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Michlig/Enrico y la danza del “fuego amigo” en Unidos: la interna que Pullaro no puede apagar y que complica su futuro político

Por Sergio Alcázar

En el jardín de infantes de la política santafesina, el gobernador Maximiliano Pullaro acaba de descubrir que el manual de “paz y amor” de Unidos tiene las páginas pegadas, mientras el mandatario intenta proyectar la imagen de una gestión técnica, austera y previsible, dos pesos pesados de su tropa—el “padre político” y el “hijo pródigo” de la obra pública— decidieron que el Senado era el mejor lugar para sacar los trapitos al sol.

Todo comenzó cuando el Senador Felipe Michlig, el histórico caudillo del departamento San Cristóbal, se sintió ofendido por supuestas discrecionalidades en la entrega de viviendas, no solo pidió informes a la Dirección de Vivienda, sino que activó el poco recomendable “modo drama” y confesó, entre suspiros, que se arrepiente de haber avalado la licencia de Lisandro Enrico. Traducido a la jerga política: “Te di el permiso para ir a jugar al Ministerio, pero como no me terminas las casitas en mi barrio, quiero que vuelvas a sentarte a mi lado donde te pueda vigilar”. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia…. Es fascinante observar cómo la institucionalidad en la provincia se reduce a una cuestión de afectos heridos. Michlig, que ha visto pasar más gobernadores que presupuestos, parece no tolerar que el área que orbita bajo Enrico no tenga como único GPS las rutas del norte.

Pero si Michlig puso el fósforo, Enrico trajo el bidón de nafta, lejos de acatar la orden de Pullaro de “bajar el perfil” dela discusión , el Ministro de Obras Públicas salió a repartir sutilezas por radio, no solo le recordó a su “correligionario” que San Cristóbal es, paradójicamente, uno de los departamentos con más inversión en obras, sino que le soltó la frase que quedará grabada en el bronce de la interna: “Michlig no está a la altura de un dirigente provincial”. Ahora sácala del ángulo pareció decirle el referente del Departamento General López al histórico legislador provincial.

Felipe Michlig y Lisandro Enrico, reunidos en otros tiempos de bonanza de la relación entre ambos.

Enrico en el mientras tanto sugirió a su correligionario que, antes de montar un show en el recinto, Michlig podría haber “levantado el teléfono”, como si ese hecho tratara de una idea revolucionaria para la política moderna, aparentemente algo “venía oliendo mal en Dinamarca”, no conforme con la arremetida el ministro tildó de “injusto e irrespetuoso” el trato del senador hacia Leticia Di Gregorio, dejando al descubierto un toque de caballerosidad entre tanta disputa política y hasta hubo lugar para un carpetazo de asfalto, cuando Enrico recordó que están por adjudicar una ruta carísima en la zona de Michlig y con mucha picardía sentenció: “Te estamos pavimentando el patio y encima te quejas por unas casas”, nada más que agregar, señor juez….

Lo más irónico de toda esta pelea de egos es que ambos dicen proteger la gestión de Pullaro, Michlig desde la paternidad política y Enrico desde la eficiencia ejecutiva. Sin embargo, en este fuego cruzado, el gobernador queda en el medio de un tiroteo entre su referente histórico y su ministro más vidrioso. Enrico denuncia que los enojos de Michlig son “repentinos” y habituales, Michlig por su parte acusa a Enrico de ser un “favoritista” y mientras ellos miden quién tiene la chequera más larga o el despacho más importante, los santafesinos asisten a este espectáculo de internismo explícito.

Si esto es lo que sucede cuando están “Unidos”, no queremos imaginar lo que pasaría si estuvieran “peleados”, por ahora, la gestión parece una cena familiar de un día domingo en una familia numerosa donde alguien mencionó imprudentemente una herencia, antes de servir el postre. Más allá de los pases de factura personales, este duelo de artillería pesada entre Enrico y Michlig es el síntoma inequívoco de un barco cuya estructura empieza a crujir: la fachada de acero de Unidos muestra sus primeras grietas que resultan difícil de disimular.

Con el calendario electoral de 2027 respirándoles en la nuca y las encuestas que ya no devuelven las sonrisas de la luna de miel pasada, la unidad partidaria ha mutado en una carrera desesperada por llegar primero al bote salvavidas. Las disputas por un puñado de viviendas o una licitación de asfalto no son más que el pretexto para marcar territorio ante una evidente fuga de votos que amenaza con dejar a varios a la intemperie. En este escenario de naufragio inminente, la lealtad al proyecto colectivo ha sido arrojada por la borda; la prioridad de los dirigentes para estos convulsionados tiempos ya no es gobernar en conjunto, sino asegurarse salir lo más ilesos posibles cuando las urnas deciden el destino de las carreras políticas de los unos y los otros.

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