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El genio que nunca descansa: Cumple 75 años Charly Garcia, amo y señor del rock nacional

Tres cuartos de siglo en la historia de la humanidad es nada. Pero 75 años en la de nuestro país, que apenas va por los 210, es un montón. Y sí, «un montón» le cabe perfectamente como definición a Charly García, que este viernes 23 llega a sus 75 octubres. Porque un montón es la obra inconmensurable que nos legó. Un montón es la trascendencia que cobra en el pecho de cientos de miles de personas que crecieron, sufrieron y amaron con sus canciones. Un montón es lo que se escribió y se dijo sobre él. Y porque un montón, en definitiva, fueron tanto sus gloriosos logros musicales como sus legendarios escándalos.

Hablar de la «banda sonora de tu vida» suele sonar a cliché gastado, pero cuando se trata de Charly García la frase cobra una verdad absoluta e incontestable. Charly es la voz del fogón adolescente cantada a los gritos entre guitarras rasgueadas («Y rasguuuuuña las piedras…»), la sutileza política hilada con maestría en los años más oscuros de la Dictadura («¿Qué se puede hacer, salvo ver películas?») y la denuncia directa que aportó luz durante la alborotada primavera democrática («Nos siguen pegando abajo» o «Mama la libertad, siempre la llevarás dentro del corazón»). Fue artífice de los Beatles argentinos junto a Serú Girán, la imagen descarnada y radical de la era Say No More que nos devolvía el espejo entre saltos ornamentales desde un noveno piso, El aguante y Tu vicio, hasta llegar a la serena reflexión de sus discos otoñales, donde retrató con la misma agudeza desde a los pastores televisivos en Amigos de Dios hasta a los vecinos odiosos en Rivalidad. Y siempre, atravesando cualquier época, nos dejó una canción de amor —o de desamor— capaz de desarmarnos… y sangrar.

Hay un Charly distinto para cada etapa de nuestras vidas, marcado por las transformaciones drásticas de un recorrido tan extenso como único. Sin embargo, en el fondo habita un solo Charly García: aquel que se construyó a su propia imagen y semejanza. Dotado de unas condiciones técnicas impecables para la composición y de una ejecución al piano francamente bendecida, supo absorber las grandes tendencias del mercado internacional —desde el universo beatle hasta el pulso de Prince— para hacerlas jugar, siempre y en todo momento, a su favor. Esa fue, quizás, su forma más honesta de jamás traicionarse a sí mismo.

Esta nota no pretende ser una elegía ni una reconstrucción enciclopédica en la que no falte ningún dato. Es, ante todo, la puesta en valor de un artista irrepetible que jamás ha necesitado de una efeméride para que el mundo hable y escriba sobre él. Pero ya que estamos celebrando tres cuartos de siglo de su existencia, bien vale la pena aprovechar la excusa, subir el volumen y volver a darle las gracias.

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