Mentime que me gusta: El peligro de gobernar con una “realidad editada”

En los últimos días, los grandes medios rosarinos se han encargado de viralizar los nuevos números de la consultora G y C Comunicaciones, según este relevamiento, el gobernador Maximiliano Pullaro goza de una envidiable imagen positiva del 56% frente a un 26% de negativa, superando incluso a la del propio presidente Javier Milei, quien ostenta un 53% de aprobación contra un 32% de rechazo a su figura. Hasta aquí, los datos podrían ser una cifra más en el océano de estadísticas que inundan con cierta frecuencia el escenario político santafesino. Sin embargo, cuando se raspa la superficie y se apela a la memoria reciente, el número empieza a perder cierto brillo y toma la forma de una meditada estrategia política.
Con el “diario del lunes” quedó expuesta la jugada y para entender el valor de estos nuevos datos, es imprescindible recordar el desempeño de la misma encuestadora en las pasadas elecciones intermedias de octubre de 2025. En aquel entonces, G y C Comunicaciones vaticinaba un “empate técnico” entre Caren Tepp – Fuerza Patria (26%) y Gisela Scaglia- Provincias Unidas (25%), la candidata del oficialismo provincial. Al representante de La Libertad Avanza (LLA), Agustín Pellegrini, lo relegaban a un cómodo tercer puesto con el 21%.
El estado de situación que vino después fue un cachetazo al rigor estadístico, ya que Agustín Pellegrini cosechó un contundente 40.67%, Caren Tepp quedó segunda con el 28.70% y a Gisela Scaglia se la vio estancada en un tercer puesto con apenas el 18.32% de los sufragios. En consecuencia, la consultora no acertó ni un solo casillero, por el contrario, pareció operar activamente para inflar las posibilidades del oficialismo santafesino en la previa del comicio. ¿Qué créditos merecía hoy una encuestadora que ayer falló por márgenes tan grandes? El electorado santafesino confirmó, una vez más – con su particular manera de votar – que no “siempre la billetera mata al galán”.

Resulta, cuanto menos, sugestivo que la aparición de estas cifras “favorables” al gobierno se den justo cuando la pérdida de credibilidad del Ejecutivo provincial se ha vuelto palpable. La trayectoria electoral tiene un recorrido descendente y vertiginoso: de aquel 56% de los votos (más de un millón de voluntades) con las cuales Pullaro ganó en el 2023 la gobernación, se pasó a un magro 18% que logró facturar Scaglia en octubre pasado, y muy a pesar de una parafernalia de campaña, costosa y omnipresente.
Esta nueva entrega de números llega en el momento exacto en que la gestión provincial muestra signos de debilidad y las voces disidentes empiezan a brotar también adentro de la propia alianza. La publicación de los datos de la encuesta se parece más a “una estrategia de control de daños” para mantener en alto el ánimo de la “tropa propia” que a un reflejo fiel del humor social en la provincia.
Para entender los riesgos que conlleva jugar fuerte con una realidad editada, se hace conveniente recurrir a una frase de Abraham Lincoln, quién allá en el tiempo dejó una sentencia que hoy puede llegar a resonar con fuerza: “Puedes engañar a todas las personas una parte del tiempo y a algunas personas todo el tiempo, pero no puedes engañar a todas las personas todo el tiempo”. Intentar gobernar o recuperar terreno electoral basándose en una realidad paralela es un juego peligroso. Cuando la brecha entre el “relato de la consultora” y las vivencias del ciudadano a pie de la provincia se vuelve un abismo, no habrá blindaje mediático que alcance para maquillarlo.
Mientras el oficialismo insista en refugiarse en espejismos estadísticos para justificar éxitos, no resultará para nada descabellado que como música de fondo de su presente empiece a sonar aquel hit de los 80 de la banda ecuatoriana La Pandilla: “Mentime que me gusta”. El único problema es que en la política siempre el despertar de una mentira suele ser el primer paso para el inevitable camino que conduce sin escalas hacia “el destierro de la derrota”.
