La “Granja de Zenón” provincial: ¿El apoyo popular fabricado por algoritmos expone la fragilidad de una gestión?
Alejado del contacto genuino con la gente en la calle, la comunicación oficial parece haber montado su propia “Granja de Zenón”: un corral virtual habitado por una nutrida y ruidosa fauna de trolls, bots, avatares hiperrealistas de inteligencia artificial y un cotillón de perfiles falsos, detrás de cada anuncio o acto de gestión, ya no aparece la voz espontánea del vecino de Rosario, Reconquista, Venado Tuerto o la capital provincial, sino un coro orquestado de aplaudidores automáticos programados para simular calidez y empatía con la gestión.
Basta con un somero recorrido por las redes sociales para poder detectar la maniobra y darle sentido a las denuncias que sobrevuelan por estos días sobre la existencia de una red de militancia digital oficialista. Decenas de cuentas exhiben las características indiscutibles del perfil falso: fechas de creación sospechosamente recientes, fotografías genéricas, inexistentes o caras perfectas nacidas de generadores de imágenes por IA, biografías prácticamente vacías y una abismal desproporción entre casi nulos seguidores y miles seguidos, además de las respuestas automáticas, fuera de contexto o desbordantes de un entusiasmo prefabricado que configuran lo que en la jerga política llaman un “apoyo falopa”: una arquitectura de empatía sintética pensada para instalar un clima de adhesión, que en los hechos, resulta casi siempre ficticio.
“Decenas de cuentas exhiben las características indiscutibles del perfil falso: fechas de creación sospechosamente recientes, fotografías genéricas, inexistentes o caras perfectas nacidas de generadores de imágenes por IA, biografías prácticamente vacías y una abismal desproporción entre casi nulos seguidores y miles seguidos“
La puesta en escena incluye también la irrupción diaria de trolls dotados de tecnología generativa que conversan en un insólito “español neutro”, luciendo avatares estéticamente atractivos, facciones pulidas y delicados modales que no hacen más que sumar confusión y desentonar grotescamente con la idiosincrasia santafesina. Pero la diplomacia algorítmica tiene su contracara oscura y agresiva: mientras los avatares bellos entonan loas a la gestión con comentarios positivos masivos, otra escuadra de perfiles falsos ejerce el trabajo sucio de responder e insultar en los comentarios a dirigentes de la oposición y a los gremios. La sonrisa complaciente para la foto oficial; el garrote digital para el que reclama.
No conformes con los comentarios repetitivos de texto, la maquinaria propagandística dio un paso más hacia la ciencia ficción mediante el despliegue de avatares en video interactivo, personas sintéticas creadas con herramientas de inteligencia artificial que gesticulan y leen discursos políticos intentando hacerse pasar por usuarios reales entusiasmados con el gobierno. Sin embargo, esta escenografía digital prefabricada no hace más que profundizar la desconfianza de una sociedad empantanada en problemas cotidianos.
“¿quién paga por la estructura digital en la provincia? ¿Sale de las cajas de la política o de los impuestos de los contribuyentes santafesinos?“
Sostener semejante red coordinada de trolls, bots y perfiles pro-gestión no es producto del azar ni de un repentino entusiasmo de la militancia para salir a defender los logros de gestión. Mantener una estructura de este tipo requiere de una minuciosa planificación, recursos, infraestructura, logística y personal dedicado a tiempo completo para supervisar, controlar y distribuir el relato que se intenta instalar, frente a la parafernalia de este despliegue, las preguntas incómodas sobrevuelan a cada interacción en redes sociales de manera inevitable: ¿quién paga por la estructura digital en la provincia? ¿Sale de las cajas de la política o de los impuestos de los contribuyentes santafesinos?
El gobierno provincial emula con los recursos a su disposición la estrategia de guerrilla digital que en su momento ayudó a Javier Milei a catapultarse a la presidencia de la Nación, sin embargo, los que hoy usan en Santa Fe esta metodología deberían entender que los tiempos cambiaron y los efectos positivos del recurso ya no son tales. Solo basta apreciar cómo el propio Ejecutivo nacional ha ido perdiendo la batalla cultural en las redes sociales: Milei dejó de tener un 70% de presencia dominante en el mundo virtual, perdió el control del relato y el ecosistema se le transformó en un karma para su status quo, convirtiendo los respaldos logrados oportunamente en un búmeran que le juega fuertemente en contra.
“La pérdida del acompañamiento de la sociedad no se disimula con likes de granjas de servidores ni con rostros dibujados por un sofisticado software“
Para colmo de males del aparato de propaganda provincial, la propia inteligencia artificial le juega en contra—con herramientas de auditoría y algoritmos como Grok— que actúan como un implacable órgano de control y policía digital, estas herramientas permiten descubrir y frenar a los trolls y a las cuentas automatizadas en tiempo real, develando la falta de autenticidad de los usuarios que forman parte del ejército de nicks programados para interactuar únicamente apoyando a una administración con mensajes estereotipados, repetidos y absolutamente libres de cualquier razonamiento humano.
En última instancia, el uso recurrente de la militancia algorítmica no hace más que dejar al descubierto cierta fragilidad de fondo de una gestión. Un gobierno que necesita fabricarse “apoyos” en el ciberespacio acusa un severo déficit de empatía en las calles. La pérdida del acompañamiento de la sociedad no se disimula con likes de granjas de servidores ni con rostros dibujados por un sofisticado software. Pretender reemplazar el consenso social genuino con perfiles falsos en redes sociales es la confirmación de un gobierno en problemas, que prefiere mirarse en la imagen complaciente que le devuelve el espejo de sus propios bots antes que escuchar la realidad con la cual conviven día a día los santafesinos.
