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Grietas en el poder santafesino: el fuego amigo entre Michlig y Enrico expone el desgaste interno de Unidos

“Algo huele mal en Dinamarca”, escribió William Shakespeare en Hamlet para describir las pueriles disidencias en las altas esferas del poder. Siglos después, la frase nuevamente parece cobrar brillo en la provincia de Santa Fe. Lo que durante meses se vendió como un bloque monolítico y eficiente —la coalición Unidos— ha comenzado a mostrar grietas profundas que no solo exponen sutiles internas partidarias, sino un síntoma más grave; el deterioro político de una alianza que empieza a pagar el costo de un permanente desgaste con la sociedad santafesina.

El senador de San Cristóbal cargó contra el ministro de Obras Públicas (Lisandro Enrico) por la paralización de unas viviendas en su departamento mediante un pedido de informes, y dejo abierto el escenario para una inminente batalla política dentro del oficialismo. Hay que recordar que Felipe Michlig, caudillo del radicalismo, es una figura central de la coalición, por lo cual este cruce no es un hecho aislado ni una simple diferencia de gestión; es la institucionalización de una interna que ya no se puede ocultar bajo la alfombra.

La respuesta a Michlig no provino del Ejecutivo, sino de la banca que Enrico dejó vacante para asumir en el gabinete, la senadora Leticia Di Gregorio salió al cruce con una firmeza que sorprendió a propios y ajenos, subiendo el tono de una disputa que amenaza con generar rupturas en el espacio: “Me pareció raro su pedido de informes, tiene animosidad y una cuestión personal con Lisandro Enrico”, disparó la legisladora, marcando una línea divisoria clara dentro del radicalismo.

La réplica de Michlig no se hizo esperar y dejó una frase que resuena como una declaración de guerra interna: “Me arrepiento de haber votado su licencia como senador”, lanzó el legislador por San Cristóbal, en referencia a Enrico. Este espectáculo de reproches públicos llega en un momento delicado, porque tras el contundente triunfo que llevó a la actual gestión al poder, el vínculo con la sociedad santafesina parece haber entrado en una fase de erosión. La “enorme pérdida de capital electoral” que sugieren los últimos sufragios en la provincia y el humor social en las calles santafesinas no son ajenos a estos contrapuntos.

Cuando figuras principales de la alianza gobernante dedican más tiempo a las “denuncias cruzadas” que, a la resolución de las problemáticas diarias de gestión, el mensaje que llega al electorado es de desorientación. El quiebre interno en Unidos no es solo un problema de cartelería política; es el reflejo de una fuerza que, ante las dificultades que aparecen durante el mandato de gobierno y el desgaste lógico del ejercicio del poder, parece haber empezado a canibalizarse.

En política, las heridas que se exponen al sol rara vez cierran rápido, mientras los “pases de facturas” deambulan por los pasillos de la Legislatura de la provincia, queda por verse si Unidos logrará suturar esta grieta o si, por el contrario, este es solo el primer capítulo de un divorcio anunciado frente a una sociedad que ya no tiene paciencia para ser testigos privilegiados de espectáculos de “fuego amigo”. La pregunta que queda flotando en el aire pasa por saber si estos cruces son el inicio de una reconfiguración de fuerzas o, simplemente, es el preludio de un fin de ciclo prematuro en la armonía de la coalición, aunque el olor a conflicto en “Dinamarca” es cada vez más difícil de disimular.

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