“Si hay pobreza que no se note”: cuando los bots y trolls se convierten en la única hinchada fiel de un mandatario

“Si hay pobreza que no se note” es una máxima popular tan arraigada en la idiosincrasia criolla como tramposa, nació originalmente para describir el pudor social de guardar las apariencias en tiempos de flacura o escasez familiar, pero en el laboratorio de la comunicación política contemporánea se ha metamorfoseado en una verdadera doctrina de estado: el refinado arte de maquillar la falta de apoyo social. En el ámbito de la política, la frase cobra vigencia cada vez que un gobierno intenta ocultar los problemas reales, enmascarar las cifras de carencia o disimular el descontento ciudadano detrás de un telón de escenografía brillante.
En la provincia de Santa Fe, la gestión del gobernador Maximiliano Pullaro parece haber adoptado este refrán como su principal manual de estrategia digital, ante un escenario atravesado por cuestionamientos sociales y un clima de opinión desfavorable, la respuesta oficial no ha sido el diagnóstico honesto ni la escucha atenta, sino la activación desmedida de un ejército de tropa sintética. El uso de cuentas automatizadas (bots) y perfiles dedicados al acoso y la amplificación (trolls) se despliega como una herramienta deliberada para moldear la opinión pública y controlar la narrativa política. El objetivo central es construir una falsa validación social: inflar miles de interacciones ficticias —entre comentarios, “me gusta” y retuits— para simular que el mandatario goza de un respaldo popular masivo, aparentando que la “gente común” celebra fervorosamente cada uno de sus actos.
El combate de boxeo y la hinchada de hojalata
Para muestra de esta ingeniería del aplauso comprado, como suele decirse, alcanza con un botón o, mejor dicho, una publicación en redes sociales, tomemos el caso del posteo en Instagram del medio Cadena 3, que informaba sobre una reciente actividad del mandatario santafesino bajo el titular: “El gobernador Maximiliano Pullaro presenció la jornada de boxeo en el estadio Invencible Rafaela y recordó su experiencia deportiva”.
Un transeúnte digital que hubiese recorrido la sección de comentarios de dicha nota a simple vista habría concluido que la opinión pública estaba partida al medio: de un total de 67 comentarios, figuraban 33 favorables a la figura del gobernador y 34 marcadamente negativos. Sin embargo, al pasar el bisturí analítico sobre la autenticidad de las interacciones, la ilusión del acompañamiento popular se desmorona de manera tácita, dentro de los 33 comentarios presuntamente “elogiosos”, nada menos que 26 pertenecen a cuentas falsas operadas por trolls o bots sin dinámica humana genuina. Al descontar este andamiaje ficticio, el verdadero apoyo ciudadano en la publicación se desploma a tan solo 7 comentarios reales, lo que representa un 10% del total de la conversación. Nueve de cada diez interacciones en la muestra eran críticas de vecinos de carne y hueso o aplausos robóticos programados desde un teclado.
Anatomía del fantasma en la red: cuentas con cero vida y cien por ciento de apoyo
La metodología para detectar estas operaciones de manipulación digital ha evolucionado desde la simple inspección ocular hacia el análisis sistémico de redes enfocado en el Comportamiento Coordinado Inauténtico (Coordinated Inauthentic Behavior, CIB). La auditoría sobre los 26 perfiles que salieron al rescate del gobernador revela un patrón técnico tan básico como burdo: cuentas creadas en serie, nomenclaturas alfanuméricas estandarizadas, nula producción de contenido y una ausencia total de vínculos comunitarios reales.
El inventario de los “fieles seguidores” que vitorearon la visita pugilística del mandatario constituye un auténtico centro de operaciones de perfiles fantasma:
@silvinapala_ciooo (16 publicaciones 204 seguidores 359 seguidos) @maria_estela_sotelo (6 publicaciones 131 seguidores 395 seguidos) @agustinafrias754 (0 publicaciones 0 seguidores0 seguidos) @valentinagonsalez310 (0 publicaciones 0 seguidores 0 seguidos) @lucho123skl (10 publicaciones 73 seguidores 406 seguidos) “mateoleonardoaguirre047 (0 publicaciones 5 seguidores 19 seguidos) @sofiverladez (0 publicaciones 14 seguidores 27 seguidos) @gutierres_aldana (0 publicaciones 0 seguidores 0 seguidos) @cristiangomzalez2026 (1 publicación 11 seguidores 26 seguidos) @ramiramirez57 (4 publicaciones 24 seguidores 143 seguidos) @yamirock4076 (5 publicaciones 77 seguidores 91 seguidos) @rominaesco5654 (0 publicaciones 28 seguidores 98 seguidos) @fridagomez120 (0 publicaciones 0 seguidores 0 seguidos) @lion0_217 (4 publicaciones 22 seguidores 66 seguidos) @velardezjulian982 (7 publicaciones 75 seguidores 312 seguidos) @luci.dominguez18 (0 publicaciones 17 seguidores 68 seguidos) @lunaarias383 (0 publicaciones 0 seguidores 1 seguido) @soltorres8423 (0 publicaciones 36 seguidores 41 seguidos) @valentina972098 (0 publicaciones 0 seguidores 0 seguidos) @mateo.0obregon10 (2 publicaciones 9 seguidores 29 seguidos) @carmelamolina478 (0 publicaciones 0 seguidores 0 seguidos) @josefinaherna.9 (0 publicaciones 1 seguidor 14 seguidos) @susanagraciela_pia (2 publicaciones 382 seguidores 5176 seguidos) @nf115864 (0 publicaciones 7 seguidores 7 seguidos) @richar_romero10 (4 publicaciones 22 seguidores 74 seguidos) @beluu_feerz (1 publicación 12 seguidores 56 seguidos)
¿Quién es Agustina Frías (@agustinafrias754), con cero fotos, cero seguidores y cero publicaciones, para conmoverse con los recuerdos deportivos del gobernador? ¿Qué vecina de la provincia representa Valentina González (@valentinagonsalez310), cuyo usuario representa la nada misma? La respuesta es evidente: no existen. Son prótesis informáticas diseñadas para abultar las tribunas virtuales de una gestión que no tolera ver las gradas vacías.
