Encrucijada electoral y el efecto mariposa del relato: Seguridad y baja de imputabilidad, dos criaturas de agenda bajo disputa de paternidad
En el complejo tablero político de 2026, la seguridad ha dejado de ser solo una demanda social para transformarse en la “bandera inmaculada” del oficialismo santafesino. Maximiliano Pullaro ha logrado lo que su antecesor, Omar Perotti, vio escurrirse entre las manos: una baja sensible y de los homicidios en Rosario. Sin embargo, en política, el éxito rara vez tiene un solo padre, y hoy la Casa Gris y la Casa Rosada se disputan la propiedad intelectual sobre la mejoría de los índices de inseguridad provincial.
El contraste de las soledades
Para entender el presente que se expone en la góndola de la actualidad política provincial hay que mirar por el espejo retrovisor. A Perotti, la violencia desatada lo terminó de desgastar, pero es justo reconocer un atenuante: el rafaelino fue víctima del abandono, el gobierno de Alberto Fernández, con la gestión de Sabina Frederic como símbolo de la desidia, lo dejó totalmente solo.
En cambio, el actual gobierno santafesino ha gozado de un viento de cola nacional inédito para estas lides. Primero con Patricia Bullrich y ahora con su sucesora, Alejandra Monteoliva, el apoyo federal no ha sido solo retórico, sino operativo. Tanto que el Plan Bandera hoy es el activo más preciado en las vitrinas electorales y en cualquier preciada mesa de rosca política.

Un Yin y Yang electoral
Entrados ya en este 2026, año preelectoral, la manipulación de los logros se convierte en una lógica moneda de cambio. Desde la gestión de Pullaro ensalzan la sintonía local y la determinación territorial, mientras que desde La Libertad Avanza, figuras como la diputada nacional, Romina Diez advierten con firmeza: “Sin nosotros esto nunca hubiera sido posible”, para luego ocuparse en destacar con mucho ahincó que “el Plan Bandera del gobierno de Milei es un éxito sin precedentes”, dejando bien en claro quién es: “el padre de la criatura”.
Los gobiernos nacional y provincial se encuentran en un equilibrio precario, un juego de espejos donde ambos sectores pugnan por adjudicarse el valor propio dentro de la lucha contra el narcotráfico. Los datos respaldan ese entusiasmo: una baja de homicidios dolosos del 63% en 2024 que se mantuvo firme durante 2025. Pero la pregunta es: ¿a quién le pertenecerá el aplauso cuando las urnas llamen a su juego?
La baja de imputabilidad: El nuevo ring
Si la baja de homicidios es el terreno ganado, la baja de la edad de imputabilidad es el “Santo Grial” que todos quieren capturar. Tras el impacto social del crimen de Jeremías Monzón, Pullaro ha decidido jugar al fleje, bien al límite: “No podemos evaluar que un chico de 14 o 15 años no comprende sus acciones”, sentenció el gobernador, buscando ubicarse en el centro del ring.
Sin embargo, esta es una jugada arriesgada, porque es sabido que en la era de la memoria digital, las múltiples redes sociales resultan ser herramientas de comunicación demasiado implacables con el pasado de los dirigentes. Como diría Fito Páez, hay “secretos en el fondo del mar” que el archivo siempre puede sacar a flote, sobretodo, cuando lo que está en juego es algo tan seductor como el poder mismo, los límites del decoro humano suelen correrse peligrosamente.
“No puede ser que un menor cometa un delito de mayor y el Estado bobo no pueda perseguirlo”, afirmó Pullaro por estos días, esta declaración no es solo una postura judicial, es un movimiento estratégico para evitar que Nación le arrebate el relato de la seguridad. Pero el gobierno de Milei no se quedará de brazos cruzados: es archiconocido que cualquier avance legislativo sobre la imputabilidad será reclamado por la Casa Rosada como una victoria propia.

El Efecto Mariposa
Al compartir el mismo electorado, Pullaro y el gobierno nacional viven en una suerte de “teoría del caos” política. Cualquier movimiento de uno para obtener ventaja genera una reacción inmediata del otro. Es un equilibrio tenso donde el éxito compartido en la seguridad podría terminar rompiéndose- llegado el momento -por la voracidad de las urnas.
Por ahora, el Plan Bandera y la baja de la edad de imputabilidad son dos ejes de agenda que – sin dudas- ocuparán un lugar privilegiado del futuro inmediato del escenario electoral. En el barro de la campaña venidera, tanto la seguridad como la Ley que persigue penas a menores de edad, ya no serán solo políticas de estado, sino pasarán a ser los trofeos que determinarán quién tendrá la llave de los éxitos y del fracaso. Pullaro hoy se encuentra en una sutil y compleja encrucijada, como validar un relato que lo beneficie si la paternidad del mismo será compartida.
