no fue un hecho aislado, sino la consecuencia de un clima de violencia que ya se venía gestando: “Esto se pudo haber evitado, hay un bullying tremendo por todos lados, la vez pasada le desfiguraron la cara a una nena y nadie hizo nada”, sentenció ante los micrófonos dejando al descubierto su bronca por lo sucedido.

Lo más alarmante de la declaración radica en la supuesta desidia institucional, el hombre aseguró haber asistido a la escuela hace apenas dos semanas para alertar sobre la situación que atraviesa su propia hija, quién también es víctima de acoso: “Vine a decir el tema del bullying y nadie me escuchó, me trataron como si fuera un quilombero, y mi hija tiene todos diez. No soy un quilombero, vine a decir las razones y se me rieron en la cara.”, denunció y aseguró que sus quejas no se agotaron en los directivos del plantel, sino que escalaron hasta la Regional de Educación, donde tampoco obtuvo ninguna respuesta.

Para este padre, el problema en San Cristóbal excede los muros de la escuela y se traslada a la realidad social de la ciudad porque afirmó que el nivel de violencia se ha generalizado a tal punto que el uso de armas y el acceso a estupefacientes es moneda corriente: “En un kiosco cualquiera te ofrecen droga, eso es lo que está arruinando todo y nadie hace nada”, manifestó y de inmediato agregó sobre el contexto que rodeaba al niño agresor: “la violencia es una cadena que afecta a todos, sugiriendo que el entorno de hostilidad era total y conocido por la comunidad”.

El relato del momento posterior al incidente refleja la desesperación de las familias, el padre describió escenas de pánico donde los docentes, en medio del protocolo de evacuación, trasladaron a los alumnos a la plaza local, dificultando el reencuentro de los padres con sus hijos: “Estaba desesperado porque no la encontraba”, recordó sobre los minutos de incertidumbre vividos tras el trágico hecho.

A continuación, compartió la preocupación sobre el futuro de una comunidad pequeña donde las víctimas y los victimarios deberán convivir a diario: “Somos 14.000 acá, nos vamos a cruzar por la vereda con los otros padres agresores, con los padres que están llorando. ¿Cómo seguimos? Es muy feo lo que pasó”, enfatizó para terminar. La justicia deberá ahora determinar las responsabilidades penales del caso, mientras que el Ministerio de Educación enfrenta el enorme desafío de explicarle a la sociedad santafesina por qué las alertas previas de los padres no fueron suficientes para prevenir el fatal desenlace.

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