El espejismo del Astroturfing: la trampa estratégica de la tribuna comprada
Desde la consultoría de comunicación estratégica, la práctica de simular de manera artificial un movimiento de apoyo de base popular se denomina astroturfing (en ironía al césped sintético que imita a la hierba natural). Quienes comercializan estos servicios a los despachos oficiales suelen prometer “beneficios” tácticos de muy corto alcance:
Sensación de consenso masivo (Efecto Banda de Adhesión): Busca condicional psicológicamente a los electores indecisos, proyectando la falsa idea de que “todo el mundo respalda al líder”.
Imposición de agenda (Agenda-setting): Permite inflar consignas o hashtags en forma coordinada para forzar a los medios de comunicación tradicionales a cubrir determinados temas bajo el marco interpretativo del gobierno.
Inhibición de la crítica: Las jaurías de trolls operan saturando las publicaciones con agresiones y ataques sistemáticos para desgastar psicológicamente a los ciudadanos reales y acallar sus reclamos.
Sin embargo, lo que los consultores presentan como una genialidad comunicacional es en realidad una trampa que puede generar fuertes costos políticos, la literatura académica e internacional coincide en que el astroturfing es una herramienta de cortísimo plazo que termina destruyendo el valor estratégico de la imagen pública.
Los costos estructurales: cuando los algoritmos anestesian el termómetro social
Sustituir el respaldo social orgánico por una red de aplaudidores automáticos genera perjuicios severos e irreversibles para cualquier gobernante a mediano y largo plazo:
Pérdida drástica de credibilidad: Al detectarse patrones inauténticos —cuentas recién creadas, errores sintácticos masivos o perfiles sin seguidores— la reputación del político se desmorona de inmediato. El mandatario queda etiquetado ante la opinión pública como “falso”, inauténtico y desesperado por la apariencia.
Parálisis de la escucha atenta: La gestión política requiere retroalimentación real para corregir desvíos en las políticas públicas, sustituir el termómetro ciudadano por el calor artificial de una granja de bots invalida los canales de diagnóstico temprano y el funcionario termina creyéndose sus propios elogios programados.
Aumento de la polarización: Las redes de trolls trabajan sobre emociones negativas (ira, indignación y desprecio), esta dinámica contamina el debate público, fragmenta el tejido social y erosiona los consensos legislativos e institucionales indispensables para gobernar.
Vulnerabilidad ante la auditoría pública: El financiamiento de estas redes suele ser opaco y maniobrar en los márgenes de los presupuestos de comunicación institucional o pauta oficial, exponiendo a la administración a investigaciones judiciales, periodísticas y de organismos de control.
En el balance final, la infraestructura digital simulada es una ilusión táctica que sirve para ganar fugaces batallas de atención en las plataformas digitales, pero debilita el capital político real, vicia la toma de decisiones con información de percepción falsa y destruye la confianza institucional de la ciudadanía.
La pregunta incómoda: ¿quién paga la fiesta de la bochinchera tribuna virtual?
Llegamos aquí al interrogante central que transforma este episodio de marketing en un problema ético y republicano de gravedad institucional, las cibertropas, los softwares de gestión de identidades falsas y los servicios de amplificación coordinada no son gratuitos, tienen costos operativos elevados, exigen contratos opacos y requieren operadores dedicados a teclear caricias a pedido.
En una provincia que atraviesa otras urgencias presupuestarias y donde se exige austeridad a los docentes, a los médicos de los hospitales públicos y a los trabajadores santafesinos, resulta al menos inaudito sospechar que fondos públicos —destinados a la comunicación institucional o provenientes de partidas discretas— se estén desviando para alquilar el entusiasmo de un puñado de servidores informáticos.
La fiscalización del dinero público no puede detenerse en los folletos de papel ni en las pautas publicitarias de la televisión tradicional, el desvío de recursos estatales para montar operaciones de Comportamiento Coordinado Inauténtico exige una urgente auditoría pública que determine responsabilidades sobre el uso de los impuestos de los contribuyentes.
La realidad de la calle frente a la ilusión de los píxeles
A diferencia de la movilización orgánica —donde el vecino de carne y hueso expresa su apoyo, pero exige a cambio soluciones concretas a los problemas del día a día—, la hinchada de código binario es una ficción volátil, sirve para decorar una foto en Instagram o X durante un tiempo limitado, pero evapora la autoridad moral del gobernante en el mundo real.
“Si hay pobreza que no se note”, decía el refrán, pero cuando la pobreza de apoyo popular se pretende disimular desplegando 26 cuentas falsas sobre 33 comentarios favorables, la maniobra deja de ser astuta para volverse lisa y llanamente, un grave error. Los bots no pagan impuestos, los trolls no sufren la inseguridad en las calles, ni las cuentas de cero seguidores hacen fila en los centros de salud.
Cuando un mandatario necesita que los algoritmos salgan a aplaudirlo para no ver las tribunas de acompañamiento social vacías, no está exhibiendo fortaleza: está firmando la confesión digital de su propia soledad política.
