Guasones en Rosario: El sentimiento a flor de piel para una noche de oficio y rock al desnudo
La zona de la Terminal y el Mercado del Patio ya palpitaban el encuentro desde temprano, entre las luces del polo gastronómico y el movimiento incesante de la noche rosarina, las remeras negras con la lengua de los Stones o el logo de la banda platense marcaban el camino hacia el Bioceres Arena. Con una organización que permitió un ingreso fluido y cómodo, el público —una mezcla efervescente de viejos seguidores y nuevas camadas— se preparó para lo que sería una jornada de tracción a sangre.
Puntual, a las 21:00, Facundo Soto y los suyos tomaron el escenario, la propuesta fue una declaración de principios: sin pantallas gigantes que distraigan, con una iluminación austera y un sonido impecable. Fue una noche de rock al desnudo, donde lo único que importó fue la vibración de las cuerdas y la garganta de la gente.
El estallido inicial con “Pobre Tipo” funcionó como el combustible perfecto para encender la mecha, seguido por la urgencia de “Espejo Roto” y la intensidad de “Me Muero”. Desde ese momento, la banda no soltó el acelerador durante más de dos horas de un show ininterrumpido que repasó de manera meticulosa, cada rincón de su biografía sonora.
La lista de temas fue un preciado regalo para los fanáticos más exigentes, sonaron joyas como “Nada que ganar”, “El Huracán”, “Fui Silbando” y la infaltable “Desiree”. Guasones demostró todo su oficio al pasar por momentos de alta tensión eléctrica y otros de melancolía urbana como “Del Olvido” y “100 años”.
Uno de los picos de la noche llegó con “Infierno Blanco”, que contó con la participación especial de Francisco Charco (Cruzando el Charco). La química sobre el escenario del Bioceres se trasladó instantáneamente al auditorio, transformando el lugar en un coro gigante. El repaso discográfico siguió con clásicos inoxidables como “Farmacia”, “Tan Distintos” y ese inmaculado himno de la banda que es “Reyes de la noche”.
Para el cierre, Guasones eligió la potencia de “Dame”, dejando al público en un estado de efervescencia total, fue un recital redondo, de esos que dejan a la gente con los oídos zumbando y el corazón contento, justamente esos seguidores que se fueron del Bioceres con la certeza de que, aunque pasen los años, Guasones en Rosario siempre juega de local. La banda cumplió su promesa y Rosario, una vez más, le entregó su mística en bandeja para decirse ambos con el sentimiento a flor de piel un…. “hasta pronto” …
