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Multitudinaria marcha por la educación en Rosario: calles colmadas y un pedido de “memoria en las urnas” por el faltazo de Scaglia y Núñez en el Congreso

Ni la lluvia persistente ni el día desapacible lograron ensombrecer una verdadera marea humana. Rosario volvió a hacer lo que mejor sabe hacer: ganar las calles para defender lo que le pertenece. Miles de rosarinos desbordaron la Plaza General San Martín y marcharon en una multitudinaria peregrinación con destino al Monumento Nacional a la Bandera. La exigencia retumbó unánime en el aire: la urgente aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario y el freno a un ajuste brutal. En medio de un clima de crisis económica profunda y pérdida sistemática de derechos laborales, la ciudadanía se plantó frente a la postura insensible del gobierno de Javier Milei ante el sufrimiento diario de la gente.

El pulso de la jornada lo marcó un fervor transformado en esperanza colectiva. Columnas interminables de jóvenes, representados por un nutrido “piberío” de centros de estudiantes secundarios y universitarios, encabezaron la marcha con banderas y pancartas. A su lado, la Intersindical Rosario, la CATT Rosario y la dirigencia sindical —con la destacada presencia de Miguel Vivas, Secretario General de la CGT Rosario— sumaron el músculo de los trabajadores a la causa educativa. Alumnos, docentes, no docentes y familias autoconvocadas unieron sus voces en cánticos resonantes contra el gobierno nacional, transformando el recorrido en una fiesta de resistencia ciudadana.

Sin embargo, entre tanta convicción colectiva, la marcha dejó al descubierto una postal teñida de profunda ironía política. En el corazón de la manifestación desfilaba una bandera roja del espacio de Estudiantes Socialistas, sostenida por jóvenes del Partido de la Rosa. La imagen chocó de frente con la realidad legislativa: mientras la juventud marchaba bajo la lluvia, los diputados nacionales por Santa Fe alineados con el gobernador Maximiliano Pullaro dentro de la alianza Unidos —como Gisela Scaglia y José Núñez— decidieron pegarse un “faltazo” en el Congreso de la Nación. Mediante acuerdos sutiles y negociaciones bajo cuerda con el oficialismo libertario, optaron por ausentarse y restar quórum en la sesión donde debía debatirse la desfinanciación de la universidad pública.

Esta doble vara expone una ambigüedad que la sociedad santafesina ya no está dispuesta a tolerar. No se puede acompañar en el discurso local lo que se entrega en las bancadas porteñas por pura conveniencia coyuntural. Quienes asistieron a la marcha lo repetían como un aviso: los representantes en el Congreso se deben a la gente que les confió su voto para defender el bien común, no para priorizar especulaciones partidarias ni pactos de trastienda con el poder central.

El electorado de Santa Fe posee una memoria tan aguda como impredecible: tiene la cualidad de quitar con suma facilidad el poder que alguna vez otorgó. Rosario habló alto y claro en las calles, donde históricamente se han dado las peleas más decisivas de nuestra Patria. Aquellos legisladores que prefirieron la comodidad de la ausencia frente a la urgencia educativa deberían registrar el mensaje que dejó la jornada: un clamor de las calles que advierte que tarde o temprano, la factura de dar la espalda a la educación pública se cobrará con creces, llegado el momento de las urnas.

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