De la tormenta al éxtasis del rock: El Cuarteto de Nos unió generaciones con una noche llena de mágica y música en el Anfiteatro de Rosario
Rosario tiene un imán especial para la música, y lo que vivimos este domingo en el Anfiteatro Municipal fue la prueba definitiva de ello. Tras una mañana de tormentas que amenazaba con aguar la fiesta, el cielo se abrió justo a tiempo para dar paso a una de las fechas más potentes del ciclo “Noches del Lunario”.
Desde temprano, el clima en los alrededores del parque ya anticipaba algo distinto, lejos de las audiencias uniformes, lo que se vio en los ingresos —organizados con la requerida fluidez — fue un verdadero encuentro intergeneracional. Padres con remeras de álbumes viejos, hijos adolescentes descubriendo la ironía de Roberto Musso y abuelos que no quisieron perderse el ritual de la banda, una especial postal de convivencia que solo el rock con contenido sabe construir.
La previa estuvo a cargo de Alan Sutton y las Criaturas de la Ansiedad, quienes con su propuesta lúdica y disruptiva supieron leer perfectamente la temperatura de un Anfiteatro que ya lucía un lleno total, fueron el combustible necesario para dar paso a lo que vendría después.
A las 22:00 puntual, el Cuarteto de Nos tomó para sí el escenario, con el oficio que dan las décadas y la frescura de quienes parecen estar empezando hoy, la banda uruguaya desplegó un show de casi dos horas que fue un viaje de ida y vuelta entre su flamante álbum “Puertas” y esos himnos que ya son parte del ADN rioplatense.
La lista de temas fue un equilibrio milimétrico entre la reflexión y el pogo, entre los puntos altos de la noche destacaron los clásicos infaltables: “Ya no sé qué hacer conmigo”, “Lo malo de ser bueno” y “El Hijo de Hernández” que desataron la euforia colectiva en el auditorio. Las joyas de siempre como “Cara de nada”, “El cuarto de Nico” y el infaltable “Gaucho Power” mantuvieron la energía bien en lo más alto.
El momento más sensible de la noche llegó con “No Llora”, donde las linternas de los celulares iluminaron no solo el predio, sino también las lágrimas de más de un padre abrazado a su hijo en una mixtura generacional que fue la marca registrada del show. El cierre, como no podía ser de otra manera, fue a puro voltaje con “Yendo a la casa de Damián”, dejando al público con esa adrenalina que solo las grandes bandas logran transmitir.
“Noches del Lunario” se consolida con este nuevo recital como mucho más que un ciclo de conciertos, es una propuesta cultural y turística que entiende que el encuentro es la clave para unir a la gente y la música es una buena razón para ello. Rosario volvió a demostrar que, cuando la organización es buena y la música es honesta, no hay tormenta que valga. “Se bien de dónde vengo y dónde voy”, canta el Cuarteto quizás presagiando que pronto, habrá un nuevo reencuentro con los rosarinos…
