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El teorema de Felipe: “Sumar libertarios, restar socios y rezar por un triunfo en el 2027”

En el laboratorio de campaña de tierras santafesinas, algunos estrategas parecen haber confundido el arte de la política con alguna alquimia medieval. El objetivo que persiguen sus actos es transmutar el plomo de las encuestas en el oro electoral de 2027. ¿El problema? La mezcla puede ser demasiado volátil y explotarle en la cara de sus intenciones, llevándose puestos los tubos de ensayo y, de paso, la armonía que aún reina dentro del frente “Unidos”.

La última gran ocurrencia —atribuida al cerebro táctico de cabecera del gobernador Maximiliano Pullaro, Felipe Michlig— fue invitar a las huestes de La Libertad Avanza (LLA) a sumarse al banquete de la alianza provincial-. Una movida ejecutada con la elegancia de quién decide redecorar el living de su casa sin consultarle a la pareja que paga la mitad del alquiler. El senador santafesino sacó la calculadora y la cuenta le dio redonda: “sumo a las fuerzas del cielo, sacrifico el paladar negro de los socialistas y salgo ganando en el cambio”. Pero el cálculo falló en una variable básica: el socialismo todavía tiene mucho pulso y, sobre todo, memoria.

En este particular sainete, hay que reconocerle a Cristian Cunha y Gisela Scaglia cierta honestidad intelectual, porque lo de ellos es lógico, vienen del PRO, habitan esa zona gris de romances solapados con el mileísmo y llevan dos años y chirolas compartiendo el mismo código genético con la gestión nacional. Lo de Scaglia y Cunha no es una traición; es, simplemente, un reencuentro familiar en el asado del domingo.

Lo que realmente mueve a la risa (o al espanto) es la acrobática pirueta de los radicales, ver a Michlig y José Corral extendiendo la alfombra roja a los libertarios bajo la premisa de que “el fin justifica los medios” es un espectáculo digno de las mejores galas para los marquetineros teatros de la calle Corrientes. Aquí no hay amor, hay aritmética pura, la prebenda innegociable es ganar en 2027 como sea, aunque para ello haya que maridar el ideario de Alem con los gritos de la motosierra.

Mientras tanto, los dirigentes socialistas han dejado de ser esos socios silenciosos del espacio para convertirse en los voceros del malestar y vaya que tienen razones de sobra, la desconfianza puertas adentro ya no se tapa con fotos de gestión ni con “maquillaje” de unidad. Lo que más aturde hoy en los pasillos del asunto es el silencio posterior, ninguno de los interlocutores que validó la propuesta en los medios salió a pedir disculpas o al menos admitir que, quizás, invitar a quienes te insultan desde Buenos Aires fue un error de cálculo.

Continuar como si nada hubiera pasado no es una ecuación factible, en estos días febriles, el campo dialéctico santafesino ha chocado con una realidad contrafáctica: no se puede ser oficialismo y oposición al mismo tiempo sin romperse en el intento. Por más que se esfuercen en despistar, los resquemores quedaron instalados, hoy, Unidos parece una familia que sonríe para la foto de un posteo de Instagram mientras, por debajo de la mesa, algunos ya se están pateando los tobillos. La pregunta no es si ganarán en el 2027, sino qué quedará de la alianza para entonces si siguen jugando a la alquimia con ingredientes demasiado explosivos.

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