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El Aceite de Cannabis en Enfermedades Neurológicas: Lo que Sabemos Hasta Hoy

El potencial del aceite de cannabi no se limita a los trastornos convulsivos. En pacientes con esclerosis múltiple, por ejemplo, extractos combinados de CBD y THC han mostrado efectos positivos sobre la espasticidad muscular, uno de los síntomas más incapacitantes de la enfermedad. Un estudio publicado en European Neurology (2016) concluyó que un tratamiento oral con esta combinación permitió reducir los espasmos en un porcentaje significativo de pacientes que no respondían a fármacos convencionales.

Uno de los avances más sólidos en este campo ha sido el desarrollo de Epidiolex, un
medicamento basado en CBD puro, aprobado por la FDA en 2018 para el tratamiento de
dos formas graves de epilepsia infantil: el síndrome de Dravet y el de Lennox-Gastaut. Su
aprobación se sustentó en ensayos clínicos multicéntricos, como el publicado en The New
England Journal of Medicine (2017), que demostró una reducción significativa de las
convulsiones en pacientes tratados con CBD frente a placebo. Este fue el primer paso para
que el cannabis medicinal dejara de ser considerado una terapia marginal y comenzara a
integrar protocolos clínicos internacionales.

Aplicaciones neurológicas más allá de la epilepsia

El potencial del aceite de cannabi no se limita a los trastornos convulsivos. En pacientes con
esclerosis múltiple, por ejemplo, extractos combinados de CBD y THC han mostrado efectos
positivos sobre la espasticidad muscular, uno de los síntomas más incapacitantes de la
enfermedad. Un estudio publicado en European Neurology (2016) concluyó que un
tratamiento oral con esta combinación permitió reducir los espasmos en un porcentaje
significativo de pacientes que no respondían a fármacos convencionales.

En el caso del Parkinson, los resultados son aún preliminares, pero alentadores.
Investigaciones como la de Chagas et al., en Journal of Psychopharmacology (2014),
sugieren que el CBD puede mejorar la calidad de vida de personas con esta enfermedad,
particularmente al reducir síntomas como las alucinaciones, el insomnio y la ansiedad.
Aunque no modifica la progresión del daño neurológico, el CBD actúa como modulador del
sistema endocannabinoide, influyendo en receptores que regulan el movimiento, el dolor y
la respuesta emocional.

La neuroinflamación es otro de los frentes en estudio. Diversos modelos preclínicos han
demostrado que los cannabinoides pueden reducir la inflamación en tejidos neuronales, lo
cual podría tener implicancias para enfermedades como el Alzheimer, aunque aún se
necesitan ensayos clínicos robustos que confirmen esta hipótesis en humanos.

Desafíos regulatorios y científicos en un campo en expansión

A pesar del creciente cuerpo de evidencia, el uso del aceite de cannabis en enfermedades
neurológicas sigue encontrando obstáculos. Las diferencias entre regulaciones nacionales,
la falta de estandarización en los productos, y la limitada formación médica en
cannabinoides ralentizan su integración en la práctica clínica habitual.

La Organización Mundial de la Salud, en su informe de 2018 sobre el cannabidiol, reconoció
que el CBD “no presenta efectos indicativos de un potencial de abuso ni dependencia”, y
que posee “potencial terapéutico en diversos desórdenes neurológicos y psiquiátricos”. Esta
postura ha sido clave para impulsar investigaciones en países como Israel, Canadá y
Alemania, donde existen programas clínicos más desarrollados.

Mientras tanto, pacientes, médicos e investigadores coinciden en algo: el aceite de cannabis
no es una cura milagrosa, pero representa una herramienta legítima que merece ser
estudiada con rigor y aplicada con criterio. En un terreno tan delicado como el neurológico,
cada avance cuenta. Y en ese camino, el cannabis medicinal parece haber llegado para
quedarse.

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