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¿Justicia procesal o favor político de la Casa Gris?: La libertad condicional de Druetta deja al relato oficial en penumbras

La política santafesina asiste hoy a un episodio que, por lo menos, invita a bucear en los campos de la suspicacia. En un contexto donde la lucha contra el narcotráfico es una inmaculada bandera de la actual gestión, la noticia de la libertad condicional otorgada a Alejandro Druetta cae como un baldazo de agua fría sobre la narrativa oficial de transparencia y rigor institucional.

No se trata de un agente cualquiera, Druetta, exjefe de la Brigada Antidrogas de Venado Tuerto, fue un hombre de extrema confianza y una figura clave durante la gestión de Maximiliano Pullaro al frente del Ministerio de Seguridad provincial. Hoy, con Pullaro sentado en el sillón del Brigadier López, su “comisario estrella” abandona el encierro mucho antes de cumplir la totalidad de su condena.

La resolución del Tribunal Oral Federal N.º 3 de Rosario resulta al menos, llamativa, no solo por el beneficio en sí, sino por la falta de resistencia: la petición del defensor Gonzalo Rucci no encontró oposición alguna por parte del fiscal federal Federico Reynares Solari. Recordemos que Druetta fue condenado el 11 de marzo de 2021 a diez años de prisión como partícipe necesario en el delito de tráfico de estupefacientes. La justicia determinó que el exjefe policial operaba en connivencia con el narcotraficante Ignacio “Ojito” Actis Caporale, el mismo que terminó hundiéndolo al declarar como arrepentido.

Si bien el exjefe de Drogas y Contrainteligencia ya gozaba de arresto domiciliario por estar al cuidado de una persona con discapacidad, la condena recién tenía fecha de vencimiento para el 12 de junio de 2029, el hecho de que recupere la libertad condicional justo en este momento político genera un inevitable interrogante: ¿Es solo una cuestión de plazos procesales o existe un clima de época que favorece a los antiguos “hombres de su tropa”?

Haciendo un poco de historia, la investigación que desnudó el entramado entre Druetta y el narcotráfico se originó entre 2018 y 2019, revelando cómo el excomisario utilizaba información proporcionada por Caporale para realizar procedimientos que luego eran validados por la Justicia Federal, simulando una lucha contra el crimen que, en realidad, era una regulación del mercado ilegal.

Para la opinión pública, y especialmente para aquellos sectores que siguen de cerca la política en la provincia, la liberación de Druetta deja un sabor amargo, mientras el discurso oficial pregona el combate a las mafias, un hombre condenado por ser parte de ellas recupera la calle bajo el mandato de quién fuera, su jefe político.

Finalmente, este episodio reactiva una vieja sospecha que la sociedad santafesina parece condenada a rumiar: la existencia de una red de lealtades que sobrevive a las sentencias judiciales. Que Druetta acceda a este beneficio bajo el actual gobierno de la provincia no parece ser una mera coincidencia de calendario, sino más bien el corolario de una connivencia que la justicia nunca terminó de desarmar por completo.

En una Santa Fe donde el ciudadano común enfrenta el rigor de la ley sin matices, la liberación del excomisario se percibe como el último privilegio de la casta política; ese mensaje sutil pero devastador de que ser “amigo del gobernador de turno” ofrece una red de contención que ni la condena por narcotráfico más grave logra romper, al final del día, los favores del pasado parecen haber encontrado su recompensa en el presente.

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