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El Diario de Yrigoyen a la santafesina: ¿Cuánto nos cuesta el romance entre el gobierno y los medios?

En Santa Fe, la transparencia no es un derecho, es un género literario de ficción, el gasto en inversión publicitaria oficial se gestiona con el celo de un secreto nuclear. Es, digámoslo con elegancia, una cuestión de Estado proteger que los números destinados a blindar mediáticamente al gobierno sigan gozando de esa salud envidiable, como una rosa que crece en la más absoluta penumbra, lejos de los ojos curiosos de los contribuyentes.

Sin embargo, como en toda buena trama de suspenso, el crimen perfecto no existe, siempre hay una huella, un descuido, un “alguien que sabe demasiado”. En las últimas horas, la infalible estructura de silencio (cúpula de hierro) sufrió su primera fisura palpable, se filtró una captura de pantalla (pieza de colección publicada en una nota por el medio El Liberador.com) —esa unidad de medida de la verdad moderna— que revela lo pagado a un solo medio santafesino por pauta radial y web: 101 millones de pesos mensuales.

Lo fascinante no es solo la cifra, sino la jerarquía, estamos hablando de un medio de “segundo orden” en la grilla de importancia y es aquí donde la matemática se vuelve inevitable y un tanto aterradora: si un actor de reparto se lleva cien “palos” por mes, ¿cuánto están facturando los protagonistas? ¿Qué números ostentan los medios más encumbrados y ese omnipotente multimedio rosarino que parece tener oficina propia en la Casa Gris?

Alguna vez, un empleado del área de Gestión Pública —que, por razones obvias de supervivencia laboral, pidió estricta reserva— calificó de “obscena” la cantidad de recursos económicos entregados a un puñado selecto de medios, ahí precisamente reside la obsesión: evitar a toda costa que los valores salgan a la luz.

La captura de pantalla extraida de los registros del Tribunal de Cuentas provincial pertenece a una nota publicada el 3 de marzo por el medio: el liberador.com.

Cuando este humilde medio web, intentó, en un arrebato de fe democrática, realizar un pedido de informes, la respuesta fue casi poética, un correo nos anticipó que, si queríamos esos datos, nos pusiéramos cómodos: “esperen sentados en algún momento van a llegar”, nos dijeron con una sutileza digna de un portero de discoteca.

Para la oposición, este dato es apenas la punta del iceberg, detrás hay un excel que sería imposible de justificar bajo los conceptos de “transparencia” o “ecuanimidad”. Es un juego ideado para pocos, donde el único requisito de admisión es escribir, con letra prolija, el mismo Diario de Yrigoyen todos los días.

Hagamos un ejercicio de proyección cuasi romántica, si multiplicamos esos 101 millones por los tres o cuatro tanques mediáticos de la provincia, la mente empieza a divagar de manera absurda. Pero cuidado: en Santa Fe, la realidad tiene la mala costumbre de atropellar a la imaginación. Quizás por esa razón existen las siete llaves. Quizás por eso la información es un bien de lujo. Mientras tanto, el ciudadano de a pie observa cómo el erario público se licúa en zócalos de TV y banners que dicen que todo está bien, mientras afuera todo está… bueno, ya saben cómo está.

Como decía aquel programa de los setenta: “No intente ajustar su televisor… está entrando en la Dimensión Desconocida”, en este caso, la dimensión donde el dinero de todos financia el silencio de muchos.

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