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El último que apague la luz: Por qué el 2026 puede empezar a marcar el final del “experimento Milei”

La política argentina tiene una ley no escrita, se puede ajustar hasta el hueso si hay mística, o se puede ser corrupto si hay bolsillo. Lo que no se puede es ser cruel y casta al mismo tiempo, el gobierno de Javier Milei ha entrado en una fase de degradación total donde la épica del sacrificio se desintegra frente a una sociedad que ya no espera, sino que sobrevive. Si las encuestas de Trespuntozero y Zuban Córdoba de este marzo de 2026 fueran un tablero de un avión, todas las luces estarían en rojo y la alarma de proximidad al suelo estaría aturdiendo a la cabina, con la triste salvedad que en la cabina no hay pilotos, hay influencers contando likes mientras el motor se apaga.

La encuestadora, Shila Vilker ha puesto palabras a lo que se respira en la calle: el 65 % de los argentinos ya llegó a su límite de tolerancia, no es una frase hecha; es el acta de defunción de la gobernabilidad basada en la esperanza. Cuando el 50 % de tus propios votantes te dice que ya no puede esperar más, lo que tenés no es un apoyo político, es un préstamo a tasas usurarias que acaba de vencer. El dato de que uno de cada tres argentinos se endeuda para comer revela una economía zombi, el “desahorro” no es un ajuste técnico; es el desmantelamiento de la vida privada para financiar un superávit que solo existe en las prolijas planillas del ministro Caputo. La “luna de miel” no terminó, se estrelló contra la triste realidad de bolsillos raídos para la gran mayoría de los trabajadores.

Los privilegios, hechos públicos, del Jefe de Gabinete, Manuel Adorni terminaron de dinamitar la confianza del votante propio hacia su gobierno.

Lo de Manuel Adorni ya no es cinismo, es una provocación que acelera los tiempos del colapso, mientras el vocero y Jefe de Gabinete predica la austeridad con el dedo levantado, se filtra su tour en avión privado a Punta del Este (US$ 9.000 que “se pagó él solo”, claro) y la construcción de una mansión de US$ 250.000 en un country de lujo que omitió “inocentemente” de registrar en su declaración jurada. Este es el punto de quiebre ético: la “casta” ya no son los otros; la casta se sienta en la primera fila de las conferencias de prensa y ningunea a los periodistas. Adorni representa la mutación del libertario en el funcionario de privilegios más rancio, y ese olor a naftalina política es el que suele preceder a los finales abruptos en Argentina.

Si faltaba algo para terminar de dinamitar la confianza, fue el escándalo de la criptomoneda $Libra, que un presidente use su cuenta oficial para promocionar un activo financiero que resultó en un rug pull (una estafa de manual donde los desarrolladores huyen con el dinero) no es un “error de comunicación”, es una negligencia criminal que dejó a miles de sus propios seguidores en la ruina. El Gobierno ha pasado de prometer la libertad económica a facilitar el saqueo de los ahorros de su base electoral, la desaprobación del 58,2 % que marca Zuban Córdoba no es una fluctuación estadística; es el rechazo a un modelo que se volvió moralmente indefendible.

Milei está transitando el camino de los líderes que confunden el 56 % de un balotaje con un cheque en blanco eterno, hoy tiene más de holgadísimos 20 puntos de diferencia negativa. La historia enseña que cuando un gobierno pierde la calle (por salarios de miseria) y pierde la superioridad moral (por escándalos como el de Adorni y $LIBRA), el final no es lento ni ordenado. Estamos ante un escenario de colisión inminente, sin capital político, con el bolsillo de los votantes perforado y con la “fuerzas del cielo” pidiendo pista en aviones privados, el gobierno de La Libertad Avanza se encamina a un desenlace donde la realidad, finalmente, terminará por devorarse el meticuloso relato construido para mostrarse como algo distinto.

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