Divide y reinarás: El gobernador busca que la Reforma Electoral sea “un traje a medida” de su reelección
De las mieles del millón de votos a la sutil ingeniería del “vale todo”, el radicalismo santafesino diseña su propio salvavidas electoral frente a un contexto que se muestra desfavorable en el rubro “apoyos”. Houston, estamos en problemas o para ser más precisos en la geografía del poder provincial, en los despachos de la Casa Gris se ha encendido una luz de alerta roja. La realidad, esa implacable destructora de ficciones, suele contradecir con cierta saña las presunciones que se construyen con tanto esmero en los “pulcros laboratorios” de las expectativas políticas.
El presente electoral de Maximiliano Pullaro dista años luz de lo que supo ser en aquellos días de gloria, ya no quedan rastros de aquel mágico millón de votos, ni resuenan los vítores de una épica que el oficialismo creyó que era blindada y eterna. El panorama actual está signado por una persistente incertidumbre alimentada por los últimos resultados electorales adversos y revertir una tendencia decreciente en las urnas es una tarea titánica: un candidato que pierde apoyo en cada cita con el cuarto oscuro arrastra consigo un desgaste estructural de credibilidad que ningún avezado aparato comunicacional puede maquillar con éxito asegurado.
Para lograr un cambio real en la percepción de los votantes, el gobernador necesita con urgencia una reestructuración radical, una narrativa fresca que vuelva a entusiasmar, o bien recurrir a la receta de propiciar nuevas alianzas —allí es donde juega la obvia necesidad de sumar a La Libertad Avanza al frente Unidos. Pero como las matemáticas de la política no son siempre lineales y la enorme sangría en el rubro apoyo popular sufrida en tan solo dos años de gestión generó alarmaen propios y extraños , las ínfulas de éxito de entonces han dado paso a un frío y medido cálculo de supervivencia.

La irrupción de la marea libertaria, el peligro siempre latente del regreso a la unidad del peronismo y los persistentes rumores sobre una candidatura a la gobernación de Amalia Granata atentan directamente contra las chances de triunfo del frente gobernante. En este escenario complejo, la máxima atribuida tanto a Julio César como a Maquiavelo, “divide y reinarás”, se convierte en la única directriz que les queda para fragmentar a la oposición tanto como se pueda y revalorizar así, los votos que aún se tiene.
¿Alcanzará solo con eso? Como nadie se atreve a poner las manos en el fuego sobre el devenir de los hechos, es ahí donde la Reforma Electoral —particularmente la presentada por la Unión Cívica Radical— se torna en la herramienta más útil del oficialismo para que todos los espacios de Unidos terminen abrevando forzosamente a la misma causa: la del gobernador.
El proyecto en cuestión es calificado por el abogado especialista en Derecho Electoral, Jorge Zárate, como “un catálogo de malas prácticas electorales”. Según el letrado, detrás de un maquillaje institucional, la iniciativa asoma como una novedosa especie de “Ley de Lemas”, aquella misma que Hermes Binner trabajó incansablemente para derogar hace dos décadas en un histórico acuerdo ético con el entonces gobernador peronista, Jorge Obeid.
El truco de la reforma radical busca que todas las listas del espacio tributen obligatoriamente votos a la candidatura de Pullaro, convirtiendo a las demás fuerzas en meras colectoras y que quedarían materialmente huérfanas de candidaturas propias. Pero la “receta” para garantizar la reelección ha desatado desde ya fuerte resistencia en el corazón de la alianza oficialista, allí el Partido Socialista, histórico socio en el frente, no está dispuesto a entregar sus banderas morales e ideológicas sin dar la correspondiente batalla.
“No somos el PDP”, advirtió con firmeza a este medio un encumbrado referente del partido de la rosa, dejando bien en claro que el Socialismo no será arreado a una estrategia que vulnere sus principios, dogmas e ideales. La advertencia no es una declaración abstracta; cuenta con un respaldo numérico real: el espacio cuenta con 14 diputados propios en la Legislatura provincial, una tropa que le otorga el poder de fuego suficiente para imponer condiciones en el marco de la Reforma Electoral.
Cuando los oficialismos pretenden modificar las reglas electorales antes de los comicios -salvo excepciones, que las hay- es porque los números no están claros y necesitas perjudicar a los contendientes. Pero a veces no es suficiente…
— Oscar Blando (@oscarblando1) July 13, 2026
El momento de flaqueza electoral del Ejecutivo provincial queda resumido con precisión quirúrgica en un reciente posteo en X del reconocido constitucionalista Oscar Blando: “Cuando los oficialismos pretenden modificar las reglas electorales antes de los comicios —salvo excepciones, que las hay— es porque los números no están claros y necesitas perjudicar a los contendientes. Pero a veces no es suficiente…”, expresó el abogado de manera contundente.
La frase de la jurista desnuda el verdadero motor que empuja la insistencia del radicalismo por la iniciativa: el miedo al veredicto de las urnas cuando el viento a favor ya ha dejado de soplar. Pero lo que más delata esta urgencia de forzar las reglas del juego a mitad de la historia: es debilidad y a veces, ni siquiera toda la ingeniería electoral que se dispone resulta ser suficiente para lograr convencer a una ciudadanía santafesina que – parece ser – hace un buen rato ya empezó a mirar para otro lado.
