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El municipio de Villa Constitución advirtió que en la ciudad “se derrocha el quíntuple de agua de lo recomendado y el sistema entró en crisis”

Desde el Municipio señalaron que el sistema está sobrecargado no por falta de inversión, sino por el derroche hogareño. Actualmente se inyectan 30 millones de litros diarios a la red, alcanzando picos de hasta 1.000 litros por habitante.

El verano en Villa Constitución ha vuelto a poner bajo la lupa el uso del agua potable. Ante la baja de presión en diversos sectores, la Secretaría de Obras y Servicios Públicos emitió un fuerte llamado a la conciencia ciudadana, advirtiendo que el problema radica en una “sobreexigencia del sistema” provocada por consumos indebidos y no por fallas en la producción.

Los números del exceso

Miguel Ángel Santolín, titular de la Secretaría, brindó datos que exponen la magnitud del fenómeno. Mientras que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un consumo de 100 litros diarios por persona, en Villa Constitución las cifras son alarmantes:

Promedio anual: 500 litros por habitante/día.

Picos de verano: Hasta 1.000 litros por habitante/día.

Producción total: 30 millones de litros inyectados diariamente a la red.

“Estamos superando ampliamente la necesidad real. El problema no es cuánto entra al sistema, sino cómo y cuánto sale en cada hogar. La salida de agua es desmedida”, explicó Santolín.

El funcionario municipal analizó que existe una falta de percepción sobre el valor del recurso y comparó la situación actual con décadas pasadas: “Cuando cada vivienda tenía su pozo ciego, el vecino se autorregulaba para no saturarlo. Hoy, al no haber una medición clara, se han triplicado o cuadruplicado consumos que deberían ser normales”.

En localidades vecinas donde el servicio es medido, el consumo ronda entre los 120 y 200 litros, una fracción de lo que se registra en la ciudad.

¿Se vienen los medidores?

Ante este escenario, el Municipio evalúa implementar sistemas de medición. Según Santolín, el Ente Regulador de Servicios Sanitarios (ENRESS) sugiere con firmeza avanzar en este control. “La intención de la gestión es realizar estudios técnicos para ver cómo y dónde implementar la medición”, adelantó.

Finalmente, Miguel Santolín remarcó el desfasaje económico del servicio: mientras que una familia paga unos $7.000 por un consumo casi ilimitado, un solo bidón de 20 litros en el mercado cuesta casi la mitad de esa tasa. Esta falta de correlación entre el costo y el uso intensivo (llenado de piletas, riego excesivo) es lo que vuelve al sistema insostenible a largo plazo.

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