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Santa Fe al compás del clima de época: la encrucijada del oficialismo, la incógnita violeta y el peronismo en su laberinto

Por Sergio Alcázar

La política en Santa Fe se mueve al compás del clima de época, de cara al 2027, todos los tableros analíticos coinciden en que la provincia encamina sus fichas hacia un ineludible escenario de tercios. Sin embargo, en el teatro de operaciones de la Casa Gris, la realidad se teje con mucho sigilo tras las bambalinas del poder.

Se gestionan acuerdos en las sombras entre la gestión de Maximiliano Pullaro y La Libertad Avanza (LLA), emparentados por el guiño que los legisladores del mandatario santafesino estarían dispuestos a dar en el Congreso nacional para derogar las PASO. Aquí emerge la primera contradicción del destino: en suelo provincial, el referente del “espacio Evolución” exalta el valor de las primarias para dirimir las “diferencias” internas dentro del frente Unidos, el conocido refrán popular “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago” calza de maravillas para retratar la ambivalencia estratégica que incurre él oficialismo.

En ese intercambio de favores, LLA devolvería la cortesía presentando candidatos de baja intensidad en la contienda electoral por la gobernación. El error de cálculo de los estrategas que diseñan estos pactos radica en una premisa básica del sistema representativo: los acuerdos de cupulas jamás se trasladan automáticamente al electorado. Menos aún en un territorio caracterizado por un electorado muy particular que “te quita el respaldo con la misma vertiginosa soltura con la que lo concede”.

Como para muestra alcanza con un botón: en las elecciones intermedias de octubre de 2025, un casi desconocido Agustín Pellegrini sacó más del 40% de los sufragios, desplazando al oficialismo provincial —y al despliegue publicitario respaldado por el propio Pullaro junto a Gisela Scaglia— a un incómodo tercer lugar. Ante un votante marcadamente disruptivo como el libertario, representa un mero deseo ingenuo asumir que alterará su preferencia hacia el actual gobernador; la ciudadanía vota por una marca o un sello ideológico, con absoluta independencia de los nombres propios que figuren en la boleta.

Compartiendo “la misma pecera electoral”, la recolección de sufragios entre Unidos y LLA derivará en una disputa abierta de desgaste. En esa contienda por “el favor del voto” influirá de manera determinante la marcha de la economía nacional, factor clave para que los simpatizantes de la marea violeta ratifiquen la confianza hacia Javier Milei en las urnas. En simultáneo, resta ver si el mandatario provincial logra contener la sangría de apoyos sufrida durante los dos últimos años, aunque las firmas consultoras afines procuren proyectar números auspiciosos, el humor social en la calle deja escaso margen para el optimismo desmedido de cara al momento en que el cuarto oscuro convoque a los santafesinos.

En la trastienda de la coalición gobernante, donde “los arquitectos” del espacio proyectan los posibles desenlaces, la candidatura de Pullaro no constituye una certeza absoluta: “Si los números de las encuestas no lo acompañan, Maxi se va a preservar”, confiesa a este medio web – bajo rigurosa reserva- un encumbrado dirigente de Unidos. El análisis no carece de sustento: en los últimos meses, la diputada nacional y ex vicegobernadora Gisela Scaglia ha protagonizado una nutrida incursión mediática tanto en los medios tradicionales como en redes sociales, aun habiendo atravesado algún dislate público a raíz de aquella recordada jornada de relajación en un spa para no dar quorum a una de las sesiones legislativas más importantes del Congreso.

En el otro extremo del espectro político, mientras LLA y el oficialismo santafesino atraviesan esa convivencia teñida de amor y odio calculados, el peronismo lidia con sus propios contrapesos. La prometida unidad partidaria resuena por ahora como una letanía distante, condicionada por el choque de personalidades, desacuerdos históricos no resueltos, egos complejos de encauzar y una tranquera partidaria que no termina de abrirse de par en par para contener a la totalidad de las expresiones del imaginario justicialista.

En la antesala de las definiciones formales —donde el mes de diciembre suele exigir consensos avanzados para la conformación de listas—, diversos sectores lamentan la falta de señales claras o de aquel “humo blanco” partidario que garantice a las partes la sensación de pertenecer a un proyecto integral: “lo colectivo por sobre lo individual” se recita internamente a modo de mantra para retornar al sillón de Brigadier López. Tras el antecedente de “la unidad en la diversidad” utilizado en 2019, el actual presidente del partido, Guillermo Cornaglia, encabeza febriles gestiones para articular la alquimia política que devuelva al PJ posibilidades ciertas en la contienda provincial.  

El abanico de nombres en danza vuelve a reiterarse en las filas de la oposición: El diputado nacional Diego Giuliano recorre el mapa provincial bajo el aval de Sergio Massa; su par en la Cámara baja, Germán Martínez, expresa similares intenciones de figurar en la grilla de largada; la exsenadora María de los Ángeles Sacnun alterna presencias territoriales con rondas de diálogo junto a sectores de la producción; el intendente de Funes, Roly Santacroce, busca proyectar su modelo de gestión local al plano provincial; y el senador Marcelo Lewandowski, bajo un velo de hermetismo habitual, evalúa una nueva postulación a la gobernación. A esa nómina sigue estando latente la figura del empresario vinculado al sector del biodiésel, Federico Pucciariello, como eventual alternativa dentro del armado justicialista.

Así, el escenario político santafesino se asemeja a una partida de ajedrez donde las tres principales fuerzas avanzan presas de sus propios dilemas internos. Por un lado, el oficialismo provincial sufre el desgaste del ejercicio del poder y tropieza una y otra vez en su intento por reconectar con la empatía de parte de una ciudadanía que se muestra desilusionada y que percibe la gestión como un despliegue de cálculo frío distanciado de sus urgencias cotidianas.

Por el otro, La Libertad Avanza por ahora opta por jugar a las escondidas, amparándose en el misterio táctico y manteniendo guardados a los nombres que saltarán a la cancha, confiada en que el poder de su marca nacional alcance para suplir la falta de figuras de peso propio en el territorio santafesino. Mientras tanto, el peronismo inmerso en discusiones de trinchera e inconducentes egoísmos sectoriales, posterga una vez más la definición de una estrategia colectiva unificada, corriendo el riesgo de convertirse en un mero espectador en la elección del año próximo. En ese contexto de indefiniciones, la única certeza en Santa Fe es que la sociedad ya no firmará cheques en blanco y juzgará a los candidatos, no por la audacia de los pactos de cúpula, sino por la capacidad real que tengan para responder con premura a su desencanto.

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