La Vela Puerca y una noche llena de épica en Rosario: 30 años de festejo bajo la lluvia
La banda uruguaya convirtió el Anfiteatro Municipal en una fiesta transgeneracional. Un recorrido impecable de más de dos horas, sonido demoledor y un diluvio que, lejos de apagar el fuego, hizo del ritual algo inolvidable.
Dicen que Rosario siempre le sentó bien al rock uruguayo, pero lo que sucedió anoche en el Anfiteatro Humberto de Nito reafirmó un idilio que ya lleva tres décadas. La Vela Puerca llegó a la ciudad para celebrar sus 30 años de historia, y lo que prometía ser un festejo prolijo y emotivo, terminó convirtiéndose en una de esas noches épicas que quedarán tatuadas en la memoria colectiva del público rosarino.
Desde temprano gracias a una organización que permitió que el ingreso fuera fluido y ordenado, familias enteras se acomodaron en las gradas y ese fue precisamente el primer gran triunfo de La Vela: mirar a la audiencia era ver una radiografía de los logros conseguidos a través del tiempo por la banda misma. Desde “viejos” rockeros de 60 o 70 años que vieron nacer al grupo, hasta pibes de 20 que heredaron la pasión por su música; todos unidos bajo el mismo cielo a orillas del Paraná.
Un arranque demoledor
Cuando las luces se apagaron, la energía contenida estalló. La banda no se guardó nada y salió a matar o morir con “El Viejo”. Fue una declaración de principios: la voz del “Enano” Teysera sonó intacta, apoyada por una base rítmica que demostró, desde el primer acorde, que el sonido de la noche sería impecable.
Durante 2 horas y 15 minutos, los uruguayos oficiaron de maestros de ceremonia en un viaje cronológico y emocional. No faltaron los himnos de trinchera como “El Profeta” y la potencia de “Soldado de Plomo”. La lista fue una curaduría fina para el fanático exigente, desempolvando joyas como “El Bandido de Salto de Mata” y “Escobas”, mezcladas con la sensibilidad de “Para no verme más” y la infaltable “Zafar”, coreada hasta por los árboles del Parque Urquiza.
La épica del agua
La noche venía siendo perfecta, pero el destino tenía preparado un giro dramático. Justo a la mitad del show, el cielo de Rosario se abrió. Lejos de buscar refugio o enfriar el clima del show, la lluvia actuó como combustible. Fue el condimento que faltaba para la épica. La banda, empapada y sonriente, redobló la apuesta con una energía visceral. Temas como “Llenos de Magia” y “Clarobscuro” cobraron un sentido nuevo bajo el agua, mientras el público, en una comunión absoluta, saltaba en los charcos cantando “…y no se apaga”.
Momentos cumbres hubo muchos: la introspección de “Va a Escampar” (casi una ironía poética con el clima), la fuerza de “Sin Avisar”, “Burbuja” y la potencia de “Vuelan Palos”. También hubo espacio para “Por la Ciudad”, “Por Dentro” y “Colabore”, demostrando la versatilidad de una banda que ha sabido madurar sin perder la esencia de barrio.
Un final para la historia
El cierre no podía ser otro. Con el Anfiteatro convertido en una sola voz y la lluvia como telón de fondo, sonó “José Sabía”. Fue el broche de oro para una cátedra de rock rioplatense. La Vela Puerca festejó sus 30 años en Rosario no viviendo del pasado, sino demostrando que su presente es arrollador. Un sonido potente y una entrega física envidiable confirmaron, una vez más, que, aunque pasen los años y caigan tormentas como la de anoche, la llama de La Vela sigue más viva que nunca. “Me voy, volando por ahí y estoy convencido de ir, me voy, silbando y sin rencor”, se fueron cantando bajito cada uno de los seguidores de la banda, con el corazón lleno de música y la reafirmación de un amor que no tendrá jamás, fecha de vencimiento.
