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Bersuit Vergarabat vistió a Rosario en pijamas para festejar los 25 años de un ritual que no pierde vigencia

El rito comenzó mucho antes de que sonara el primer acorde, en las inmediaciones de Pichincha, entre la nostalgia ferroviaria y el polo gastronómico que nunca duerme, el desfile de gente con pijamas de todos los colores ya anticipaba que lo de este sábado 21 de marzo no era un recital más. La Bersuit Vergarabat volvía a la ciudad para soplar las 25 velitas de Hijos del Culo, ese disco bisagra que los terminó de consagrar en el altar del rock argentino.

Pasadas las 21:15, con una organización impecable que permitió un ingreso fluido a Sala de las Artes, las luces se apagaron para dar paso a lo más potente de la noche, el paisaje humano, donde padres e hijos, veteranos peinando canas junto a pibes que recién están descubriendo que la “Argentinidad al palo” no es solo una canción, sino un estado mental, confluían en un mismo lugar. La banda, que hace años encontró su equilibrio y mantiene la esencia intacta, saltó a escena con sus clásicos uniformes de dormir para despertar a todo el barrio.

El repertorio fue una ametralladora de clásicos que repasó la biografía de una banda necesaria, sonaron “El Gordo Motoneta”, “La del Buey” y la infaltable “La Soledad”. El clima fue subiendo de temperatura con “Se viene”, “Yo tomo” y “Desconexión Sideral”, demostrando que el sonido del grupo sigue siendo esa mezcla única de murga, rock y catarsis colectiva.

Hubo un momento que se salió de cualquier libreto, durante un intervalo, el murmullo de la gente se transformó en un reclamo unísono: la sala entera empezó a corear “Murguita del Sur”. Los músicos, lejos de seguir con la lista programada de temas, se miraron, sonrieron y les dieron el gusto, regalando una versión orgánica que nació de la pura conexión con el público rosarino.

Sin embargo, el alma de los asistentes al show se estrujó cuando sonó “Vuelos”, fue, sin dudas, el punto más alto de la noche, en ese momento, la fiesta se detuvo para darle paso a una emoción cruda, de esas que dejan un nudo en la garganta y se recuerdan por siempre, por qué esas canciones son un inmaculado patrimonio de nuestra memoria.

La recta final fue un despliegue de energía que no dio respiro: “La Bolsa”, “El Viejo de Arriba”, el caos liberador de “Sr. Cobranza” y el pogo furioso de “Perro Amor Explota”, la banda también aprovechó para mostrar su presente con temas como “Cuatro Vientos” y “Me la Pego”, dejando claro que hay Bersuit para rato. La gente se retiró de la Sala con el corazón lleno y la sensación de que, aunque pasen 25 años más, el ritual del pijama en la ciudad siempre va a tener un lugar reservado en la bitácora de viaje musical de todos los rosarinos.

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