El gobernador y su propia versión de la Guerra Santa: Hijos y entenados, cuando la fe mueve solo algunas montañas
En la Santa Fe del “cambio”, las prioridades celestiales parecen haber sufrido una profunda reconfiguración de mercado, atrás quedaron los tiempos donde la Iglesia Católica ostentaba el monopolio del oído gubernamental, hoy, en los pasillos de la Casa Gris, el milagro de la multiplicación de los panes —y sobre todo, de los fondos públicos— tiene otros intermediarios. El gobernador Maximiliano Pullaro ha decidido fundar su propia versión de la “Guerra Santa” santafesina, una donde la fe mueve montañas, es cierto, pero siempre y cuando la montaña esté inscripta en el particular registro de pastores amigos.
La última gran batalla de esta cruzada no se libró por Tierra Santa, sino por algo mucho más terrenal: los trapitos. Cuando el arzobispo de Rosario, Monseñor Eduardo Martín, y la Pastoral Social osaron sugerir que prohibir la actividad por ley era “esconder el problema bajo la alfombra” y pidieron ordenar el trabajo informal para no empujar a la gente a la marginalidad, la respuesta del ala evangélica del oficialismo no se hizo esperar.
El diputado provincial y pastor Walter Ghione (el aliado todoterreno de Pullaro) salió al cruce con los tapones de punta y acusó a la jerarquía católica de “romantizar la mendicidad” y avalar la extorsión. Una velocidad de reacción sinceramente envidiable para alguien que, además de legislar, sabe perfectamente qué botones apretar en el tablero del Ejecutivo de Santa Fe.

Y es que Ghione no es un simple legislador; es la cara visible de UNO (Una Nueva Oportunidad), el partido evangélico que se ha convertido en el socio espiritual y político preferido del gobernador. La alianza es tan estrecha que muchas veces se confunde la fe con la gestión: el propio Pastor ha estado al frente de la APRECOD (Agencia de Prevención de Consumo de Drogas), el lugar exacto donde la teología y la billetera del Estado se han dado un fuerte apretón de manos.
Mientras el clero tradicional sufre el “ajuste terrenal”, el programa “Redes del Cuidado” parece haber encontrado su tierra prometida canalizando millonarios recursos oficiales hacia fundaciones y asociaciones civiles vinculadas, casualmente, a pastores de UNO. Un milagro presupuestario que ya oportunamente despertó pedidos de informes en la Legislatura por presuntas irregularidades en el manejo de fondos del erario público hacia entidades sin demasiada trayectoria o recientemente creadas.
Pero el amor, en política, se demuestra con gestos y presencia, mientras el mandatario y sus ministros pegaron faltazos crónicos a los eventos generados por la Iglesia Católica —marcando un quiebre histórico con el poder de turno—, la agenda del gobernador rebosa de misticismo en templos evangélicos de Rosario o Capitán Bermúdez. Allí se lo puede ver cómodo, orando codo a codo con los pastores y los fieles. El fervor es tal que el gobernador ha llegado a expresar públicamente la “entrega” de la provincia a Jesucristo, atribuyendo la baja en los índices de violencia no a la saturación policial o a la gestión penitenciaria, sino a la mismísima “gracia de Dios”.

Para coronar este proceso de secularización selectiva, los convencionales de Unidos, en perfecta sintonía con el bloque evangélico, le quitaron prolijamente (o no tanto) al catolicismo el estatus de religión oficial que ostentaba en la Carta Magna provincial desde 1962. Desde el oficialismo argumentaron, con una sonrisa republicana, que no era marginación, sino una transición hacia un “Estado de cooperación plural con todos los credos”. Un hermoso eufemismo, no le quitemos méritos.
“Nos han abandonado”, se quejaron por lo bajo muchos referentes del clero santafesino y la desatención no es solo protocolar, el verdadero dolor de cabeza para la Pastoral Católica es el abandono financiero: sobretodo, el recorte drástico de recursos para el trabajo social que la Iglesia sostiene en los barrios más postergados, precisamente allí donde se libran duras batallas diarias contra el hambre y las adicciones.
En la Santa Fe de hoy, la “Invencible” como gustan llamarle desde los atrios del poder, la cooperación es plural, pero el favoritismo es singular. Para la Iglesia Católica, el presente demuestra claramente, la rigurosidad del laicismo y la billetera cerrada; para los pastores aliados, en contrapartida, los fondos de adicciones, las fotos oficiales y las llaves espirituales de la provincia. Una curiosa forma de gestionar donde, al parecer, existen hijos legítimos y entenados de la fe, y donde las bendiciones estatales comulgan y se distribuyen según el color de empatía electoral que se tenga.
